viernes, 11 de mayo de 2012

Lo obvio y lo fácil

REGIÓN,  miércoles 02 de mayo de 2012, p.


 Profa. Marlyn Cabrera
Dpto. Idiomas Modernos UDO-Sucre
http://udistasns.blogspot.com

Hasta hace poco me era suficiente que los muchachos insistieran en colocar música en los pasillos de la universidad para alarmarme; los veía reunidos en grupos generalmente de tres o cuatro, sentados en las escaleras o en el piso, recostados de las paredes sucias, rodeados del polvo y los desechos que la modorra, esa que nombraba un colega y amigo, les impide colocar en los escasos pipotes del campus universitario. Como todas las invasiones de las que hoy la universidad es víctima, esta colonización musical –lo cual suena engañosamente encantador– comenzó con alguien, uno solo, o unos pocos y se ha ido haciendo la costumbre de otros, muchos; se van sumando tantas ovejas hasta que el rebaño es incontenible y se trasmuta en una manada de lobos eufóricos, desopilantes y temibles.
No es un secreto para nadie que las botellas de licor pasan de mano en mano en ciertos lugares del campo universitario. También están los juegos de envite y azar. Menos obvias, aunque más aviesas, están las drogas. Todo esto entre otras vergüenzas que ya redundan por lo frecuentes y lo desatendidas. Ahora está la música, en tantas presentaciones como varíe el gusto.
El pasado jueves 26 de abril, un grupo de seis jóvenes, que difícilmente contaban los veinte años, tenían un narguile humeante y una botella de licor frente a la puerta principal del miniauditorio de APUDONS; escuchaban una música estridente que interfería con el estudio que realizaban unas jóvenes a pocos metros de distancia y con el sosiego de otros, quienes, no teniendo más sitio de esparcimiento, acuden a las adyacencias del Oceanográfico. Eran casi las 2 p.m. cuando, con bastante indignación, me tocó llamarles la atención y pedirles que se fueran. Además de lo obvio, la indignación vino por otras dos razones principales; la primera es que no encontré un vigilante a quien acudir y la segunda fue la respuesta resignada de un trabajador de la universidad: “eso es todos los mediodías.” ¿Lo más sorprendente? Los muchachos, mansamente, aguantaron el regaño y literalmente se fueron con su música a otra parte –también se llevaron el narguile y la botella. ¿Así de difícil es controlar tal situación?
Cada vez es más común que los estudiantes coloquen los llamados popularmente cubos musicales en distintas áreas de la universidad, estorbando el sano desempeño de lo que debería ser una academia.
Otro caso de este tipo de actitud delictiva melodiosamente solapada fue evidentísimo durante toda la semana pasada. En una de las mesas de concreto detrás del cafetín de Cursos Básicos, se encontraban personas de distintas edades, cuyo nexo con la universidad ignoro, bebiendo y escuchando música bastante alta. Según la opinión de varios colegas y estudiantes, tal cual lo pude comprobar el viernes a las 4 p.m., no se observaba ningún esfuerzo por ocultar las botellas y los vasos llenos de licor; reían y contaban chistes, como si estuvieran a la orilla del río en un pueblo alegre celebrando una fiesta patronal. Esta vez la música no venía de ningún dispositivo portátil, sino de dos cajones de 30 o 40 centímetros de alto. El descaro fue absoluto.
Esta situación es controlable. Todavía tenemos tiempo antes de ser colonizados por estas tropas del ruido. No estoy hablando de delincuentes. Estoy hablando de personas en actitud delincuente, muy probablemente por falta de debida orientación. Una botella de ron, un paquete de cartas, un cigarro de marihuana, todos son prestos a la clandestinidad. Pero, valga el sentido común, la música es ridículamente obvia.
Entonces, mientras que los profesores y demás adultos responsables nos ocupamos de orientar a nuestros estudiantes sobre el debido comportamiento en el recinto universitario y de ayudarlos a entender el porqué, necesitamos que la vigilancia de la universidad (aplicando las normas universitarias y de convivencia, y las directrices que suponemos deben dar las autoridades decanales) haga su parte, mínimamente en los casos donde resulta tan fácil como acercarse y realizar la petición.
Si queremos estudiantes pensantes y civilizados capaces de exhibir el comportamiento universitario adecuado, hace falta que cada quien contribuya con lo propio, porque la educación es labor de todos. No más ovejas ni lobos.

