sábado, 23 de octubre de 2010

NO CALLAR





Miércoles 20 de octubre de 2010 / p. 10

A veces me asedia la idea de que la universidad es una máquina burocrática que existe para alimentarse a sí misma, sin el concurso de quienes trabajamos allí. Especialmente, sin los profesores. Son pesadillas creadas por la impotencia de sabernos menoscabados en nuestra condición laboral, que es, primariamente, la que nos une a la universidad. Este lazo es, por supuesto, ético, y no sólo del docente, sino de toda la estructura. Desafortunadamente, olvidamos con extremada facilidad la reciprocidad de ese compromiso.

El menoscabo de nuestra condición ha venido de afuera y de adentro, y, sostengo, de las autoridades y de nuestros pares del gremio.

Es imposible no recordar las irregularidades en las quincenas de septiembre, ni el contenido de un comunicado del Vicerrectorado Administrativo que circuló el 2 de octubre, donde se informaba que “en el presupuesto de la UDO, el monto total para el pago de sueldos y salarios, bono alimentario y otros conceptos laborales, del mes de septiembre asciende a Bs. 26.887.132,00; de los cuales faltan por ingresar Bs. 13.761.814, que fueron utilizados para cubrir HCM del personal administrativo y obrero de los meses de mayo, junio y julio según decisión que, de manera concertada con toda la representación sindical y gremial de los trabajadores (Personal Docente, Administrativo y Obrero) (…) fue tomada en el Consejo Universitario celebrado el día lunes 24 de mayo del presente año”.

Por supuesto, es imposible no notar que ante tan gruesas y reiteradas violaciones de nuestros derechos laborales no hubo pronunciamiento oportuno de la Junta Directiva de la Asociación que nos representa. Tampoco, hasta el presente, parece existir la necesidad de explicarnos nada.

A la torpe política comunicacional de nuestra Asociación, que no prioriza las informaciones, que informa tardíamente (cuando informa), que envía por circulares notas de prensa donde el Ministro denigra de las universidades autónomas, que se resiste a difundir entre los agremiados las comunicaciones que cuestionan su proceder, se suma, desde distintas instancias, la reprensión a toda interpelación. Un comunicado de APUDO del 7 de octubre advierte: “Sólo cuando tengamos informaciones veraces y soluciones concretas (…) haremos uso de este medio para comunicárselas”. En esencia, no molestar.

Pero creo que nada se puede, a la larga, contra esta irritante costumbre de inquirir. A la larga, dentro de la universidad no se puede invalidar el derecho a exigir, ni a decir ni a interpelar.

Los días 5 y 9 de octubre formulé, en comunicaciones públicas, planteamientos a los miembros de la Junta Directiva de APUDONS que reproduciré, pues, además de permanecer sin repuesta de la Directiva, expresan mis inquietudes.

«Si bien el profesorado ha sido muy maltratado por un gobierno nacional que se niega a discutir nuestras justas peticiones, más lo somos por quienes, compañeros de trabajo (…), desde nuestra propia Casa nos dejan sin voz, condenándonos [al] silencio»

« Como profesora de este Núcleo, como trabajadora con derechos adquiridos, como colega, como persona con dignidad, demando de esta junta el cumplimiento del mandato que se le otorgó. Demando un pronunciamiento, demando información y acciones que permitan al profesorado cohesionarse en torno a los reclamos que debemos hacer. Sabemos que la lucha es del gremio, de todo el profesorado al que continuamente someten a un régimen de mortificación, pero ese movimiento sólo ocurrirá si la directiva se digna a hacer los pronunciamientos que tiene obligación de hacer.»

Aún espero respuesta.

Profa. Adriana Cabrera

udistasns@gmail.com

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RESPONSABILIDAD SOCIAL PARA SALIR DE LA CRISIS





Miércoles 06 de octubre de 2010 / p. 19

La actual crisis económica global iniciada en 2008 demostró, una vez más, lo equivocado de la idea de que es posible desacoplar, por medio de artimañas, el “circuito económico real” del “circuito económico financiero”. Esta visión del sistema económico, con las operaciones que se derivan, genera una falsa percepción de riqueza que, a pesar de dar buenos resultados en el corto y mediano plazo, no es sostenible en el largo plazo. Las sociedades caen víctimas de una “ilusión de riqueza” que no tiene bases en el sistema real de la producción de bienes y servicios; se confunde la forma –el dinero– con la substancia –los bienes y servicios producidos que permiten satisfacer todas las necesidades humanas–. Una y otra vez retoma vigencia el mito del rey Midas (rey que, según la mitología griega, todo lo que tocaba lo convertía en oro).

