miércoles, 18 de julio de 2012

Cuando el asunto es político…

Región, miércoles04-07-2012, p.14
  
Adriana Cabrera
Profesora Dpto. Filosofía y Letras UDO-Sucre
http://udistasns.blogspot.com

 
Acabo de leer un editorial del periódico digital mejicano Artículo 7, cortísimo y sin desperdicio, titulado “La política es asunto de todos, hasta de los políticos”. Es de esos textos que argumentan lo imprescindible y logran precisar lo esencial. Trata de la distinción que el común hace entre los políticos y los demás, entendidos estos como aquellos que no ejercen la política como profesión, no trabajan para gobiernos ni partidos y, pasmosamente, aquellos que identificamos en nuestro país como sociedad civil organizada. Califico tal hecho de pasmoso, como hubiera podido calificarlo de curioso o extraordinario, porque de golpe me percato de que es una distinción que, aunque muy marcada, es casi totalmente inconsciente en nuestro contexto.
En efecto, la tendencia general cuando hacemos reflexión política en nuestra cotidianidad es a dividir el mundo, como dice el editorial, en dos fracciones: « “allá están los políticos” y “acá estamos los demás». ¿Y quiénes somos los demás en nuestro convulsionado país? Sin ir más lejos y para no extender el asunto, ¿quiénes somos los demás en nuestra ciudad, en nuestra universidad? Los demás, se cree –hagamos el énfasis–, somos quienes no estamos haciendo política, es decir, quienes no somos profesionales de la política, no militamos en ningún partido y no somos sociedad civil organizada. Los demás somos quienes sufrimos a los políticos, clase identificada instantáneamente en nuestros esquemas de funcionamiento del mundo como corrupta y detestable. Los demás sufrimos sus mentiras, su codicia de poder, su palabrería… su molestia reclamando esto y lo otro y lo de más allá. He allí el golpe: en este esquema de discriminación, la sociedad civil queda atrapada en el cajón de la cosas podridas y con ella la convicción de que no existe una forma de hacer política que no sea sucia. Qué equivocada esa horma y cuántos desatinos se comenten en su nombre. Según esta manera, toda forma de protesta, reclamo y lucha por reivindicaciones cae dentro de las manifestaciones de vida podrida de la clase política, o es, cuando menos, un hartazgo. Y peor, hace que, por extensión, aceptemos el ejercicio avieso de la política como mal necesario.
Tengo para mí que esta división responde también a una forma de comodidad de la conciencia. He sido testigo de cómo se equipara a quien reclama derechos o reivindicaciones a un quejón. Me ha tocado escuchar frases providenciales: “Si le parece que la universidad está tan mal, ¿por qué no renuncia?” Todas, formas de excusar los compromisos políticos que tenemos, no como políticos, sino como ciudadanos. Todas, formas de echarle el muerto que deberíamos contribuir a cargar a esos, a los políticos, a quienes no dudamos en demandar, cuando tenemos el agua al cuello, que reclamen por nosotros, hagan por nosotros y resuelvan por nosotros.

Cerro Coloreado


Región, jueves 28-06-2012, p.14

Willians Barreto A.

