miércoles, 14 de julio de 2010

LA DISCRIMINACIÓN COMO POLÍTICA DE EMPLEO EN EDUCACIÓN






COMUNIDAD / 14-07-2010/ Pag. 13

Son muchos los egresados en las recientes promociones de la Licenciatura en Educación mención Castellano y Literatura de la UDO que nos comentan del impedimento práctico para acceder a un puesto de trabajo con la llamada Zona Educativa del estado Sucre. Suponemos que algo semejante debe estar ocurriendo con los titulados en otras menciones.

Según lo que hemos logrado saber por diferentes fuentes, se ha puesto en ejercicio una política oficial que privilegia la contratación de los egresados de la Misión Sucre para los cargos de docentes en educación básica, media y diversificada. Al parecer, se sigue un mandato del propio Presidente, quien ordenó incluir las promociones de las misiones en la nómina estatal (ver El Nacional 13/06/2010, Siete días, p. 2).

De esta manera, se viene obstaculizado la posibilidad de que egresados de instituciones universitarias como la UDO ocupen puestos donde desempeñen la profesión para la cual han sido formados durante varios años. El argumento verdadero del manejo referido no es simplemente el de la necesidad de la inserción de los egresados de dicha Misión en el campo laboral. En boca de directivos de la dependencia estadal administradora de la política gubernamental, en reuniones y talleres, se expresa que el personal docente debe ser el “formado” en la orientación socialista, egresados afines al “proceso revolucionario”, condiciones que instituciones universitarias como la nuestra no garantizan.

Lo primero que debe apuntarse es que estamos en presencia de una descarada conducta discriminatoria que, como tal, niega principios constitucionales básicos que consagran el pluralismo y el derecho al trabajo, así como el rechazo a la discriminación en todo ámbito social, particularmente el educativo, principios establecidos primordialmente en los artículos 2, 21 (numeral 1), 57, 87, 88, 89 (numeral 5), 102, 103 y 104. Esta política nacional del gobierno ha sido denunciada por varias instituciones; una muy destacada es la Asociación de Profesores de la Universidad Experimental Libertador (APROUPEL), que en un pronunciamiento público demanda “Igualdad de condiciones y oportunidades de trabajo para todos nuestros egresados, por cuanto su incumplimiento es violatorio de sus derechos civiles, humanos y profesionales contemplados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en los tratados internacionales” (El Nacional, 19/06/2010). La UPEL, como sabemos, al igual que la UDO, se ha encargado por años de la formación y perfeccionamiento docente; de allí que exija, a través de su gremio, “respeto a la profesión y ejercicio de la carrera docente” (ídem). Cabría preguntarse si autoridades universitarias (rectorales, decanales, de la Escuela y sus departamentos) y representantes del gremio profesoral de la UDO han advertido esta injusta realidad en nuestro medio, ante la cual debe haber alguna respuesta.

A propósito de esto, habría que señalar un segundo aspecto de inocultable gravedad: ¿cómo queda en toda esta situación la labor formadora de educadores de instituciones universitarias como la nuestra? En la práctica es desconocida y relegada. Después de más 40 años de existencia de nuestra Escuela de Educación formando docentes en el espíritu plural y amplio que debe caracterizar todo quehacer educativo en una sociedad democrática, sus egresados pasan a ocupar un segundo lugar (cuando menos) por no estar identificados como instrumentos reproductores de un pensamiento único (léase “revolucionario” o “socialista”). En nombre de una ideología y praxis fracasadas históricamente, y de una estrategia populista, se ignora e irrespeta la labor y atribución académica de una institución universitaria con larga tradición en la formación docente.

Y finalmente, derivado de lo anterior, un tercer aspecto: la calidad académica de los egresados en educación de la Misión Sucre. Si el mismo Luis Fuenmayor Toro, quien estaba en la OPSU cuando esta misión fue implantada, ha dicho: “[…] no sabemos quiénes son los docentes que les dan clases […]” (ver El Nacional 13/06/2010, Siete días, p. 1), ¿qué podemos pensar? Incluso, en este reportaje citado el presidente de la Subcomisión de Misiones Educativas de la AN, Eddy Gómez, declara: “Hay que ver los alcances de las carreras que se imparten”. En investigaciones sobre las misiones educativas, realizadas por la UCV, se revelan, entre otros rasgos problemáticos, la carencia de criterios para ejecutar los programas y la poca participación de personal especializado (ver El Nacional01/09/2009, Nación-5). Desde diferentes perspectivas e instancias, pues, está en observación la calidad de la formación que en esa misión se “facilita”.

Atendiendo a nuestra función de formar a formadores, misión de muchos de los profesores de la Universidad de Oriente, y, por supuesto, haciendo valer las atribuciones de sus autoridades en los diferentes niveles jerárquicos, debemos afrontar esta realidad que menoscaba la labor que realizamos y atenta contra las expectativas de gran parte de nuestra población estudiantil.

Prof. José Malavé M

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miércoles, 7 de julio de 2010