Sin embargo, los subsistemas real y financiero, así como se desacoplan, una vez estallada la crisis de insostenibilidad, vuelven rápidamente a acoplarse y, como lo reseña Bernardo Kliksberg, van más allá porque “(…) la crisis que primero fue financiera y luego se transformó en económica, se está convirtiendo rápidamente en humanitaria (…)”. Estamos frente a una crisis sistémica: se han derrumbado todos los constructos ideológicos que fueron ensamblados a partir de la supuesta autorregulación del mercado; es imperioso acelerar el cambio de paradigma necesario para revertir la falla sistémica: ¡es la hora de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE)!

Después del derrumbe de los “socialismos reales”, que demostró la inviabilidad del comunismo como sistema económico y político, esta crisis demuestra la inviabilidad del capitalismo desregulado, sin compromisos éticos y sociales. Los viejos paradigmas, entonces, no ayudan a recuperar la sociedad basada en la confianza.

Hacen falta ideas y palabras nuevas que permitan restablecer la comunicación entre los principales elementos de la sociedad: la sociedad civil, las empresas y el Estado; esto es, restablecer la posibilidad de trialogar para poder alcanzar una misma cosmovisión a partir de las diferencias, sin pretender homogeneizarlas, estilo compota, en un discurso único, sino manteniendo la trisectorialidad, y así poder generar comportamientos nuevos y establecer metas de largo alcance, que vayan más allá de los intereses sectoriales de corto plazo: lo que está en juego es la sobrevivencia de la misma sociedad.

Todos estamos llamados a ser responsables, o sea, a asumir las consecuencias de nuestras ideas, palabras, acciones y omisiones, independientemente de la función social que en un determinado momento podríamos estar cumpliendo: funcionario público o empleado del sector privado, empresario o dueño de empresa, miembro de ONG o de OG, productor o consumidor, profesor o estudiante…, ciudadanos al fin, que poseen el libre albedrío de hacer vivir responsablemente las organizaciones a las cuales pertenecen, activando el círculo virtuoso: miembros responsables > organizaciones responsables > sociedad responsable, necesario para recuperar la confianza y salir de la crisis.

UDISTAS ante el incumplimiento del pago de nuestro salario:

Transcurren los días y los profesores, empleados y obreros de la Universidad de Oriente esperamos a que el Ministerio de Educación Superior se digne depositar los recursos para que se haga efectiva la cancelación de la segunda quincena de septiembre. Esta situación se produce una vez más y amenaza con convertirse en una nefasta costumbre, que no ha generado ningún tipo de reacción, ni siquiera un pronunciamiento, por parte de nuestras autoridades rectorales ni decanales: destaca la ausencia de información responsable.

En el Núcleo de Sucre los representantes gremiales, que deberían defender nuestros intereses, permanecen en una mudez asombrosa. ¿Silencio complaciente? Los universitarios debemos activarnos por la defensa de la universidad y de nuestras condiciones de trabajo. UDISTAS SOMOS TODOS.

Prof. Mario Fagiolo

udistasns@gmail.com

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miércoles, 20 de octubre de 2010

DISCURSO OFICIAL Y ECOLALIA





Viernes 15 de octubre de 2010 / p. 14

Este gobierno y sus seguidores han sido persistentes en disimular la realidad renombrándola y cambiándole el nombre a las cosas. Ese es un rasgo distintivo. Basta que el Presidente pronuncie unas palabras o una frase y enseguida estas se repiten, retumbando como ecos: las cúpulas podridas, los escuálidos los golpistas, los apátridas, los oligarcas, etcétera.

Con giros verbales acomodan la realidad:

Si se denuncia la crisis eléctrica, el eco repite que es producida por saboteadores, por iguanas adiestradas y por la ausencia de lluvias.

Si se denuncia la corrupción en “Pudreval”, resulta que le quieren quitar los alimentos al pueblo.

Si los universitarios exigimos presupuesto justo y pago oportuno, el eco corea que la causa de nuestros males está en la administración universitaria.

Si la oposición cuenta los votos obtenidos, el eco gobiernero insiste en contar los diputados.

Si la oposición señala “arreglos” a la medida en la Ley de Procesos Electorales, el eco chavista repite al unísono que esa es la ley y se aplica para todos.