La opinión crítica como acción

REGIÓN,  miércoles 25 de abril de 2012, p. 10 



Prof. Ramón Ochoa
Dpto. Psicología e Investigación Educativa UDO-Sucre
http://udistasns.blogspot.com

Después de la publicación del artículo número cien de nuestra columna, alguien hizo llegar al profesor Silvio Orta un comentario según el cual sería bueno que dejáramos de criticar, pues de tanto criticar podríamos llegar a ser fastidiosos, y sugirió que debemos pasar de la palabra a la acción. Este comentario me lleva a ocuparme del asunto de la opinión y de la crítica
Ejercemos nuestro derecho a expresar lo que pensamos y sentimos. Y sentimos y pensamos que es necesario y pertinente que lo sigamos haciendo. Obviamente nuestras opiniones pueden ser compartidas o no, debatidas, contraargumentadas e incluso ignoradas. Pero haremos lo posible y conducente para que no sean silenciadas.
Opinar y criticar son formas de actuar y lo hemos venido haciendo desde mucho antes de constituirnos como Udistas y no solo desde esta columna, sino también en nuestros departamentos, en asambleas y a través de nuestro boletín, que ha circulado en el Núcleo durante los últimos 7 años. Además de ello, hemos participado en marchas, protestas y hemos promovido la participación de los profesores en elecciones de cogobierno universitario, buscando espacios donde expresar lo que pensamos e incidir en la toma de decisiones.
De modo que no solo hemos criticado; hemos participado en la elaboración de propuestas de solución. Por ejemplo, participamos muy activamente en las mesas de trabajo que se constituyeron en nuestro Núcleo a raíz de los graves incidentes que ocurrieron en noviembre de 2010 y que dejaron parcialmente destruida la sede de APUDONS. Trabajamos allí arduamente para ofrecer salidas al estado crítico del Núcleo y hemos presionado, en la medida de nuestras posibilidades, para que las ideas y soluciones surgidas de esas mesas, fruto de la reflexión de los docentes ante los acuciantes problemas del espacio donde laboramos, fuesen conocidas por la comunidad e implementadas por las autoridades. Lamentablemente el trabajo realizado fue ignorado o desdeñado por las autoridades.
A través de esta columna y en persona hemos llamado a los sectores oficialistas a convenir un plan de rescate de la gobernabilidad del Núcleo y no hemos obtenido respuestas concretas.
Es cierto que la denuncia y la crítica están muy devaluadas en nuestro país, donde ni siquiera las irregularidades detectadas por la Contraloría General de la Republica se traducen en acciones legales contra los irresponsables funcionarios que las cometen. Muy por el contrario, el caso del río Guarapiche dejó muy claro la bizarría que se trata de imponer: perseguir a quien cumple con sus responsabilidades y acallar judicialmente a quienes denuncian.
Según cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, las protestas en Venezuela han venido aumentando; se producen cientos de protestas relacionadas con la inseguridad, la vivienda, los derechos laborales o gremiales, y, más recientemente, por la calidad del agua. Pero si las autoridades permanecen sordas a las críticas y las protestas, habrá que insistir, criticar y protestar con nuevos bríos y buscar nuevas maneras para hacernos escuchar.
Un correo enviado por el Decano del Núcleo de Sucre de la Universidad de Oriente me confirma que debemos insistir en la expresión de nuestras opiniones. El correo se titula “El vandalismo de la FCU”, y con él vienen anexas unas imágenes en las cuales el remitente señala a unos estudiantes (con nombre y apellido), acusándolos de contaminar, orinar y escupir alimentos del comedor del Núcleo. Al final parece que el Decano confía más en la justicia de la opinión y de la denuncia que en el cumplimiento de las atribuciones y responsabilidades que como autoridad tiene.
Seguiremos opinando…

Prestaciones sociales, exprópiense


REGIÓN,  miércoles 18 de abril de 2012 / p. 10

Prof. Rafael Rasse
Dpto. Psicología e Investigación Educativa UDO- Sucre
http://udistasns.blogspot.com