INGRESO A LA EDUCACIÓN SUPERIOR: EL LADO OCULTO DE LA EXCLUSIÓN






COMUNIDAD/Cumaná 07 de julio de 2010/ Pag. 8

El ingreso a la Universidad, y en general a la Educación Superior, ha sido tema del debate académico permanente, y más recientemente lo ha sido también del debate político. Por esta razón se hace necesario hacer algunas aproximaciones que permitan ubicar el concepto de exclusión social en su contexto, en función de los cambios en los ámbitos económico, político y social. Se parte, entonces, de entender aquella como el “proceso mediante el cual los individuos o grupos son total o parcialmente excluidos de una participación plena en la sociedad en la que viven” (European Foundation for the Improvement of Living and Working Conditions. Public Welfare Services and Social Exclusion 1995:4).
Durante la década de los 70 e inicios de los 80 las instituciones educativas del nivel superior comenzaron a confrontar un problema que tuvo sus orígenes en la masificación de la educación en todos sus niveles. Este proceso produjo una alta demanda de cupos en todas las universidades que no pudo ser satisfecha por las limitaciones de espacio físico, presupuesto, número de docentes, entre otras condiciones.
El problema de accesibilidad a las instituciones universitarias aún persiste A la realidad anteriormente puntualizada se unen otros factores que profundizan la imposibilidad de estudio de una gran parte de la población estudiantil que egresa de los niveles medio y diversificado, tales como la pertinencia social de la educación superior, la equidad en los métodos utilizados para asignar cupos y calidad de la educación, entre otros.
La conformación de movimientos sin cupos, que pugnaban por el derecho a la educación, obligó a que los entes oficiales en 1978 pusieran en práctica una prueba que permitiera unificar criterios para el ingreso al nivel de educación superior. La Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU), la Oficina de Orientación y Admisión a la Educación Superior (OCOADES) y el Consejo Nacional de Universidades (CNU) aprueban, el 09 de marzo de 1984, la obligatoriedad de la presentación de una prueba escrita denominada Prueba de Aptitud Académica (PAA), la cual se constituyó en requisito único e indispensable para acceder al nivel de educación superior. Es a través de ella como se obtiene el Índice Académico definido como “la capacidad o potencialidad de los individuos que aspiran ser seleccionados para cursar estudios universitarios.” (Boletín Informativo CNU, 1996); convirtiendo así los problemas de demanda en una cuestión de conocimiento y aptitudes, capacidades y características de los alumnos. Por otro lado, las instituciones educativas del nivel superior promovieron la aplicación de pruebas internas, cursos propedéuticos, programas especiales (Samuel Robinson-UCV, Proyecto Macuro-Opsu, Alto Rendimiento, Promedios UDO, etc.) y admisión por actas convenios, como métodos de ingreso que garantizarían la accesibilidad en el subsistema de educación superior.
Investigaciones realizadas por el Centro de Investigaciones Culturales y Educativas (CICE) en planteles demostraron un bajo rendimiento académico de los alumnos, relacionado con el escaso dominio de las competencias, capacidades o habilidades incluidas en los programas oficiales de educación. (Herrera, M., 1998. El Nacional / C-4). Con la eliminación de la Prueba de Actitud Académica (PAA), anuncio hecho por el presidente (24/05/2007), no desapareció la exclusión, sino que se anula un referente importante para calibrar la calidad de la educación media y diversificada, cuando no ocultarla, y por lo tanto no asumirse como un problema de Estado. Esto a pesar de que en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) se proclama a la educación como un derecho humano y como un deber constitutivo de la raíz más esencial de la democracia, de carácter gratuita y obligatoria, y que el Estado asume como una función indeclinable y de servicio público.
Las consideraciones acerca de los procesos, proyectos y otras formas establecidas para ingresar al Sistema Educativo de Educación Superior pasan, necesariamente, por las limitaciones de orden económico de los estratos sociales más bajos y las que surgen como producto de la falta de inversión en el sistema educativo, condiciones limitantes de la calidad en todos sus niveles. Adicionalmente, existen problemas relacionados con la formación docente que agravan la situación: profesores improvisados, escasa supervisión, muy mala remuneración, dificultades para realizar estudios de postgrado, entre los más destacados.
Se ha pretendido hacer ver que el problema de la exclusión en la educación superior estaba en la Prueba de Aptitud Académica o en las políticas de admisión de las universidades, y no en el deterioro de la realidad educativa, incluyendo la universitaria. Ahora que el gobierno se abroga la distribución de los cupos en el subsistema de educación superior, se hace evidente la gravedad de la crisis, por cuanto no es suficiente con garantizar el ingreso; es necesario crear las condiciones para que los estudiantes prosigan y culminen exitosamente sus carreras. Para ello se requiere más y mejor inversión en educación: en servicios estudiantiles (comedor, transporte, bibliotecas, becas, ayudantías, etc.), en formación docente, en mejora de la calidad académica de los alumnos y progreso profesional y salarial de los decentes en los niveles preuniversitarios, en mantenimiento de la planta física existente y en la creación de nuevas infraestructuras e instituciones.
En las condiciones actuales la exclusión se acentúa. Este es el lado oculto de la exclusión que no se quiere mostrar.

Prof. Rafael Rasse
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martes, 29 de junio de 2010