Si se argumenta que alguna ley o actuación oficial es inconstitucional, el eco responde que esa Constitución la hicieron los chavistas y la oposición la rechazó.

Pero la realidad es terca, y, por más que la dejemos de lado en nuestros pensamientos y discursos, en algún momento irrumpe. La realidad de los resultados electorales ha irrumpido y ya, en el chavismo, hay quien pide analizarla; entre, amigo lector, en la página de aporrea.org y verá los señalamientos que, al respecto, subieron desde las bases. Como freno a esta tendencia la voz cantante/mandante ha llamado a que la autocrítica se ejerza con discreción y lealtad al partido, que no se ventilen los trapos sucios en público, que no se le dé armas a los enemigos del proceso. ¡En verdad, la contraloría social era solo un slogan!

Hugo Chávez conoce los números, por ello advirtió a los diputados oficialistas recién electos que si saltan la talanquera, si muestran algún criterio -más allá de obediencia ciega- serán cadáveres políticos.

En el rehecho discurso del Presidente “las elecciones eran regionales, lo que estaba a prueba eran los liderazgos locales”, y aparece así el otro rasgo característico de este gobierno: la ausencia de gestión por parte de los entes públicos. Ahora “hay que atender las necesidades de la gente, todo no puede ser discurso, y el discurso hay que moderarlo, callarse a veces, dejar el infantilismo de izquierda y trabajar, dejar de querer ser mas chavistas que Chávez. ¡Hay que ser humildes!”.La voz le pide al eco que no repita, que se disfrace de silencio, después de 11 años de cadenas. “No pactaremos con la burguesía ni con la oligarquía pero hay que acercarse a la clase media, no podemos regalársela a la oposición, es necesario tapar huecos, recoger la basura, construir viviendas...” La terca realidad sigue ahí esperando por las promesas incumplidas.

Luego, sin ninguna sutileza, el Presidente responsabiliza a la oposición de los errores, fallas e incompetencias de su gobierno. Según este nuevo disimulo, el pueblo le está cobrando al gobierno lo que, en realidad, hace la quinta columna, que lo ha penetrado con la ayuda del imperialismo y de la CIA.

Resulta claro que no hay reconocimiento de los errores, ni de los daños que estos producen, y mucho menos se busca el establecimiento de responsabilidades. Sólo se los nombra por condescendencia, por reacomodo táctico; aunque, de nuevo, la terca realidad haga necesario elevar al cuadrado las tres erres porque no ha existido ni revisión ni rectificación; en consecuencia, lo único que se reimpulsa son las equivocaciones. Propongo que se comience a considerar una cuarta r, la de realidad.

Cuando se hace un balance de la eficacia y eficiencia de este gobierno destacan en cifras muy rojas los novecientos ochenta millardos de dólares gastados en este periodo y las ciento veintitrés mil personas asesinadas, que no han recibido justicia. ¡Los informes oficiales reconocen una impunidad que está por sobre el 90%!.

Un eco, cada vez más tenue, repite: ¡Así, así, así es que se gobierna! (aunque los quinta columna nos saboteen.)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Tenso episodio con final feliz





Miércoles 29de septiembre de 2010 / p.12

La sociedad venezolana ha realizado una hazaña. A pesar de la desconfianza, a pesar de la frustración, a pesar del amedrentamiento, a pesar del abuso de poder o, tal vez motivado por lo mismo, el pueblo venezolano se dispuso a participar en las elecciones parlamentarias y lo hizo sin altisonancias, sin plantear conflictos abiertos, de manera calmada y racional. Cada quien hizo lo que pudo en el momento que le correspondió y el resultado es una acción social, comunal, societal, comunitaria, civil, civilizada, civilizatoria, que se puede tomar como una lección para los particulares sobre el trabajo mancomunado.

En los últimos años nos hemos preguntado muchas veces hasta cuándo soportaríamos que un grupo de compatriotas (uso esta palabra sin connotación cínica) se aprovechara de los genuinos deseos de justicia y de igualdad, de solidaridad, de satisfacción de necesidades básicas, para jugar con la miseria de los más desposeídos, utilizándolos como capital para construir una vía económico-política hacia una forma de sociedad que se ha probado en muchas oportunidades en el mundo y que nunca ha resultado en bienestar social. Hemos sentido rabia, tristeza, impotencia. Hemos querido apurar la historia. Hemos visto cómo nos atomizábamos, en las familias, en las pequeñas comunidades, vecindarios, lugares de trabajo, etc. Hemos sentido las diversas gradaciones del miedo y afortunadamente hemos respondido con diferentes formas de resistencia y de compromiso con la noción de libertad.