Seguramente el gobierno esgrimirá argumentos que le permitirán presentar la actual Ley Orgánica del Trabajo como la gran panacea. Para ello deberá echar mano, como siempre lo hace, de los cuarenta años del puntofijismo, olvidando, y no por descuido, los 13 años de gobierno que preceden a la fecha del anuncio de una nueva Ley Orgánica del Trabajo, como si en ese tiempo no hubiesen pasado cosas en las relaciones de trabajo de los venezolanos, que bien vale la pena refrescar. También se harán redoblar los verbos para anunciar culpas “pasadas” por la profundización de las injusticias sociales y laborales, así como del incumplimiento de los compromisos contractuales y el entreguismo de los sindicatos patronales que han existido –y siguen existiendo– en Venezuela.
Pero a la luz de nuestros días, y con los ojos más abiertos que nunca, los trabajadores nos preguntamos por qué el gobierno no ha podido honrar los compromisos adquiridos con gremios y sindicatos en lo que respecta a prestaciones vencidas  y contratos colectivos (y normas de homologación, en el caso de los universitarios), cancelar los pasivos laborales y demás deudas acumuladas. Ahora quiere que nos comamos el cuento de que es el gran y eficiente administrador de las prestaciones de los trabajadores.
En tiempos recientes, mayo del 2011, fue pública la noticia de la estafa al Fondo de pensiones y de previsión social de los trabajadores y ex-trabajadores de PDVSA. En ese mismo año, los trabajadores de Alcasa (CVG) se encadenaron a los portones de las fábricas en protesta para reclamar el pago de sus prestaciones sociales. Pero, además, cuando este gobierno “socialista” y “humanista” decidió nacionalizar Sidor, negoció el pago de las acciones que le correspondían a las empresas transnacionales, pero el de los sidoristas (experiencias del gobierno para convertir los pasivos laborales en capital accionario), fue tirado a un saco sin fondo. Hasta la fecha no han podido cobrar.
Y qué no decir cuando se trata de solicitar el cumplimiento los compromisos contractuales. Ante la convocatoria de la FAPUV para concentrar a los profesores universitarios en la planta baja de la sede del MPPES para exigir el cronograma de pagos de deudas por concepto de intereses de prestaciones sociales, ofrecido para el último trimestre del año 2011 por el propio Ministerio, la respuestas fueron insultos y luego la arremetida policial en contra de los colegas que allí manifestaban. El argumento del gobierno ante el justo reclamo de los trabajadores por el pago de la deuda por prestaciones sociales, como lo establece la Constitución, las leyes, las Actas Convenio y los Contratos Colectivos, no puede ser la represión.
El gobierno se ha propuesto cancelar las prestaciones de los trabajadores a través de la creación de un fondo único de inversión y de pensiones con recursos de PDVSA (¿por qué no las habrán cancelado?) Después de lo presentado anteriormente, los trabajadores todos tenemos razones para estar muy preocupados y movilizados, más cuando es el propio gobierno el que se propone como administrador de estos fondos. No vaya a ser esta una herramienta para expropiarles las prestaciones a los trabajadores, quienes recibirán papeles (“petrobonos”) por un valor nominal como pago de sus prestaciones, que luego deberán cambiar en el mercado secundario por un precio menor (valor real), teniendo el trabajador que asumir las pérdidas que por concepto de esta negociación se produzca. ¿Por qué, si esta fórmula es tan buena, no es el propio gobierno quien vende los petrobonos y nos paga en efectivo, en dinero contante y sonante, como también lo establece la Constitución?
El gobierno se delata en dos verdades capitales para los trabajadores. Lo primero es su intento de tapar, con la retroactividad de las prestaciones prevista en la reforma a la Ley Orgánica del Trabajo, la creación de un Fondo Público de Prestaciones de Antigüedad que administre los ahorros de los trabajadores del sector estatal y privado –sin que nadie le haya dado esa potestad–, una trampa similar al ppprrriiiii… del pito que precede al anuncio de “PRESTACIONES SOCIALES, EXPRÓPIENSE”. Y lo segundo, no menos grave, es que no tiene recursos para pagar las prestaciones de los trabajadores. 

Descalabro académico


Prof. José Marcano Carpintero
Dpto. Currículo y Admón. Educativa /UDO-Sucre
marcanocarpintero@gmail.com
http://udistasns.blogspot.com

En las últimas semanas he tenido la responsabilidad de revisar los récords académicos de jóvenes bachilleres, estudiantes de la Escuela de Humanidades y Educación, con el objetivo de seleccionar a los cursantes de la Didáctica Especial del Castellano y la Literatura, asignatura previa a la Práctica Docente; ya en otras oportunidades había hecho lo propio con récords de distintas especialidades, los resultados, similares en ambas oportunidades, me mueven a escribir este texto.
En el octavo semestre de la carrera cada estudiante debe haber aprobado una serie de asignaturas en dos componentes esenciales (el docente y el lingüístico-literario), que no sólo le brindan los conocimientos inherentes a su especialidad, sino que permiten alcanzar la formación pedagógica y las competencias didácticas y comunicativas necesarias para desempeñarse de manera eficiente dentro de un aula. Ahora bien, más del cincuenta por ciento de los récords revisados muestran un promedio de notas histórico de cuatro (4) puntos –en un sistema cuya mínima aprobatorio es cinco (5)–, el restante no pasa los seis (6) puntos; secuela de la reprobación recurrente de asignaturas que, para agravar más el escenario, suelen ser las neurálgicas en la formación base del profesor de Castellano y Literatura.
Dos factores me preocupan sobremanera de esta situación: la carencia de un proyecto de vida y la desidia. Si no hay compromiso, disciplina y un proyecto de vida que permita al estudiante universitario priorizar sus necesidades académicas; si tampoco existen los mecanismos institucionales internos, que regulen su permanencia y egreso bajo ciertas exigencias de rendimiento y calidad, es imposible desarrollar el ambiente académico necesario para la formación de nuevos educadores. Eso se traduciría en un franco deterioro de la calidad de la educación en los niveles de Educación Básica y Media, por causa directa de una mala praxis pedagógica.
Otra situación preocupante se desprende de este panorama: una considerable cantidad de los miembros de la comunidad estudiantil de la EHE-UDO ha tenido un tránsito nada halagüeño por otras escuelas y especialidades. Esos estudiantes, en un intento por recuperar el tiempo perdido, han optado por migrar a especialidades diametralmente opuestas, sin sopesar sus aptitudes vocacionales, sin medir su disposición para asumir la responsabilidad de su propia formación intelectual; sólo blanden una premisa: “Educación es más fácil”. Ahora ¿dónde radica esa referida creencia sobre la facilidad de las Ciencias de la Educación?
Me permito responder esta interrogante: la causa primaria de dicha creencia la representa la carencia de mecanismos sistemáticos de selección y admisión de los estudiantes de la Licenciatura en Educación; el acceso a la carrera se obtiene con promedios de notas muy inferiores a otras de la misma universidad, como Medicina, Informática o Bioanálisis, lo que representa cierto grado de facilidad, al menos en el acceso. Las exigencias de las asignaturas y los resultados posteriores demuestran lo contrario.
 En el área de Castellano y Literatura, a pesar de la formación académica de los profesores, de su disposición para la investigación y de sus dotes pedagógicas, no se ha conseguido despertar, en la mayoría de los estudiantes de esa mención, inquietudes que les predispongan para el estudio y la investigación por iniciativa propia. Tampoco se ha podido desarrollar en ellos la convicción ni la motivación necesarias para la formación intelectual. Entonces, surge una pregunta pertinente: ¿estamos en crisis? La respuesta es irrefutable: sí.
Pero las crisis son necesarias. Cuando las estructuras se resquebrajan y el sistema nos arrolla entramos en crisis, lo que nos permite (re)pensar(nos) para construir, con otra visión y en otros formatos, un nuevo andamiaje. El bajo rendimiento de nuestros estudiantes, evidente en sus registros de notas y en incompetencias didácticas palpables, demuestra un estado crítico. Llegó el momento de redimensionar el sistema, de empezar a construir la estructura interna que permita mejorar sustancialmente el perfil de los nuevos educadores.