LA CRISIS DE LIDERAZGO… Y NUESTRA UNIVERSIDAD




COMUNIDAD / Mièrcoles, 19/06/2010 – Pág. 13
El hijo de 11 años observa a su padre, sentado en el porche de su casa, fumando y con la mirada perdida. Ha escuchado muchas veces en la tele que fumar es nocivo para la salud, pero no lo parece en este momento. En este momento, tiene frente a sus ojos a la persona que admira, al que desde hace ya un tiempo lo toma de la mano y lo guía; a la escuela, al parque, al súper, a la playa…¡y qué importa si hace algo que es malo: el es su líder!
Y es que quien nos lidera no es siempre el mejor guía. La historia de nuestro país así lo ha retratado: definimos a nuestros líderes con base en valores y pensamientos desvirtuados y carentes de ética. La actitud del hijo de 11 años es inocente; la nuestra, irresponsable. Y cabe preguntarse: ¿En qué momento tantos de nosotros perdimos la noción de “lo que debe ser” por la de “lo que me conviene”? ¿En qué momento tantos de nosotros antepusimos la palabra politiquería ante la palabra política? ¿En qué momento permitimos que nuestra UDO, Núcleo de Sucre, se contaminara de tanta palabrería engañosa y barata? Un liderazgo desvirtuado que le ha salido caro a nuestra academia.
La mayoría de los líderes de la UDO presenta un historial de elegibilidad basado en el amiguismo, las prebendas, la trampa y el “ponme ahí que yo te arreglo”. La lucha por las cuotas de poder son cada día más fanáticas: es la ambición de agarrar el “coroto” para controlar la institución para conducirla a intereses partidistas, y no académicos. Ningún gremio se salva en esta comparsa electorera: estudiantes, obreros, personal administrativo y, nosotros mismos, profesores.
Las consecuencias de todo este liderazgo errado ha sido el deterioro de nuestra institución. Los líderes sirven para controlar unos votos, llegar al poder y luego consumirse en un caos de enfrentamientos y trancas; los gremios se mueven con intereses exclusivos, desvirtúan lo que debe ser y terminan todos haciendo cada uno lo que les da la gana. La desidia se ha apoderado de nuestro recinto. Veámoslo en la planta física: falla la supervisión y mantenimiento a nuestros edificios, la limpieza es inestable y el servicio de seguridad no tiene orden. En lo administrativo, los canales son lentos. En lo académico, no existe la supervisión docente y las actualizaciones o reformas curriculares no alcanzan su fin. En el sector estudiantil, permitimos muchas veces que grupillos de desadaptados hagan ver a la universidad como un recinto corrupto y sin ley.
Mientras, nuestra universidad sigue en espera de los líderes que retomen el rumbo de “la casa más alta”, en donde la unión de todas las fuerzas ayuden a recuperar la ética y la moral perdidas, el mejoramiento de la planta física y el restablecimiento de nuestra identidad de universitarios udistas.
Estos nuevos líderes deben entender que la decisión de hacerse elegibles tiene un principio básico: el deber ser de la Universidad. Dedicar su tiempo a trabajar para que tengamos una casa digna en la que queramos convivir. Una casa en donde cada líder de gremio propicie en sus agremiados la responsabilidad que cada uno tiene y el amor por su trabajo. Una casa que facilite la actividad para la que fue creada: la educación de calidad y la convivencia académica. Una casa en donde se guarde el respeto y la tolerancia por los demás. Una casa en donde cada líder sea el modelo de persona a seguir para un futuro próspero y feliz. Eso es lo que debemos entregarle a las generaciones que están en nuestros salones y campus en ese viaje de aprendizaje y formación.
Y a pesar de todos los inconvenientes por los que hemos atravesado, y de toda la crisis de liderazgo por la que hemos pasado y estamos pasando, es importante saber que aún hay esperanza y que todavía podemos hacernos responsables del rumbo que tome nuestro Núcleo de Sucre. Que sí hay en cada gremio personas que luchan por una universidad mejor, que están allí haciendo un trabajo de hormiguitas para que no todo se pierda. Pero debemos multiplicar a estas hormiguitas y hacerlas partícipes de los cambios que necesitamos, de las luchas justas que todos juntos debemos dar por nuestras reivindicaciones, de la visión de mundo que debemos ofrecerle a nuestros estudiantes.

Profa. Francis Peretti
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viernes, 25 de junio de 2010

DE REVOLUCIONARIOS A MILITARISTAS






COMUNIDAD / Mièrcoles, 19/06/2010 – Pág. 13

El cambio en las cosas es registrado desde la antigüedad en los textos de Heráclito. En la historia, la literatura, la biología son comunes las metamorfosis. Uno de los casos más emblemáticos es el de Gregorio Samsa, personaje de la novela de Franz Kafka: La Metamorfosis, quien un buen día amaneció convertido en un intimidante escarabajo. La historia evolutiva ilustra las distintas transformaciones del ser humano: el Australopitecus, Homo habilis, Homo erectus, Homo sapiens neoandertalensis hasta el Homo sapiens sapiens; de esa cadena evolutiva se concluye que el ser humano desarrolló un cerebro cada vez más grande y modificó el esqueleto para caminar erguido.
Como se puede observar, los cambios operados se traducen en degeneración o en evolución. En el plano ideológico, el individuo, a veces, sufre puntos de inflexión dependiendo del contexto histórico-político y social que lo condiciona, y es arrastrado –consciente o inconscientemente– por el torrente de los acontecimientos.
Con asombro se ha asistido a la intempestiva metamorfosis “kafkiana” de quienes se autoproclamaban de “izquierda”, “progresistas”, “revolucionarios”, más aún, “guerrilleros”, calificativos que ilustrarían máxima jerarquía del lustre político. Enarbolaban con orgullo sus banderas ideológicas. Militaban en partidos o grupos, en cuyas siglas no faltaban las letras R, C o S (revolucionario, comunista, socialista), que aludían a sus esencias de paladines de las luchas populares. Se desvivían porque se les reconocieran sus dones de “seres distintos”. No perdían oportunidad para asomar sus lugares comunes: “status quo”, “explotación de la clase obrera”, “proletariado”, “plusvalía”, “lucha de clases”, “antimilitarismo”, pues eran palabras mágicas del abracadabra para convertirlos en seres superiores, dotados de la más conspicua intelectualidad.
Estos revolucionarios de oficio abundaban con extrema virulencia en las universidades públicas. Se consideraban seres empoderados, miraban con desdén a los demás que no compartían sus madrigueras políticas. En los auditorios, con fogosidad, hasta el paroxismo, estos revolucionarios progresistas denunciaban los actos de corrupción de la administración pública, la persecución política, el atropello a la libertad de expresión, la agresión e inutilidad de los grupos castrenses, a los cuales se les etiquetaba de “gorilas” y causantes de todos los males de la República.
En este ambiente impregnado de ideologías izquierdistas universitarias nos curtimos los ayunos del “materialismo histórico”. Nos enseñaron a rechazar, de plano, cualquier asomo de régimen totalitario, castrador de las libertades individuales y colectivas; a repudiar a los antidemocráticos “gorilas”.
Ahora, con estupor, observamos la transmutación de las élites revolucionarias universitarias. Se despojaron de la vestimenta ideológica progresista, sin incubar ni siquiera un estado larvario, para asumir un atuendo signado por el autoritarismo. Intempestiva e incondicionalmente, se han suscrito al camuflado “proceso revolucionario”, dicho “Socialismo del Siglo XXI”. Cual hermanitas de la caridad, son firmes creyentes de este proceso, que es la antítesis de los discursos otrora pronunciados a viva voz y sin empacho, en diversos espacios públicos y académicos. Hoy se nos convoca a amar a “Yo, el Supremo”. Según ellos, los de hoy son militares “buenos”; al parecer tardíamente descubrieron esta categoría.
Los males del pasado: el despilfarro, la corrupción, el empobrecimiento de la población, el desempleo, la encarcelación y condena de los disidentes, el secuestro de los poderes públicos, el cierre de medios de comunicación, los atropellos a las universidades públicas y privadas, ¡y pare usted de contar! son hoy vistos con beneplácito. ¡No ose criticarlos!
La metamorfosis de ablandamiento ideológico de los manidos líderes revolucionarios los conduce a rendir pleitesía a una mascarada de proceso revolucionario minado de discursos vacíos y carentes de propósitos. Se convirtieron en segundones del régimen para usufructuar un micro poder. ¡Qué triste papel!