Al parecer era sumamente difícil recuperar nuestra sociedad (la sociedad de los valores de superación, honestidad, libertad personal y trabajo consistente; la sociedad en la que nadie difiere cuando alguien dice: “Quiero para mis hijos lo mejor”), pero ya lo comenzamos a hacer.

El domingo 26 de septiembre cada uno concretó su cuota de participación ciudadana. No fueron inútiles todas las conversaciones en el automercado, en las colas de los bancos, en los salones de clase, en los mercales, con los empleados chantajeados. No tuvimos posibilidad de enfrentar el desproporcionado abuso de los recursos del Estado en una campaña oficialista obscena, pero se pudo frenar el abuso en muchas conciencias y en las urnas.

Un sentido de heroicidad surge cuando estamos frente a grandes tragedias. El domingo los héroes fueron los miembros de mesa y los testigos electorales de la unidad que pararon la catástrofe, en duras condiciones, con perseverancia, claridad política y conocimiento de la ley. Antes que testigos de partidos políticos fueron ciudadanos ejerciendo y representando la ciudadanía de todos.

Lo ocurrido este domingo será objeto de análisis desde diferentes perspectivas y por largo tiempo. Tendremos que resolver el enigma sobre si existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Tendremos que aclarar ante el mundo cómo es posible que un grupo de ciudadanos merezca mayor representación que otros. Por los momentos sabemos que la oposición es mayoría, aunque no estemos completamente representados en la Asamblea Nacional, y eso es bastante.

Es importante que lo sepamos los que nos consideramos opositores al proyecto totalitario y es importante que lo sepan los que todavía comparten las acciones oficialistas. Existe una mayoría opositora, y en democracia el criterio de la mayoría debe respetarse. Lo contrario es fascismo; por ello cada vez seremos más los que nos opongamos a las acciones que desconocen la opinión de la mayoría. Es un mandato histórico.

Con el debido respeto hacia las personas, el nombre y el personalismo de los diputados elegidos es lo de menor significación. La nueva mayoría que surge no votó por ellos por sus condiciones específicas sino por el sentido de unidad con el que se les promocionó. La unidad era el clamor nacional y los partidos políticos la hicieron posible en un hermoso trabajo que los ciudadanos debemos agradecer. Tenemos una deuda histórica con ellos. La crítica insistente sobre los partidos políticos y la ausencia de acciones concretas para limitar la corrupción derivada del personalismo, produjeron este episodio de nuestra historia donde resultó peor la medicina que la enfermedad.

En nuestro estado, en el Estado Sucre, estado de “riesgo mínimo” para el oficialismo, surgió un comportamiento político sumamente interesante. Los centros poblados más informados produjeron una respuesta electoral que se puede leer perfectamente como una reacción a la ineficiencia en la prestación de servicios, como una evidencia de inteligencia política en sectores tradicionalmente deprimidos. La alta participación en las mesas le dirá al oficialismo, cuando la crucen con la abstención de sus militantes, que en el sector considerado como “ni-ni” muchos dejaron sus consideraciones solipsistas para acompañar un compromiso de país en el que todos somos importantes.

Hegel, de quien Carlos Marx tomó el concepto de la dialéctica, hablaba del advenimiento del espíritu en el tiempo. No podemos humanamente, por más que algunos lo crean, imaginarnos el devenir histórico en su totalidad; debemos conformarnos con episodios. Entre el domingo a las seis de la tarde y las tres de la madrugada del lunes fuimos víctimas de las tensiones entre el poder y la cultura, la forma de ser venezolana. Comenzamos otro episodio, pero en este momento la mayoría está aliviada.

El Presidente de Nicaragua y los profesores universitarios venezolanos





Miércoles 22 de septiembre de 2010 / p.12

A raíz de la noticia de que Venezuela, es decir, el Presidente Hugo Chávez, honraría el bono trimestral que el gobierno nicaragüense debe pagar a unos 137.000 empleados públicos (http://informe21.com/nicaragua/nicaragua-137000-funcionarios-reciben-bono-financiado-venezuela), el viernes 3 de septiembre del año en curso un grupo de profesores del Núcleo de Sucre de la Universidad de Oriente le solicitaron una audiencia con carácter de urgencia al Presidente Daniel Ortega. Este, una persona con gran sensibilidad social, fijó la audiencia para el martes 7 del mes en curso. Ese día, muy temprano en la mañana, el líder revolucionario Daniel Ortega, los recibió a puertas cerradas en el Palacio de Gobierno en pleno corazón de Managua. En la reunión que duró todo el día, los atribulados profesores expusieron las graves dificultades económicas que confrontaban debido a que el gobierno de Venezuela, o más bien el Presidente Chávez, no procede al pago de la deuda por la homologación del 2008, y al de la prima de antigüedad, profesionalización y por hogar, que sí perciben los empleados universitarios desde hace varios años.