sábado, 7 de abril de 2012

Derivas de la universidad

Prof. José A. Véliz

Dpto. Biología UDO-Sucre

udistasns@gmail.com

http://udistasns.blogspot.com

REGIÓN, miércoles 04 de abril de 2012 / p. 14

Existía la noción de que el núcleo del átomo era único e indivisible; esta premisa quedó obsoleta cuando se demostró que al romper el núcleo se podía liberar una gran cantidad de energía. Descubrimos así el arma más temida de todas: la bomba atómica, aquella que solo hubo que probar una vez para demostrar su poderío.

También pensábamos que el Núcleo de Sucre, como núcleo primigenio de la Universidad de Oriente, sería único e indivisible. En eso también nos equivocamos. La primera fractura vino con la creación de la extensión de Carúpano. Luego, dentro de Cerro Colorado, cada coordinación se convirtió en un núcleo, donde cada parte, en vez de funcionar como un solo organismo, asumió una autonomía inapropiada que devino en paralización del sistema. ¿Se entiende?: el Núcleo de Sucre inmovilizado, parado en el mismo punto, cual hormiga que, por muchos pasos que da, se ve devuelta por el viento a su punto de partida; su andar es un desandar eterno. En este Núcleo, una minoría de estudiantes, profesores, empleados y obreros se echa al hombro la Universidad y hace que ésta funcione, luchando con un lastre que los hunde y hunde…

No sé si es una mala percepción, pero a veces siento que nos juzgan idiotas. Por ejemplo, ¿alguien me puede explicar cuál es el propósito de que, en una suerte de juego a la redundancia informativa, la rectora, vicerrectores, decano y hasta los presidentes de sindicatos envíen mensajes donde dicen que tal o cual día entraron recursos, o cancelarán tal o cual deuda? No entiendo cómo puede ser materia de fiesta nacional que digan que van a pagar puntualmente tal quincena o el 20% del 50 % del bono vacacional del año cuál. Los destinatarios nos alegramos porque, en la miseria en que estamos sumergidos, pensamos que salimos a flote temporalmente, pero el salvavidas de plomo sigue ahí, hundiéndonos. ¡Eso es entendernos como idiotas!

Pienso que el envío de mensajes de texto, personalizados además, donde se nos avisa que ya están listos los recursos es una forma de promocionarse, a expensas de nuestras miserias, utilizando imaginarios y ridículos “logros”. Esta táctica desesperada es la muestra de la ineptitud del gobierno “revolucionario” y de la ineficiencia de unas autoridades que deberían exhibir los logros de su efectiva contundencia a la hora de reclamar ante el Gobierno central nuestras reivindicaciones. ¿Qué pasaría si las autoridades rectorales de todas las universidades se decidieran a no aceptar el bozal de arepa impuesto y se determinaran a no admitir recursos incompletos? Nuestras autoridades parecen pensar que no ocurriría nada y sus acciones indican que prefieren aceptar lo que envían. Así, una vez más, hacemos el idiota.

Estamos llenos de quejas y carencias: que si nuestras condiciones de trabajo, que si nuestras condiciones de vida y de subsistencia… Estas mareas ocupan nuestros pensamientos, y la preocupación por impulsar un cambio en la Universidad nos parece una tarea titánica.

Con todo, seguimos convenciéndonos de que cambiaremos las cosas (esta vez sí haciendo el idiota conscientemente). Recuperar las partes del todo y hacer que funcionen debe ser la tarea primordial de quien dirija nuestra Universidad, y los actos administrativos que en derecho corresponden no deben ser materia de “mensajitos” ni de la algarabía impropia de quienes se sienten más “vivos”, sino la prueba fehaciente de que el sistema puede funcionar.