Profa. Aminta Pérez
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martes, 15 de junio de 2010

COMO UNA MUJER DE SONRISA ROTA



COMUNIDAD/ Titulares Nacionales
16/06/2010 – Pág. 8

Alguna vez imaginé que la Universidad de Oriente era la hermosa mujer recostada a la orilla de la playa, rodeada de una serie de riquezas, que aparece en un afiche invitando a unas ferias estudiantiles. Las riquezas de esta mujer representaban el conocimiento como fruto de las tareas que por mandato tiene la institución: docencia, investigación y extensión, tareas cónsonas con el lema: “del pueblo venimos, hacia el pueblo vamos”.
¿Qué se hace hoy en la Universidad? Se imparten clases cada semestre, absorbiendo nuevos estudiantes (“el pueblo”) que abultan la matrícula sin importar si hay espacio físico (salones, talleres y laboratorios), servicios (comedor, transporte, biblioteca) y el personal adecuado (profesores, empleados, obreros). La mayoría de los docentes universitarios nos dedicamos exclusivamente a dictar clases. Hay un desgano generalizado que percola hacia los estudiantes. El exceso de estudiantes y los presupuestos deficitarios impiden que hagamos estimulantes las actividades inherentes al quehacer docente. Las precarias condiciones de trabajo, los bajos sueldos, la imposibilidad de adquirir los libros y revistas especializadas necesarias para la actualización y la sorda incomprensión burocrática asfixian hasta a los más optimistas. Nuestros estudiantes, por su parte, son afectados por la crítica situación extramuros y el evidente desgano de los docentes. No saben a dónde van, ni de qué servirá la formación que reciben, deficiente, por demás, producto de las carencias en laboratorios, salidas de campo, salones y talleres. En fin, por la falta de recursos. Sólo el ingenio y la pasión de unos pocos pueden vencer un panorama tan negativo.
La investigación y la extensión son las hijas huérfanas de la institución. De nuevo la carencia de recursos, la excesiva burocracia y la desidia de autoridades rectorales y decanales hacen que la encomiable tarea de buscar la verdad, resolver problemas, dar soluciones o generar algún conocimiento (“al pueblo vamos”) sea ardua e ingrata.
Constantemente, en épocas de elecciones, escuchamos a los candidatos a autoridades rectorales y a decanos proclamar su amor y dedicación por la institución, sentimientos estos que no se traducen en resultados tangibles. Por ejemplo, a tres años de su inhabilitación, el edificio de Ciencias sigue igual, la biblioteca del Núcleo de Sucre aún no se inaugura, el nuevo comedor universitario es sólo un buen deseo y las “petroaulas” prometidas hace casi tres años aún están por armarse.
A final de cuentas, pareciera que para las autoridades sólo es importante que se impartan clases, que se entreguen las notas y que un semestre pase –aunque sea de forma gris– después de otro. Pareciera que todo es una fachada para ejercitar el poder, un poder vacío que antes del inicio condena al fracaso a cualquier gestión. La lucha necesaria para mantener una institución autónoma, digna y con presupuesto acorde a la labor que se realiza les es ajena. Lo único importante es el poder en sí mismo.
Hace mucho tiempo ya que la Universidad de Oriente no puede presentarse como esa mujer bonita de aquel afiche; es más bien como la mujer vestida de vivos colores que, con su sonrisa rota, mueve un pote de jugo, mendigando en los semáforos de nuestras ciudades, como hace mas de 20 años.

Prof. José Véliz
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DE RESPONSABILIDADES Y GESTIONES (A PROPÓSITO DEL NÚCELO DE SUCRE)