En un comienzo, el Presidente Ortega no entendía la naturaleza de la petición. Sin embargo, luego de varias horas donde se informó de primera mano sobre los graves problemas que confrontan los profesores universitarios venezolanos debido a sus ínfimos sueldos, los más bajos de Latinoamérica, Ortega, como todo un luchador social, comprendió la grave crisis que viven estos profesionales de la educación. El Presidente Ortega se sorprendió al enterarse de que la inflación en Venezuela rondaba 30%, ya que en Nicaragua, un país con pocos recursos, no llega a 4%. Tampoco entendía cómo Venezuela pagaba los compromisos laborales nicaragüenses (además de otras dádivas) y, a la vez, no honraba los compromisos que tenía con profesores universitarios, maestros, médicos, trabajadores de las industrias básicas, y hasta pretendía suprimir el HCM, un logro revolucionario de los trabajadores venezolanos. Los colegas se sintieron muy apenados cuando, de labios del propio Presidente Ortega, tuvieron que escuchar que el Presidente Chávez era “luz para la calle y oscuridad para la casa”, o como dicen en Managua, “en casa de herrero cuchillo de palo”.

Lo anterior no es más que una ficción. Sin embargo, puede servir como un recurso para que algunos profesores entiendan la realidad del colectivo de los docentes universitarios No podemos comprender por qué, a pesar de todas las vejaciones y engaños que los profesores universitarios hemos experimentado en los últimos cuatro años, todavía los colegas que apoyan al Presidente Chávez no hayan levantado su voz para reclamar los atropellos que padecemos a través de sus ministros, siendo venezolanos, mientras que Venezuela cubre los compromisos internos que tienen países como Nicaragua, Bolivia y Argentina.

¿Por qué a nuestros colegas les es tan difícil completar la operación matemática 2 + 2 =…? Y digo esto porque cuando nos detenemos a conversar con ellos en los pasillos, en el cafetín o en la calle, aun cuando no lo queramos, terminamos hablando de lo difícil que se ha tornado la situación. Una vez que superamos la sempiterna excusa del “Rectorado”, pues allí no es donde yace la raíz del problema, sólo queda el Ministerio de Educación Superior. Como todos sabemos por allí podrán pasar todos los Luis Acuña, Orlando Castejón y Edgardo Ramírez que existan, pero al final todas las decisiones son de Chávez. Podemos comprender que aquellos colegas que además de trabajar en la UDO tienen trabajo en la UNEFA, en la Universidad Bolivariana, o detentan cargos en PDVSA, Puertos de Sucre, diferentes alcaldías o la Gobernación, y por tanto tienen otros ingresos, quieran que todo siga igual. Sin embargo, para la mayoría de nosotros, que dependemos exclusivamente de la UDO, lo que ocurre es intolerable. Cómo entender que un profesor universitario, con cuatro dedos de frente y obligaciones familiares, que se ve obligado a trabajar como taxista “pirata” puede continuar diciendo: “Yo estoy con el Presidente, no le puedo hacer ningún reclamo”. Hay que ser un “autosuicida” para esto.

El próximo domingo tenemos una oportunidad de oro para mandarle un mensaje al Presidente, no lo desperdicies. No sigas entregándole un cheque en blanco a quien tan mal nos ha tratado.

Prof. José Rafael Díaz Ramos

udistasns@gmail.com

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Nota: El artículo de la semana pasada salió con un error en el nombre del autor. Correspondía a la profa. Graciela Acevedo.


miércoles, 15 de septiembre de 2010

LA EXPERIENCIA DEL ERROR





Miércoles 15 de septiembre de 2010 / p. 13

Las personas normales viven de manera muy diferente entre sí la experiencia del error; algunos reaccionan con cautela, otros insisten en sus actitudes como si presintieran que en la perseverancia de la disposición encontrarán una verdad destinada a ser revelada; otros viven la experiencia del error como el logro de una convicción que no necesita ser discutida más. A pocos nos gusta reconocer la equivocación, pues, para la sabiduría general ésta aparece reñida con la verdad.