Juego de villanos


Profa. Adriana Cabrera

Dpto. Filosofía y Letras UDO-Sucre

REGIÓN, miércoles 28 de marzo de 2012 / p. 10

Todos saben que es característico de los orientales inclinarnos por el filo verbal: nuestra lengua local está equipada para ser cuchillo, pero también canto por donde nos desplazamos peligrosamente, haciendo malabares lingüísticos, dobles sentidos, comprometidas estratagemas orales. Gran parte de este comportamiento proviene de una escuela antigua, de fino entrenamiento eufemístico que valoraba a partes iguales su gusto por la indecencia y la fascinación por el recato social. Mi abuela, mujer versada en estas artes, en las que debe reconocerse la maestría especial de ciertos sectores femeninos cumaneses, contaba –con una chispa de luz bailarina en sus ojos negrísimos– cómo su círculo de amistades, todas tabaqueras, se referían al empresario Fulano de Tal, respetadísimo miembro de la comunidad, cuyo cráneo lucía totalmente desprovisto de cabello, como el señor Cabeza de Grosería. Nunca en su presencia, claro, pero sí abiertamente, muy seguras de haber conservado –casi– todas las exigencias del decoro.

Mi infancia estuvo llena de ilustraciones veteranas de este arte. Con diversión escuchaba a mi abuelita exclamar “Miércoles”, cuando se pisaba un dedo; y sabía, sin dudas, que el pisotón había sido muy fuerte cuando a “Miércoles” le seguía “Jueves” y “Viernes”. Sobra decir que jamás escuché a esa amada anciana decir ni una palabra soez, pero sabía que tenía una colección prodigiosa de fórmulas, expresiones y pequeñas piezas de ironía, jocosidad, burlas e imprecaciones.

Mucho después, en mis años iniciales de universidad, leí con gran regocijo e innegable sabor familiar las piezas satíricas de Francisco de Quevedo, joyas de impertinencia social; también esa pieza de orfebrería de la vulgaridad que es Gargantúa y Pantagruel, de Rabelais, en el cual, entre muchas otras proezas, enumera cien formas de limpiarse el culo.

Recuerdos. Lecturas. Experiencias. Todo ello para apuntalar mi pretensión de entendida en la materia; para acallar cualquier duda de mis lectores y asegurarles, sin margen de duda, que sé reconocer una buena pieza cuando la tengo en frente. Reconozco las formas en que el trabajo del lenguaje puede obrar la magia de elevar a arte las retóricas bajas y las piezas de conducta verbal impropia. Todo ello para asegurar que mi actitud frente a estos ejemplares no puede ser sino de abierto gozo. Lo que no implica que deje de reconocer los peligros de este juego cuando se desboca; cuando se manipula nuestra herencia de desparpajo verbal para confundirla con la imposición de un estado de violencia discursiva y de degradación del otro; o cuando se acusa al interlocutor de “comeflorismo” por usar un lenguaje apropiado, formal y no insultante.

Mi amigo Ricardo Ramírez Requena, profesor universitario, hizo esta advertencia-petición en una de sus actualizaciones de Facebook: “Si me saludas, no me llames m… cada 30 segundos. Si me cuentas algo importante, no me digas g… a cada rato. Si te estás despidiendo, no me digas c…m… Hay que desmontar el lenguaje de la violencia. Comencemos por tratarnos bien. No es ser pacato: es bajarle, no dos, sino más de tres, a la agresividad en nuestro país”. Y pensé en las veces, desgraciadamente cada vez más frecuentes, en las que he tenido que hacer un alto en mis clases para discutir con mis alumnos por qué es no sólo impropio sino también insano el tratamiento verbal degradante, aun cuando se cubra del velo inocente de la jocosidad, tratar de comprender junto a ellos la línea delgada que separa el chiste del insulto, el comentario inocentemente desfachatado de la ofensa, la exaltación de la violencia.

Es cierto que esa línea es cada vez más borrosa para nuestros muchachos, pero frente a ese hecho nuestro deber como educadores es también cada vez más claro: desmontar la violencia que comienza por el lenguaje, como apuntaba Ramírez Requena. No se trata de ser timorato. No se trata de ser pusilánime. No se trata de desconocer nuestra idiosincrasia. Se trata de rechazar con buen ejercicio de la lengua, con gozo en sus providencias, en todos los ámbitos, el lenguaje podrido de la violencia, la pluma servil de los insultadores de oficio, el magro espíritu de los empobrecedores de lenguaje y academia.

SaUDOso


Willians Barreto A.

Profesor Jubilado

Centro de Física Fundamental-ULA

wbarreto@ula.ve

REGIÓN, miércoles 21 de marzo de 2012 / p. 10

Fue leyendo el “Cien” de Silvio Orta cuando decidí escribir este artículo para celebrar, recordar y sufrir. Uno ve la película pasar en segundos, tantas imágenes en el vientre de la madre para luego alejarnos de ella, que todo nos dio sin recibir casi nada a cambio. Pero fue leyendo la “Modorra” de Reinaldo Cardoza cuando recibí la picada final. Esa imagen detenida, como en los cuentos de Rubi Guerra, de un pueblo polvoriento y sediento, indolente. Recordé, sí, releí y sufrí.