COMUNIDAD / 19/05/2010 – Pág. 8
“No se trata de señalar culpables” o “Todos tenemos parte de responsabilidad en lo sucedido”: fueron expresiones repetidas en la asamblea de profesores con el Decano, realizada el pasado 26 de mayo, al informar u opinar acerca del incendio ocurrido en los depósitos de Química y Biología y del dilema del reinicio de actividades en el Núcleo de Sucre-Cumaná. Según un engañoso consenso, no debía discutirse acerca de las responsabilidades involucradas en este “accidente”, eso estaba “fuera de orden”, era “harina de otro costal”. Y así acabó todo.
En la sociedad venezolana es casi una tradición que se diluyan las responsabilidades y se desvanezcan las culpas. Resulta una práctica común esgrimir la excusa de la impertinencia al momento de identificar responsables, y se difiera esta necesidad para futuras ocasiones, que generalmente no llegan. Otras veces se descarga todo el peso de la responsabilidad o culpa sobre una sola persona, con frecuencia un funcionario menor en la jerarquía o la organización, y así las conciencias quedan tranquilas. Esta última modalidad ha cobrado mucha fuerza en nuestro país en años recientes.
Se sabe que en su origen latino las palabras ‘responsable’ y ‘responsabilidad’ derivan del verbo ‘responder’, relación etimológica de gran carga significativa para el lenguaje y para la acción. Ser responsable de algo, entonces, es tener la función y el compromiso de responder por ese algo; la responsabilidad supone, pues, asumir el deber de dar respuestas por lo que se elige, asigna u ocupa; respuestas, se estima, que deberían corresponderse con el carácter, nivel, etc., de lo que está en juego.
A la luz de estas elementales consideraciones, ante cualquier acto o situación acaecidas o en curso, particularmente en el ámbito institucional público, se trata de solicitar respuestas a quien(es) las debe(n) dar, de identificar el o los responsables, de conocer si hubo o no tales respuestas en su debido momento (y cuáles fueron, para evaluar su adecuación y eficacia). No consiste tal actitud, como muchas veces se quiere hacer ver, en un acto inquisitorial, oportunista y desnaturalizado; es el ejercicio de un derecho ciudadano y constitucional básico. Un ejercicio político, sí, en el mejor y originario significado de lo político desde Aristóteles.
De manera que cuando se valora la responsabilidad institucional lo que está en consideración es una determinada gestión (de uno o de varios), pues es en la gerencia, administración, conducción, gobierno, donde se juega la función de responder a lo que ha sido servicio elegido o mandato asignado.
Desde la perspectiva formulada, cuando se vuelve la mirada a la lamentable coyuntura vivida en el Núcleo de Sucre-Cumaná a raíz del conocido incendio, para atender a la cuestión de las responsabilidades (en plural, porque indudablemente no recae en una sola persona) se deben contemplar las gestiones institucionales del Núcleo o las relacionadas con él. Se dice que el Cuerpo de Bomberos de esta entidad universitaria había advertido en informes de los riesgos que presentaban los depósitos existentes, lo que habla de una cierta extensión temporal. Y aunque no se hubieran producido tales advertencias, se espera que los profesionales especializados conozcan de las normas existentes en la materia específica. Surgen las preguntas obvias: ¿hubo en algún momento, desde la existencia de estos depósitos (convendría saber cuándo fueron habilitados), gestiones para atender tal realidad? Por ejemplo, ¿qué hicieron efectivamente decanos, coordinadores académicos y administrativos, directores de la Escuela de Ciencias, jefes de los Departamentos de Química y Biología? ¿Qué interés efectivo prestaron a tal situación las autoridades rectorales del momento? Se subraya la efectividad, pues, es común escuchar argumentos defensivos en múltiples situaciones que consisten en decir que se enviaron comunicaciones o presentaron solicitudes; es este un paso necesario pero no se agota allí la responsabilidad.
Sería fácil concluir que estamos ante una manifestación más de la añeja e ineficiente burocracia administrativa universitaria. Esta, tristemente, es una verdad indiscutible. Pero hay otros factores incidentes, a tener en cuenta con respecto al incendio de los depósitos y todas sus dilatadas consecuencias, al igual que para un indeterminado conjunto de carencias y limitaciones acumuladas por años en nuestro Núcleo. Uno de esos factores es la falta de atención a la realidad cotidiana específica (y, por supuesto, a la solución de los problemas que se diagnostiquen a partir de tal atención) de cada unidad académica (departamento, escuela), edificio, área de servicios, transporte, y pare de contar. La palabra que desde hace tiempo se escucha en pasillos, oficinas y aulas es negligencia, antagónica a gerencia, es decir, a cuidadosa y efectiva gestión.
La dura verdad es que, más allá de discursos y posiciones dizque revolucionarias, desde hace muchos años y gestiones, el Núcleo de Sucre (no sólo el campus de Cumaná) ha venido entrando en franco deterioro en las más diversas áreas. Y que no venga el discurso tramposo de “¡Esa es tu universidad!”.
No cabe duda de que hay una atmósfera generalizada de indolencia entre los miembros de la comunidad universitaria. Pero la negligencia no puede ser distribuida equitativamente, no es de todos. Hay responsables.

Prof. José Malavé M.
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martes, 25 de mayo de 2010