Sin embargo, toda vida está llena de innumerables equivocaciones. Cuando nos caemos al empezar a caminar es porque tomamos, a tan corta edad, una decisión equivocada. El golpe sufrido puede ser doloroso, pero es necesario para el aprendizaje. Este ejemplo puede generalizarse para muchos aspectos de la vida, particular y social. La metáfora del golpe doloroso traduce a nivel global lo que se denomina, en el campo de las ciencias de lo humano, crisis sociales. El ámbito político es uno de los órdenes de la vida social donde con mayor frecuencia se vive la crisis como producto de equivocaciones particulares y colectivas.

Los estudiosos dedican muchas horas a establecer las causas y a sistematizar las consecuencias de las crisis políticas, en aras de constituir un conocimiento que sirva como base para el desarrollo futuro de la humanidad, entendiendo, como mantuvo el antropólogo estructuralista Claude Lévi-Strauss, que la humanidad es la misma en todas partes. El pensamiento científico ha dado poderosas razones para hacer pensar que las equivocaciones, privadas y colectivas, pueden servir, cuando se conoce la psicología social y la historia, como punto de referencia para enderezar rumbos sociales discordantes con el sentido teleológico de la humanidad.

Edmund Husserl, filósofo y matemático, fundador de la fenomenología como forma de comprensión social, dictó una importante conferencia en la ciudad de Viena en mayo de 1935 (en el período entre las dos guerras mundiales y cuando Hitler exhibía un poder ilimitado), que fue concebida como posición particular ante el avance del nacionalsocialismo –o nazismo–, el cual estaba produciendo lo que el estudioso llamó “la enfermedad europea”. Accedemos a los contenidos de esa conferencia a través de un texto titulado “La Crisis de la Humanidad Europea”; en este escrito, donde no se menciona ni una sola vez a Hitler, Husserl advierte que el estado de deshumanización que vive Europa se debe a un derrotero de las ciencias humanas por caminos extraviados y que la solución debería partir de los mismos científicos para reconducirla y llevarla hacia la consideración de lo humano; insiste, además, en la necesidad del conocimiento humanista como única posibilidad para aclarar la vía, el sentido, del progreso. En la reflexión husserliana subyace la idea de la equivocación de las ciencias humanas, fundadas hasta ahora en el objetivismo propio de las ciencias naturales, como impedimento para recuperar el sentido teleológico de la civilización europea, heredera de los fines últimos de la filosofía griega. La pérdida del norte cultural, en los convulsos momentos de inicios de la segunda guerra mundial, hacían que el filósofo previera situaciones catastróficas.

Algunas equivocaciones no son de tan difícil análisis, ni necesitan de un genio de la filosofía para revelar que igualmente pueden llevar a consecuencias desastrosas. Son equivocaciones precisas, puntuales, muy fáciles de ubicar en el tiempo. Un matrimonio precipitado, la elección irreflexiva de una carrera, un voto otorgado con el disparo de una emoción, impulsado por un deseo acariciado largamente, son ejemplos de equivocaciones muy comunes.

En las sociedades modernas las equivocaciones pueden corregirse al concientizarse el error; por ello se ha estatuido el divorcio, los estudiantes pueden cambiar de carrera o enderezar el rumbo profesional con un posgrado, los mandatos no merecidos pueden ser revocados o sustituidos. Hablo de sociedades donde sus dirigentes o representantes, o la población moderna (preparada, estudiada, informada), toman los conocimientos (universalmente apropiados) acumulados por la ciencia (los que nacen a partir de terribles equivocaciones, de la brutalidad, y los que nacen como producto de la inteligencia humana) y los ponen a disposición de todos los miembros de ese grupo social, organizando de esa manera un porvenir compatible con el desarrollo histórico global. Y la experiencia del error se guarda como un tesoro incalculable, sin el cual no puede pensarse adecuadamente el futuro.