Así como Silvio recuerda a Jorge Vivas, a sus estudiantes, recuerdo a Singh, Aveledo, Beauperthuy, Lockwood, Luiggi, Acuña, Serra, Serrano, Castañeda, Castillo, Rosales, Rodríguez, Da Silva, Peralta, Maqueira, Hernández, Betancourt, Ruiz, Mendoza, y a muchos otros profesores, estudiantes, amigos todos, que añoro para conversar con ellos a diario allá en Ciencias, frente al mar. Puede ser el efecto de una jubilación prematura. No lo sé, digo, la nostalgia de unos tiempos que no volverán, aunque podrían ser mejores, lo sé. Cardoza está en lo cierto.

Celebro la constancia, el empeño, de esas que resultan como raras aves de mar por Cerro Colorado, cuando deberían ser las especies predominantes en ese hábitat. Celebro la rebeldía de no aceptar la realidad, que nos abruma y desconcierta, escribiendo. Haciendo pública la inconformidad que sirve a la vez para denunciar la barbarie que arrasa con todo y promete dejar sólo cenizas, recuerdos.

Siento nostalgia por mi Universidad, por mi UDO, por mi Núcleo, que dejé atrás para ganar sosiego, altura, solaz. Y he ganado todo eso pero sufro cada vez que llegan noticias de la Universidad que amo. Imagino, sueño, a mi UDO como a una madre que vela en silencio esperando el regreso de un hijo, de todos sus hijos, que están de viaje y la quieren, admiran y respetan como sólo se admira, quiere y respeta a una madre. Por más que aquí la ULA ande mal por el asedio de los imbéciles resentidos, allá pareciera estar mucho peor.

Hace mucho tiempo vi en el cine club de la UDO, en el auditorium, después del comedor, una película titulada “Eleni”. Quedó en mi memoria la imagen de una madre que se despedía a lo lejos de sus hijos para irse a la guerra civil en Grecia. Y nunca más volvió. Normalmente son los hijos los que salen a buscar la gloria y muchas veces mueren en el intento. “La decisión de Sofía” fue otra película que vi en el cine club... y sigue la madre tomando decisiones y enseñándonos lecciones más allá de la física y sus números, la literatura y sus letras.

Curiosamente no tengo memoria nostálgica de la ULA, aunque sí de la UCV. Confieso que casi todos mis buenos recuerdos universitarios son de la UDO.

Fotogramas que vienen... y van. Un diafragma que abre y cierra a una velocidad muy lenta.

Jornada de pintura en el Departamento de Física con mi hija de un año y sus moñitos –click.

Hormigas informáticas instalando (improvisando) un techo raso para crear las condiciones de la primera red académica de la UDO (1992) –click.

Secuestro por el actual Alcalde de Cumaná y un grupo de estudiantes armados en mi despacho de la Coordinación Académica asegurándome protección.... Y un escrito en la pequeña cartelera acrílica que dictaba en medio del secuestro: hasta que la zanahoria hierva.... Sospecho que lo escribió Álida, entonces Jefe de las ingeniosas Letras Caribeñas. Era el anuncio tal vez de lo que vendría... El éxodo a Mérida, justo y casualmente el 11 de abril del 2002 –click.

No todo está perdido... Ni todo es pasado, porque también hay futuro. Vamos contracorriente hacia un tiempo incierto, previsiblemente mejor.

Una primera resistencia de las actividades culturales y luego el resurgimiento con más brío, evidencia la necesidad de no depender tanto del estado. La Universidad autonomista siempre fue saeta en vuelo, a veces trasegando la noche. Ahora representa un oscuro papel. Deprimida, acezante, cansada.... Resurgirá, como la Literatura, que se nos adelantó por leer mejor la realidad. Y es que la Universidad es mucho más compleja como subsistema. Y es que la Universidad nos hace sentir saudade.

jueves, 15 de marzo de 2012

La modorra udista y la posibilidad de despertar


Prof. Reinaldo Cardoza Figueroa

Dpto. Currículo y Admón. Educativa UDO-Sucre

reycard@gmail.com

http://udistasns.blogspot.com

REGIÓN, miércoles 14 de marzo de 2012 / p. 10

Cada vez con mayor frecuencia me siento como ciertos personajes de las narraciones de Rubi Guerra, y no porque tenga rasgos heroicos o dignos de ser retratados en una obra literaria. No se trata de eso. Algunos sujetos de las ficciones de este escritor cumanés se presentan atrapados en realidades opresivas, asfixiantes y decadentes, ante las que no reaccionan ni tratan de cambiar, como si estuviesen sumidos en un estado de somnolencia, en un sopor paralizante que anula su voluntad y sus deseos. Esta actitud es lo que Orángel Morey-Lezama ha llamado, muy acertadamente, «modorra».