TAL Y COMO ERES


OPINIÓN/ 08/06/2010 – Pág.14
Pensamos en la universidad como el espacio del conocimiento, de la claridad, de la alegría, el espacio imprescindible para que los pueblos encuentren orientación en el presente y hacia el futuro. Y tiene que ser así. El himno de la UCV lo expresa con certeza: “la casa que vence las sombras con su lumbre de fiel claridad”; los usbistas cantan su Canción del Futuro donde aseveran que su vida “es llama y esperanza, es luz, alegría y florecer”; los udistas afirmamos que “estudiamos la luz de la aurora para hacer una lámpara fiel”; en todos estos cantos lo substancial es la necesidad de expresar la idea de que la universidad tiene una función social que la fundamenta: iluminar la vida de los hombres.
Esta idea implica otra, tan antigua como las universidades mismas: que la universidad y el humanismo mantienen entre sí lazos indiscutibles, tanto que debería sonar ocioso discurrirlos. Pero a veces es necesario volver sobre lo obvio, especialmente cuando suceden accidentes (históricos o puntuales) como los que nos preocupan en la actualidad. Vivimos una época de segregación; no es necesario dar ejemplos específicos, la realidad se nos impone. Nos sentimos segregados, ya sea porque suframos la segregación o porque automáticamente actuemos desdeñando, discriminando, apartando o apartándonos a raíz del conocimiento que creemos tener de los otros.
Cuando el hombre medieval entendió que no necesitaba estar sujeto a la omnipresencia dogmática y que, por el contrario, era necesario explorar el camino de la libertad en el uso de la propia razón, nació la universidad renacentista. Desde entonces la universidad ha crecido alrededor de valores universalistas: la libertad de pensamiento, la búsqueda de una ética universal para el ejercicio del conocimiento, en particular de la ciencia y la técnica, en el marco del respeto a la persona humana.
Pero la historia nos ha enseñado que el humanismo abstracto no es suficiente para garantizar la perduración de los valores universales. Hace falta la institucionalización de un conjunto de valores que permitan apoyar la conciencia de que vivimos en un mundo que nos pertenece a todos, y que la segregación y el irrespeto por lo diferente son sólo muestra de miedo, de atraso, y de ignorancia. Algunos autores ya hablan de la necesidad del nacimiento de un “humanismo político” y reservan esa tarea a la universidad. La labor no es poca cosa; implica un quehacer de actualización, de síntesis del conocimiento de nuestro tiempo, imprescindible para quienes aspiran dirigir el futuro.
Cuando en 1933 Karl Jaspers le preguntó al también filósofo Martín Heidegger cómo era posible que un hombre inculto como Hitler gobernara Alemania, Heidegger le respondió: “La educación es algo totalmente indiferente. Vea usted sus maravillosas manos”. Los biógrafos del autor de El Ser y el Tiempo y los heideggerianos, multiplicados por el mundo, han esgrimido cualquier tipo de argumentos para justificar una posición política que niega el fundamento de su análisis y las consideraciones éticas que de ella se desprenden. Pero lo cierto es que Heidegger se adhirió total y fielmente a Hitler; sustituyó a su maestro Husserl, filósofo de ascendencia judía al frente de la universidad de Friburg; seleccionó como docentes a miembros del partido nazi; organizó grupos paramilitares en el estudiantado alemán, adiestrándolos en una filosofía basada en una comunidad racial; desconoció la elección de decanos por elecciones profesorales, adjudicándole tal potestad sólo al “Rektor führer”; permitió la segregación de pacifistas, marxistas, homosexuales y, por supuesto, judíos, del disfrute de los beneficios de la universidad; y, en suma, justificó con la aplicación de sus conceptos el estado de cosas del nacionalsocialismo.
Esta actuación hizo imposible estudiar su obra sin reservas, pero contradictoriamente no es posible prescindir del estudio de su aporte al humanismo. Aunque Heidegger ha sido criticado duramente, cuenta entre sus adherentes a innumerables teóricos contemporáneos de indudable importancia.
Con seguridad la actuación de Heidegger, salvando las distancias teóricas, puede ser comparada a la de personas que, en posiciones de poder, no tengan una visión humanista a la vez que política del mundo. Son personas que pueden desviar para mal, y por ignorancia, el rumbo de la historia. Confiamos que la diferencia se imponga para salvarnos de ello.
Aunque Heidegger nunca se retractó de sus acciones una mujer muy diferente a él, Hanna Arend, muy joven, estudiante, judía, quien se convirtió en símbolo y conciencia moral contra el nazismo al entender lo político desde la acción, desde el discurso y en la promoción de los espacios públicos para la pluralidad, recibió estas palabras del filósofo alemán en una carta de amor: “Queridísima!. Por suerte, a ti -tal y como eres y seguirás siendo con tu historia- así es como te quiero…tu Martin. ”
Profa. Graciela Acevedo
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miércoles, 19 de mayo de 2010

DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS: UNIVERSIDAD Y UNIVOCIDAD