Profa. Graciela Acevedo

REINCIDENCIA EN EL HORROR





Miércoles 08 de septiembre de 2010 / p. 9


Hace unos pocos días leíamos la información que circuló en distintos periódicos impresos o electrónicos internacionales: “El líder cubano Fidel Castro admitió su culpa en la marginación que sufrieron en la isla los homosexuales en los años 60 y 70, cuando fueron recluidos en campos de trabajo”. Pasados muchos años, Castro reconoce una de las tantas atrocidades cometidas por su régimen autoritario; esa que mantuvo en el aislamiento hasta su muerte a escritores como Lezama Lima y Virgilio Piñera, o condujo –después de la persecución y la cárcel– al destierro y al suicidio al novelista Reinaldo Arenas, por nombrar sólo a intelectuales, fuera de un número incalculable de artistas y otros ciudadanos víctimas de tal discriminación. En la memoria sigue estando la llamada “crisis de Mariel” como imborrable apoteosis de ese horror.

Salvando las distancias de todo tipo, recordamos que, en la última década del siglo XX, el papa Juan Pablo II, en nombre de la iglesia católica, reconoció los errores y barbaridades cometidas por ésta: la injusta condena a Galileo Galilei, la intolerancia y violencia de las Cruzadas y la Inquisición, la connivencia con los desmanes de la conquista de los pueblos americanos, la hostilidad hacia el pueblo judío, entre otras enormes faltas históricas.

Pero el jerarca católico pidió perdón. No hay solicitud de perdón por parte del autócrata cubano (ver entrevista completa en http://www.jornada.unam.mx/2010/08/31/index.php?section=mundo&article=026e1mun). Como no se arrepintieron ni pidieron perdón por sus injusticias y crueldades Hitler, Mussolini, Stalin, Ceausescu, Mao, Milosevic…, algunos nombres de la funesta lista de déspotas del siglo XX.

En nuestro lar, desconocemos que el fallecido Luis Tascón se haya arrepentido y expresado sus disculpas por los gravísimos daños ocasionados a muchos venezolanos con la tristemente célebre lista bautizada con su apellido, punta de iceberg de todo un complejo fenómeno que conlleva una lógica, una actitud y una conducta de discriminación e intolerancia que ha caracterizado (y sigue) al régimen gobernante en nuestro país.

Y he allí el meollo del asunto: la reincidencia en ese estado de hostilidad, segregación, negación de la diferencia y la libertad (a propósito, recomendamos la lectura del artículo “Vivir la diferencia” de Rigoberto Lanz, El Nacional, 29/08/2010, Opinión, p. 9) aun hoy y en nuestro territorio (léase: país, estado, ciudad, universidad…), cuando la historia moderna nos ha enrostrado las terribles consecuencias de semejante concepción y práctica. Se reiteran las actitudes y ejercicios censores y totalitarios, quebrantadores “del derecho a disentir”, “del respeto real a la diversidad” (RL). Se reproducen los mecanismos de descalificación, amedrentamiento, chantaje, hostigamiento, exclusión, contrarios a una verdadera “sensibilidad democrática” (como la tematiza Lanz). Se crea un espacio psicosocial donde priva el populismo y el clientelismo (superando los más desvergonzados hábitos políticos anteriores, tan discursivamente rechazados) o se impone el jinete del miedo (“Y el quinto jinete es el miedo” se titula un filme disidente del tiempo del socialismo checoslovaco).

Conocidas las vejatorias experiencias del socialismo sufridas en los países de la Europa oriental, del Asia o de nuestra América (Cuba en primer lugar), inherentes, según muchos estudiosos (no damos nombres pues la enumeración es extensa), a la misma concepción filosófico-teórica del marxismo (y a sus diferentes versiones: leninismo, maoísmo, guevarismo, ¿chavismo?…), ¿cómo comprender que se sigan los mismos conceptos y prácticas impregnadas por obscenos errores ideológicos y políticos? La respuesta puede estar, unas veces, en el desconocimiento de la historia; otras veces en el atraso y la ineptitud; también en el fanatismo, producto de una trampa ideológica casi sentimental; o, más grave aún, en el cinismo político, ese que lleva a Castro a justificar, impertérrito, las atrocidades del sistema socialista cubano, que como todo régimen totalitario, cual Saturno, devora a sus hijos… Y aquí no ha pasado nada.

Retumban en nuestra conciencia las palabras terminales y clamorosas de Kurtz (en la novela “El corazón de las tinieblas” o en el filme “Apocalipsis ahora”): “¡El horror! ¡El horror!”

Prof. José Malavé M.

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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Constituyente Universitaria: Asalto a la Autonomía





Comunidad/ 01-09-2010 / pág.13

La imposición de una constituyente universitaria amenaza a las universidades nacionales. El ministro para la Educación Universitaria, Edgardo Ramírez, ha hecho pública la voluntad del gobierno de realizar una constituyente justificándola como medio para fortalecer la “revolución.”