Profesor Centro de Física Fundamental-ULA
wobarreto@gmail.com

 
Hacía mucho no veía una nevada tan nevada ni un arcoíris de tan parrandero esplendor. El azul mediterráneo del cielo contrasta con el blanco níveo y la fiesta de colores en el firmamento. Hace poco recibí una sorpresiva llamada de mi profesor Amar Singh, padre fundador de la investigación en el Departamento de Física de Cumaná, sólo para saludarme. Venerable Amar.
Y comencé a soñar de nuevo que era Decano del Núcleo de Azúcar, en Cerro Coloreado. Cierta vez ofrecieron a Einstein, otro venerable, la Presidencia de Israel. La misiva, que entregaría personalmente el diplomático encargado, aclaraba que era indispensable ejercer la primera magistratura desde Jerusalén, por si se le ocurría aceptar y ejercerla desde Princeton. No aceptó, afortunadamente. Inmediatamente, en una recepción de etiqueta y en su honor, el heraldo diplomático se percató de un detalle: el Dr. Einstein no llevaba calcetines. Entonces pensó: “de la que se salvó Israel”.
Desde el Instituto de Física Teórica Montañamar, indistintamente observo el glaciar, el sol de los venados, el arcoíris, y el mar justo detrás de los picos nevados. Investido como Decano virtual descalzo, tengo una sola idea maestra por todo plan de gobierno: el 100% del presupuesto será destinado a La Biblioteca Electrónica de Cerro Coloreado. Fomentaría la creación de una Fundación para recaudar fondos con este propósito y para gestar proyectos innovadores en asuntos bibliotecológicos. La Fundación organizaría la Feria Internacional del Libro Electrónico y propiciaría editoriales autosustentables, con preferencia hacia el libro-e.
Me enteré por un twitt madrugador que el Instituto Cervantes puntea en innovaciones tecnológicas bibliotecarias. Es un hecho el “préstamo circulante” de libros electrónicos. Será posible descargar -de la nube- un libro, cualquiera del catálogo, e instalar en una computadora personal una tableta o un teléfono. De algún modo el préstamo será por quince días y espero sea posible la renovación como opción. El mismo libro se puede leer en cualquiera de los dispositivos, que recuerdan indistintamente la última página leída.
Nunca imaginé cuando escribí el artículo titulado “Universos”, publicado en la revista de la Asociación de Profesores del Núcleo de Sucre (Fontus, 1998, p. 15 ), que leer un libro en una tableta sería una experiencia tan (o más) fascinante como leer un libro tradicional.
Pensaba en mi fijación por las bibliotecas. El profesor Singh era el comisionado para la biblioteca por el Departamento de Física. Contactaba a las editoriales internacionales en búsqueda de presupuestos y celaba las suscripciones a revistas especializadas. Con mi tutor de pregrado viajaba en autobús para hacer búsquedas profundas en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC. Nos alojábamos en las residencias del instituto a muy bajos costos, incluyendo gastos de alimentación. Recordé que hice estos tradicionales viajes, después, con mis estudiantes.
Sigo soñando con un posible Universo Coloreado, allá en aquel Cerro tan cerca y tan lejano.

jueves, 21 de junio de 2012

EL PROBLEMA ES EDUCATIVO


REGIÓN,  miércoles 20 de junio de 2012, p. 14
Prof. Orángel Morey Lezama
Dpto. Filosofía y Letras UDO-Sucre
http://udistasns.blogspot.com

            Sobre el deterioro del país y de sus instituciones se ha hablado bastante, y es casi normal hacer menciones diarias a ello. De modo similar, se ha hecho reiterativo entre los miembros de la comunidad udista —y no poco frecuente entre la comunidad en general— llamar la atención sobre la actual situación del Núcleo de Sucre; su desmedida descomposición manifiesta tanto en la infraestructura física como a nivel académico.
Como “descalabro académico” calificaba no hace mucho en este mismo espacio el profesor José Luis Marcano nuestra situación universitaria. Podemos hablar con total propiedad también de ocaso espiritual de la universidad, que se proyecta directa y poderosamente en nuestro entorno social. Círculo que muy bien se puede calificar de vicioso: los males del país apropiándose de la institución, y los vicios universitarios colaborando en la degradación de un entorno que debería estar enriquecido con su influjo y acción. Efectivamente, esta situación decadente es consecuencia de una generación de malos gerentes, pero también lo es de la situación del país.
Al hablar de educación, José Ortega y Gasset sostenía que su principio esencial era que los centros de enseñanzas, como instituciones normales de un país, “dependen mucho más del aire público en que íntegramente flotan que del aire pedagógico artificialmente producido dentro de sus muros”. Y más exactamente, para que la institución sea buena, y con ella la educación que allí se imparte, debe cumplirse cabalmente la ecuación entre el aporte del contexto exterior –que depende de las políticas educativas gubernamentales– y el aporte interno de cada centro educativo.
            Como ejemplo que ilustra esta concepción, Ortega agregaba que aunque fuesen perfectas la secundaria inglesa o la universidad alemana, serían intransferibles, pues su realidad íntegra es el país que las creó y mantiene. De modo que aunque tenemos razón cuando acusamos a decanos y rectores de las desgracias de nuestra universidad, también debemos sumar, y con mayor responsabilidad, a las autoridades nacionales, que con su menosprecio, su desaprobación y constante ataque hacen mucho más daño. Lo que un país hace con sus instituciones educativas, lo hace con su futuro, para bien o para mal. La asfixia de la autonomía universitaria por vía del control ideológico y la constricción presupuestaria y legal testimonia el modelo de país que nuestro gobierno actual ensambla para las generaciones futuras. Miopes y embriagados con la obsesión del poder a cualquier costo, no terminan de percatarse que el problema del país es un problema educativo.