REGIONALES/19/05/2010 – Pág. 6

Cada quien piensa el país desde sus circunstancias, si bien no exclusivamente individuales, sí desde la perspectiva de una pertenencia social. Soy una profesora de teoría literaria y literatura, y madre, hija, esposa, hermana, amiga, confidente, equilibrista, ciudadana, testigo, nunca militante, pero sí, en ocasiones, culpable… A mi alrededor fluye la vida en un concierto intensamente disímil, marcado por la diferencia de la gente y de las cosas, por el paso que no acompasa. Uno de los aspectos que me resulta más estimulante de mi trabajo es, precisamente, la reunión de este concierto desigual en un aula: es profundamente provocador, y he amado mucho a mis alumnos más rebeldes, a los indóciles… Quiero pedir disculpas al lector por esta entrada excesivamente personal, pero me parecía importante dejar sentada la perspectiva: hay un punto en el que los asuntos del país, de la universidad, de la sociedad, dejan de pertenecer al ámbito de la ajenidad, para pasar a formar parte de la órbita personal. Atraviesan el tamiz diferenciador de la individualidad. Sin embargo, este hecho no despoja su entender de una resonancia política, tanto más en cuanto se orienta a un colectivo. Yo me dirijo a la comunidad universitaria. Mis ideas aparecerán, pues, dominadas por el peso de esa cosa viva que es el lenguaje, mi vocación. En la literatura la uniformidad significa muerte, simbólica y literalmente. El lenguaje siempre será el talón de Aquiles de los uniformadores. Quien está cerca de él lo sabe. Sólo una mente muy simple (o un alma muy corrompida) puede concebir que el lenguaje y el pensamiento puedan ser uniformados. Esta es la lección de Mijail Bajtin. Permítanme referirme brevemente a su vida porque ilustra, gráficamente y con dolor, el punto.
En la etapa más prolífica e innovadora de su producción, el teórico y filosofo del lenguaje sufrió exilio interno en la Rusia estalinista, acusado de tener creencias religiosas. Sufrió destierro en Siberia, fue condenado a ejercer puesticos grises para sobrevivir, se le prohibió publicar, apenas se le permitió ejercer la docencia y, finalmente, se le negó el doctorado. Ahora bien, Bajtin comparte, junto a un reducidísimo grupo de teóricos modernos, el privilegio de haber cambiado el curso del pensamiento sobre la literatura. Allí donde Bajtin fue leído las miradas cambiaron. ¿Qué había en su pensamiento que molestó tanto a este régimen de hierro? Ideas como esta: “toda palabra concreta… encuentra siempre un objeto hacia el que orientarse, condicionado ya, contestado, evaluado, envuelto en una bruma que lo enmascara; o, por el contrario, inmerso en la luz de las palabras ajenas que se han dicho acerca de él.... La palabra orientada hacia su objeto entra en ese medio agitado y tenso, desde el punto de vista dialógico, de las palabras, de las valoraciones y de los acentos ajenos; se entrelaza en complejas relaciones, se une a algunos, rechaza a otros, o se entrecruza con los demás; todo eso modela sustancialmente la palabra” (Teoría y estética de la novela).
Y la palabra es la libertad gozosa del pensamiento. Hay que tener temor profundo del otro para pretender liquidar la dimensión humana de la diversidad. Hay que tener desprecio profundo del pensamiento de los estudiantes y profesores para pretender instaurar un pensum que lo mutile. Que pretenda engrillar al otro con una estructura de pensamiento única, sea cual sea el signo. Hay que apostarle a la muerte… del otro, por supuesto.
La universidad debe ser renovada y revisada por los que hacemos vida en ella. Y se debe partir desde lo que nuestra universidad tiene que decir y proponer, tanto como desde lo que calla y asume. En nuestro caso particular, me refiero al hecho de la forma concreta en que defiende (¿defiende?) el principio de autonomía, al doble discurso que maneja sobre la inserción comunitaria cuando no dice una palabra sobre esta ciudad de bibliotecas cerradas, cuando asume un silencio genuflexo frente a la campaña de violencia con que las “guerrillas comunicacionales” pretenden secuestrar a los estudiantes más jóvenes, cuando se hace sorda y muda frente a la amenaza del Ministro Edgardo Ramírez de un pensum único, uniforme, muerto. No puedo aceptar las gríngolas ni el arreo de mula que pretenden ponerle al pensamiento ni a las palabras. “La pluma es la lengua de la mente”, decía el Quijote. Nada más cierto. Y la mente habla, susurra, pero no se calla.
Bajtin escribió un libro impresionante que sería su tesis para el doctorado que le negaron, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. Este hombre valiente, cercado por el muro de silencio que erigía a su alrededor el régimen stalinista, abogaría por la risa, ese carnaval del alma en el cual el hombre teje las redes sociales más críticas. Voltea el mundo para mostrarnos que somos, cada uno con nuestras diferencias, puntos en el entramado diverso de la vida. Nuestra universidad es y debe seguir siendo la que “vierte su Orinoco de luz torrencial”. En el país de la eterna oscuridad sólo viven los monstruos.
Profa. Adriana Cabrera

jueves, 13 de mayo de 2010

LOS FRUTOS DE LA SUMISIÓN POLITICA EN EL NÚCLEO DE SUCRE




COMUNIDAD/12-05-2010. pag. 13

La identificación política del Núcleo de Sucre con el oficialismo –léase gobierno chavista–, como estrategia del grupo que lo gobierna desde hace varios lustros, no se ha traducido en beneficio y progreso institucional. La prueba más reciente de esto ha sido la orfandad en la cual se ha encontrado la institución universitaria sucrense luego del incendio que destruyó los depósitos de Química y Biología el 21 de marzo pasado. De pronto, la vida de más de 20.000 personas, incluyendo estudiantes, obreros, empleados, profesores y demás que laboran en actividades relacionadas con el campus, ha quedado suspendida hasta nuevo aviso. Todos dependemos de la generosidad y estado de ánimo de quienes dirigen la Alcaldía del Municipio Sucre y la Gobernación del Estado Sucre, los diferentes Ministerios y del “máximo líder”. Queremos creer que el dinero necesario para realizar el saneamiento ambiental indispensable para retornar a las aulas fluirá en los próximos días; todos deseamos que esta vez no ocurra la mezquina rebatiña entre el Núcleo y el Rectorado por el control de las contrataciones, como ocurrió en el pasado con el Edificio de Ciencias.
Sin embargo, la historia reciente indica otra cosa. Todos en este país sabemos que es más fácil que el dinero fluya hacia países hermanos y otros no tan hermanos (hemos visto cómo desfilan las finanzas nacionales, gracias a las “bondades” del “supremo”, convertidas en casas, carreteras, centrales eléctricas, etc., para otros lugares, cuando no viajan en maletas), que para resolver las necesidades de los venezolanos. No es casual que la sede de la biblioteca central lleve más de 25 años en construcción. De nada valió que el Presidente de la República nos honrara con su visita hace ya varios años y ofreciera la pronta culminación del edificio. Su ilustre visita tampoco fue garantía para que el nuevo comedor, cuya primera piedra ya se ha colocado dos veces, estuviera listo. Allí tenemos el Departamento de Bioanálisis que se levantó de la nada y lleva adelante su noble labor en un edificio que fue declarado inhabitable hace muchos años; así como el Programa de Educación Integral prosigue en unos espacios poco idóneos, como lo son la mayoría de los espacios en el Núcleo.
Para acortar este recuento podemos mencionar la crisis creada por el mal estado del Edificio de Ciencias, que desde casi tres años dificulta las labores de enseñanza e investigación que deben realizarse en ese sitio. Las “petroaulas”, una opción efectista y cortoplacista a este problema, tampoco fueron tal solución. Al comienzo hicieron creer que a finales del 2007 contaríamos con tan novedosa solución, pero el tiempo pasó. Al inicio de este año, los Reyes Magos ofrecieron que estas aulas estarían listas en marzo, y la biblioteca y el comedor a fines de año; estamos en mayo y no parece que contaremos con ninguna de esas estructuras en un futuro cercano.
Por estos signos, es incierto que en tres semanas podamos reasumir nuestras actividades (Ojalá nos equivoquemos). En el Núcleo de Sucre, hemos cambiado nuestra combatividad, nuestra actitud crítica, nuestra producción académica e institucionalidad por una obediencia y un silencio que no han sido retribuidos en nada. Como desde la llegada de Colón, trocamos oro por espejitos. Quizás, en descargo, alguien pueda decir que algunos de nuestros compañeros han ejercido posiciones de poder y gran responsabilidad en instituciones del Estado. Esto sólo ha significado mejoras individuales de estatus que han permitido a estos colegas no sufrir el deterioro en la calidad de vida que experimentamos todos, pero que no se han traducido en progresos sustanciales para nuestra Alma Mater.
Pudiéramos pensar que todos los núcleos que integran la UDO están en una situación similar a la del Núcleo del Sucre. Sin embargo, no es así. A pesar de la crisis presupuestaria a la que ha sido sometida nuestra universidad, en otros hay edificaciones nuevas construidas con dinero de la institución o con el apoyo de las alcaldías y gobernaciones (oficialistas o de oposición) donde se encuentran esos núcleos. Esto pone en evidencia que nuestras autoridades han fallado en la negociación del apoyo político por patrocinio estatal. Más grave aún: revela que los acuerdos realizados desde el 2003 con quienes han ostentado el poder en la UDO desde su creación, han sido meramente electoreros.
El incendio de los depósitos el pasado mes de marzo es sólo un síntoma de la grave crisis institucional que enfrenta el Núcleo de Sucre. Colocar los bueyes delante del carro: achacarle nuestros problemas al Rectorado, descalificar las críticas o hacerse los suecos no soluciona ningún problema. No podemos continuar así: todos los miembros de la comunidad, más allá de nuestras diferencias políticas, debemos acordar una estrategia que permita solventar los problemas estructurales que nos aquejan. Una estrategia que haga posible negociar local, regional y nacionalmente como un bloque sólido, cuyo apoyo tiene como premio la mejora tangible de Cerro Colorado.