El proceso a seguir, en un país donde el derecho a la participación tiene rango constitucional, debería comenzar con la consulta a la comunidad para decidir si se realiza o no para finalizar con la aprobación, o no, por la misma comunidad. Sin embargo, la Constituyente Universitaria pretende convocarse por otras vías. Nace de una decisión oficial que busca adecuar el funcionamiento interno de las casas de estudio a la Ley Orgánica de Educación. El Ministro Ramírez lo ha revelado en declaraciones a los medios de comunicación. Las palabras de Ramírez afirman que se busca que “profesores, empleados, obreros y estudiantes, participen en la construcción del proyecto país y del socialismo bolivariano”. De esta manera estamos más en presencia de un asalto a la Autonomía Universitaria que de una Constituyente Universitaria.

No niego, y creo que pocos lo harían, que las universidades deben transformarse. Pero este proceso no debe convertirse en un proyecto ideologizante que genere desequilibrios en el carácter amplio de lo universitario: pluralidad, discrepancia, tolerancia, centro del conocimiento, lugar de encuentro y de respeto en un clima de convivencia.

La discusión tiene lugar en un marco impuesto anticipadamente, cual camisa de fuerza. Ello contraría lo establecido en los fines de la educación promulgados en la LOE: “La educación, conforme a sus fines debe fomentar el respeto a la dignidad de las personas y la formación transversalizada por valores éticos de tolerancia, justicia, solidaridad, paz, respeto a los derechos humanos y la no discriminación” (artículo 15, numeral 4). Este texto debió leerlo y considerarlo el Ministro Ramírez antes de anunciar la convocatoria a la Constituyente Universitaria.

Se les propone a obreros, empleados, profesores y estudiantes una oferta engañosa, un "peine". El gobierno que impulsa la constituyente en estos términos fue el mismo que en la Constitución de 1999 dio rango constitucional y reconocimiento a la Comunidad Universitaria, la que estaría integrada sólo por profesores y estudiantes (Constitución de la República Bolivariana de Venezuela 1999, artículo 109).

Esta burda y disparatada maniobra para realizar una constituyente universitaria tiene sus orígenes en la relación de dominación total que caracteriza al presente gobierno. Se pretende convertir a las universidades en centros de promoción del socialismo bolivariano en lugar de centros para la cultura y el saber, en vez de confirmar su función como fuentes de conocimientos e ideas para la construcción del país que todos queremos.

No cabe duda que el intervencionismo del ámbito universitario ha tenido acogida en algunos miembros de la comunidad universitaria de la UDO, que participan de las ideas oficialistas y parecen dispuestos a entregar nuestra universidad sin mayor reflexión. Habría que preguntarles si han considerado los efectos, en el futuro de las casas de estudios, si se aceptara que cualquier gobierno modifique las universidades a su conveniencia.

Para muchos esto forma parte de la misma estrategia que desde hace algunos años se dirige a ahogar presupuestariamente a las universidades autónomas para ponerlas de rodillas ante el gobierno, lo cual se lleva a cabo por varias vías. Una de ellas es mantener a los obreros, empleados y profesores universitarios con un salario deteriorado que impide, en la mayoría de los casos, cubrir las necesidades básicas. Otra es la suspensión o retardo de los aportes para la seguridad social y HCM.

Además de la defensa de nuestra autonomía, dos ejemplos nos impelen a oponernos a la posibilidad de que el gobierno controle las universidades. Uno es PDVSA, empresa otrora ejemplo del país, y el otro es PDVAL. La primera fue desmantelada y convertida en un modelo de ineficiencia, burocracia y corrupción. La segunda muestra el fracaso de un plan de gobierno, en un aspecto neurálgico para el país, que fue concebido sobre la base de las expropiaciones de fincas y las ruinas del aparato productivo de la nación. Con la universidad puede pasar lo mismo.

Los universitarios debemos ser capaces de corregir nuestros errores, adecuar o modernizar nuestras estructuras, para asumir los retos del Siglo XXI, manteniendo el compromiso social, como hasta ahora se ha hecho.

Los intereses políticos deben, por su propia conveniencia, respetar el espacio académico, respetar la autonomía universitaria. La tradición democrática universitaria hace aparecer la Constituyente Universitaria con pocas posibilidades. Su imposición no será fácil si los universitarios actuamos como tales.

Prof. Rafael Rasse

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