EL DIENTE ROTO O EL ARTE DE HACERSE EL PENDEJITO


REGIÓN,  miércoles 13 de junio de 2012, p. 12 3
Profa. Graciela Acevedo
Dpto. Sociología UDO-Sucre
http://udistasns.blogspot.com

Si usted fue criado escuchando los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo entenderá rápidamente el sentido de estas líneas. Tío Conejo usa recursos impensables para enfrentar (como recurso extremo apelará a su velocidad para huir) la fuerza de Tío Tigre y siempre termina ganando. Podríamos decir, junto con algún estudioso, que esa exposición temprana a las hazañas de Tío Conejo puede haber fomentado entre nosotros uno de nuestros rasgos característicos: la viveza criolla.
Se han escrito algunos ensayos sobre la condición de la viveza criolla, esa característica que nos hace dibujar una sonrisita automáticamente cuando a ella se hace referencia. Si nos detenemos a pensar la viveza criolla -cosa que no es fácil, porque vivimos en ella sin conciencia, como el pez en el agua-, encontramos destellos de una inteligencia que nos permite resolver, creativamente, problemas que no podrían resolverse sin cambiar de perspectiva. Pero la viveza del venezolano tiene unas facetas que, a algunos, nos dejan perplejos como la costumbre de contar con pelos y detalles las peripecias de las que algunos vivos se valen para lograr un objetivo sobrepasando las normas; vemos a los vivos reír socarronamente contando a viva voz las transgresiones de las que se han valido en muchas circunstancias: cómo lograron copiarse en un examen, sobornar a un fiscal, evadir una cola, imposibilitar a un contendor, etc. No sólo violamos las normas, sino que lo celebramos abiertamente y nos ponemos como ejemplo a seguir.
Me llama la atención el uso generalizado de las expresiones “con mi cara de pendejo, o de pendeja, bien administrada”, “hecho el pendejito” con las que la gente celebra ciertos logros. ¡La mayor expresión de viveza es hacerse el pendejo! Es un fenómeno digno de un estudio. Pero si bien la viveza de alguna gente suscita cierto grado de alarma, cuando la viveza criolla se produce en el ámbito de la academia adquiere ribetes escandalosos.
Que se logren posiciones académicas haciéndose el pendejito es un contrasentido a todas luces. En este punto voy a permitirme contradecir la opinión según la cual es Tío Conejo nuestro modelo de viveza para decir que, por lo menos en la academia, podría ser también en la política, el modelo de viveza es el de Juan Peña. Juan Peña, del que nos cuenta Pedro Emilio Coll que “de alborotador y pendenciero, tornóse en callado y tranquilo”, aquel que veía crecer su reputación “de hombre juicioso, sabio y "profundo"” mientras que en la oscuridad de su boca acariciaba su diente roto, sin pensar.
Vemos a algunos personajes que nunca demostraron en su formación ningún brillo académico, aparecer ahora como brillantes administradores de su imagen. Los miramos recibiendo elogios y aceptando cargos –puede ser rodeados de libros que nunca leen– y enunciando una profundidad posada. Creen, seguramente, que pueden engañar a todos y no se percatan que están convertidos en caricaturas, que están desperdiciando su tiempo, porque, como Juan Peña, nunca se han detenido a pensar… Llegará el momento en que por ellos doblen las campanas sin que hayan asumido la condición que los hace hombres de verdad y no simples acariciadores de dientes rotos. Alguna vez alguien se preguntará por sus obras y los encontrará desnudos como al rey que, acostumbrado a los halagos, no se percataba que andaba por la vida en cueros.
Si revisamos la literatura picaresca, encontramos que recoge la viveza desde hace por lo menos quinientos años. No es fácil erradicar comportamientos fomentados desde la infancia; no es sencillo deslastrarse de la savia que recorre los vasos capilares de la historia. Algunos teóricos consideran que la viveza forma parte del inconsciente colectivo de los pueblos latinoamericanos. 
Seguiremos amando a Tío Conejo, pero sería interesante que le sumáramos a ese amor la otra simbología que el animalito tiene. El conejo ha sido utilizado como símbolo de fertilidad, de velocidad, de agilidad… Lewis Carrol lo utiliza en “Alicia en el País de las Maravillas” como un imagen para representar el asombro. Siguiendo al conejo podríamos descubrir un mundo maravilloso. Ese debería ser el papel de los académicos.