La mía no es una sensación aislada o casual, sino que se presenta cuando debo acudir a mi rutina diaria de actividades en la UDO, cuando recuerdo que soy parte de esa institución enferma y convaleciente. Modorra infinita al pensar en los espacios y paisajes ruinosos («tierra de nadie» y sin ley), en la cada vez más menguada presencia estudiantil en los pasillos y en las aulas, en las condiciones laborales propias de una esclavitud, en la pereza contagiosa de los estudiantes ocupados solo de cumplir con las exigencias mínimas para aprobar y obtener «como sea» un título, en la falta de docentes comprometidos que quieran formar a sus sucesores; modorra de pensar en tantas cosas y me provoca correr y olvidarme de todo.

No me avergüenza decirlo. La modorra me invade también y me parece que amenaza con apoderarse de todo como si se tratase de un padecimiento contagioso y canceroso que socava las entrañas de quienes compartimos el mismo espacio de la UDO. No me da vergüenza porque prefiero mirar la viga en mi ojo que la viruta en el del prójimo; eso, pienso, ya es un paso adelante. Sin sorpresa he descubierto en los demás –mis compañeros de trabajo, estudiantes y practicantes de Educación, obreros, secretarias, superiores y subalternos– el mismo estado de somnolencia permanente que hace de nuestra vida académica un pequeño purgatorio al que acudimos cada día anestesiados: ciegos, sordos y mudos ante lo que pasa a nuestro alrededor. Esta actitud –tan contradictoriamente humana y más común de lo tolerable– nos asemeja más a un rebaño de borregos que a miembros de una Universidad.

Desde luego, quisiera que este texto tuviese un tono menos sombrío, tal vez más optimista, pero eso sería mentir sobre nuestra realidad, sobre lo que vivimos –y padecemos– como comunidad, tomar la cómoda vía de la evasión, ponernos unos lentes que se ajusten más a aquello que queremos ver o dejar de ver. Después de todo, pienso que solo la verdadera conciencia de nuestras propias miserias nos permitirá mirar e ir más allá, es el primer paso para re-construir una Universidad posible y menos hostil con todos. Ya lo ha dicho Silvio Orta en este mismo espacio, el reconocimiento de que nos hallamos en un barranco es condición fundamental para salir del abismo, y eso solo es posible con trabajo y esfuerzo sostenido.

Si una cosa he aprendido en mi corta experiencia docente es que un profesor ha de ser un apasionado y un seductor en igual medida; muy bien lo sabemos quienes trabajamos en la formación de docentes y con enseñanza de la literatura. Hemos dejado, sin embargo, que la pasión y la seducción se diluyan con el peso de lo rutinario y las obligaciones, hasta desaparecer y convertir en un profundo letargo nuestra existencia universitaria. La pasión por lo que hacemos y la capacidad de seducir a otros con nuestro trabajo, con lo que somos, son dos posibles vías para despertar de la modorra udista –ese sueño patológico que parece hundirnos poco a poco­–, para abrir los ojos y comenzar a ver la Universidad que queremos, la que tal vez nunca hemos tenido.

Con este van los primeros cien


Silvio Orta Cabrera

Profesor Jubilado UDO-Sucre

http://udistasns.blogspot.com

REGIÓN, miércoles 07 de marzo de 2012 / p. 11

Fue José Malavé, en nombre de Udistas-Núcleo de Sucre, quien me hizo la propuesta de redactar este artículo celebrante. Acepté con beneplácito. En 1980, si no me engaña mi destartalada memoria, cuando por el pasillo del segundo piso del Instituto Oceanográfico se paseaba juvenil y jubiloso el espíritu de la Mención Castellano y Literatura, concebida como germen de una Escuela de Letras en la UDO, José era de quienes cursaban una Literatura Venezolana que hube de dictar a petición de aquel maestro de la delicadeza disuasiva encubierta en los seis pies y tres pulgadas del corpachón de Jorge Vivas, entonces Jefe del Departamento.

Las hojas de los calendarios de treinta y dos años han caído en el lapso entre aquel bisiesto de 1980 y este de 2012. El alumno Malavé pasó a profesor y hace siete años obtuvo su Maestría en la Universidad de Carabobo. De aquella misma época de anuales jornadas de limpieza encabezadas por el grandulón Vivas en el inolvidable P-5 con el criterio de que a la Universidad a la que se servía o de la que se recibía formación debía respetársela y cuidarla con amoroso celo, es Adriana Cabrera, también integrada a UdistasNS. Ella forma parte del profesorado y hace poco alcanzó su Maestría en la Simón Bolívar. De los demás conozco personalmente a Ramón, Graciela, Mario, Aminta, Rassse, Salmerón, Morey Lezama y Cardoza; al resto, Francys Peretti, José Marcano Carpintero, José Véliz y Rafael Díaz, solo a través de sus artículos. Magnífico modo. Pertenecen ellos al tipo de universitarios en quienes anima la propensión a fortalecer una concepción académica y ciudadana que se corresponda con lo valores atinentes al logro del Saber que no es meta en sí, sino paso y meta… pero sin dejar de ser un paso -como alguien atinadamente dijo y no me canso de repetir-. Son gentes que al persistir en su afán han ido adelante por voluntad y esfuerzo propio que llevan al seno de los colectivos en que se integran y donde suman otros méritos, entre los cuales no es el menor su contribución a que el artículo semanal de UdistasNS alcance ya una centena de ediciones.