Prof. Rafael Díaz
udistasns@gmail.com
http://udistasns.blogspot.com/

1° DE MAYO, UNA JORNADA QUE NO TERMINA


Oriente, 05 de mayo del 2010
Artículo de Opinión /pag. 8


El 1° de mayo de 1886, en la ciudad de Chicago, la Confederación de Gremios Organizados convocó a un día nacional de acción para hacer fuerza común entre los trabajadores e iniciar la lucha para lograr que se redujera la jornada de trabajo a “solo” ocho (8) horas. Lo que en un principio se catalogó como un hecho de poca importancia para la sociedad estadounidense y los empleadores, se transformó apenas se conoció la masiva convocatoria de los trabajadores. La convocatoria era por mejores condiciones de trabajo, pero alcanzó tal unidad que logró, como un acto de desobediencia civil, que trabajadores negros y blancos marcharan por el Parque Nacional de Chicago, contraviniendo deliberadamente el edicto que prohibía la entrada de gente de color; los trenes se paralizaron, los mataderos quedaron solos con sus reses, los barcos repletos de mercancía.
Esta victoria de los trabajadores trajo consigo la muerte de muchos dirigentes sindicales, heridos, detenidos y torturados. A este evento se le conoce en la historia como “el crimen de Chicago” y el 1° de mayo se recuerda para conmemorar a todos los que dieron su vida por demandar mejoras de las condiciones laborales de todos los trabajadores.
La década inicial del presente siglo ha generado una ruptura en la dirigencia sindical venezolana. Se comienza a ver un fenómeno en las celebraciones de este día, poco común en el mundo. Movilizaciones de trabajadores que reclaman al patrono reivindicaciones laborales y las de los que respaldan la política laboral del actual gobierno; estas últimas promovidas desde diferentes instituciones estatales u organismos paraestatales: ministerios, alcaldías, partidos oficialistas y por el propio jefe de Estado.
La dinámica oficialista se materializa en la conformación de estructuras burocráticas gremiales y sindicales que no expresan los intereses autónomos y propios de los trabajadores, sino que, por el contrario, se constituyen en organismos asimiladores de los trabajadores a los intereses del gobierno chavista. Es esta una fórmula similar a la que otrora se denominara en las gestas de Chicago como los “reemplazantes” o “esquiroles”, sólo que ahora, en vez de romper huelgas y boicotear las iniciativas por mejores reivindicaciones, actúan como mecanismos al servicio del gobierno ante los trabajadores.
Mediante este procedimiento se crean sectores de trabajadores mediatizados y maniatados por los oficialistas, mientras que van desapareciendo los derechos adquiridos, la contratación colectiva, las exigencias a nuevas reivindicaciones, para imponer decisiones unilaterales en todo cuanto atañe a sueldos, salarios y demás condiciones de trabajo. El ejemplo más reciente lo constituyó el anuncio hecho por el Presidente de la República en la edición número 256 del programa dominical “Aló Presidente”, donde se dio a conocer el incremento de sueldo de los militares: 40%.
La celebración de esta fecha, tal como ha sido históricamente, no es para elogiar logros de los patronos (si los tuvieran), sino para demandar de éstos, sean públicos o privados, mejoras en las condiciones laborales. Por ello demandamos a nuestro patrón (es decir, al gobierno nacional) el desembolso correspondiente al retroactivo del aumento salarial aprobado en 2008, el pago de la prima por hogar para todos los profesores, la cancelación del bono de alimentación para el personal docente becario, jubilado y pensionado, así como de los intereses sobre prestaciones sociales del personal jubilado y pensionado. También los aportes patronales para la atención de la salud dada la no actualización de la cobertura del HCM y la firma de las normas de homologación 2009-2010, que tienen más de un año discutiéndose. Por eso el primero de mayo es y será siendo siempre una jornada de lucha que no termina para los trabajadores.