Han ido adelante, como otros profesores, investigadores y estudiantes, así como empleados y obreros que tienen en alta estima su condición de contribuyentes a que la Universidad cumpla con su deber ser. Todos ellos van adelante o mantienen su dignidad estudiantil, profesional o laboral, pero el Núcleo de Sucre no. El Núcleo se halla en creciente retraso. Digo “se halla” porque no creo que vaya “pa’ un barranco”. Desbarrancado está hace rato y es del barranco de donde hay que sacarlo. ¿Acaso esfuerzos diversos de diversos humanos no logran sacar seres y cosas caídos en barrancos? El querido Núcleo saldrá del barranco. Leyendo en estos días unos cuantos de los noventa y nueve artículos publicados, advertí en muchos de ellos razones que me permiten expresar tal afirmación con voz mesurada pero segura, sin caer en falsas ilusiones.

El primer artículo de UdistasNS se publicó el 7 de abril de 2010. Fue descrito como la apertura de “una experiencia en la que el grupo UDISTAS abre una ventana para que la comunidad oriental conozca de la realidad en la Universidad de Oriente”. En ello han insistido los noventa y nueve que le han seguido. Su aparición tuvo que ver con un suceso muy lamentable y muy significativo que se resume en su título: “El incendio de los depósitos de Química y Biología o la crisis del Núcleo de Sucre”. Invito a releerlo yendo al blog de UdistasNS.

En fin, al final llegamos. Gracias, queridos colegas. Escribir el “Cien” me da nuevos ánimos para contribuir a alcanzar un país donde sumemos para solucionar y no multipliquemos odios estériles. Ese afán creo que delimita ajustadamente, tal como ustedes hacen y seguirán haciéndolo con más bríos y crecientes claridades, el núcleo del cómo hacer para des-desbarrancar al querido Núcleo.

jueves, 1 de marzo de 2012

¿Adónde miran nuestros estudiantes?

Prof. Orángel Morey Lezama

Dpto. Filosofía y Letras UDO-Sucre

udistasns@gmail.com

REGIÓN, miércoles 29 de febrero de 2012 / p. 11

El profesor Camilo Jiménez, de la Universidad Javeriana de Colombia, ha renunciado a su cátedra por la incapacidad de sus estudiantes para realizar un resumen de un párrafo (ver: http://elojoenlapaja.blogspot.com/2011/12/por-que-dejo-mi-catedra-en-la.html). Ha expuesto en una carta las razones que lo llevaron a tomar la decisión de renunciar y, en mi opinión, por las consideraciones que manifiesta en su escrito, tan comunes a nuestro contexto hoy en día, creo conveniente repasar algunos puntos tocados por Jiménez que nos permiten reflexionar acerca de nuestra realidad educativa.

En principio, los estudiantes de Jiménez no solo fueron incapaces de hacer el resumen de un párrafo, también fueron incapaces de atender los aspectos más elementales de la escritura (ortografía y sintaxis) y de cumplir con las mínimas normas de cortesía que debe tener un escritor con su lector, como claridad, economía y pertinencia.

Y algo más señala Jiménez en la actitud de sus estudiantes: “absoluta ausencia de curiosidad y de crítica”, dos aspectos determinantes en quien desea aprender algo y, se supone, cualidades naturales de los jóvenes. Por el contrario, sus estudiantes más bien se caracterizaban por “más apatía y menos curiosidad”. Sostiene el profesor que la atención de sus estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante, pues ahora interesa mucho más el estado del Facebook, el mensaje en el Blackberry, entre otras cosas. Quizá, supone Jiménez, la curiosidad comenzó a desaparecer de los estudiantes cuando “el doctor Google” empezó a contestarlo todo.

Algo sucede en la educación básica, inquiere el profesor Jiménez, algo pasa en las casas de quienes ahora tienen veinte años o menos, “nativos digitales” los llama, pues cada vez más estos jóvenes pierden “la capacidad de concentración, de introspección y de silencio”. Su manera de leer, reducida a la necesidad de descifrar gráficos en internet, es hiperactiva, de una página web a otra, de una ventana a otra, del chat a un video en Youtube; entonces la actividad de leer, en palabras de Jiménez, se ha convertido en “salir al mar de internet a pescar fragmentos, citas y vínculos”, y por tanto, lo que refleja su escritura son “frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores”.

Con este modo de leer y de escribir también se pierden otras habilidades, mucho más valiosas en la interacción y relaciones sociales y ciudadanas, como escuchar con atención, elaborar razones y argumentos sostenibles, y ser capaz de oírse a sí mismo y al otro en una conversación.

Como lo han demostrado diversos estudios sobre el tema, la escritura, al servir de mediadora en los procesos psicológicos, activa y posibilita el desarrollo de otras funciones como percepción, atención, memoria y pensamiento; lo que significa que si relegamos la actividad de leer y de escribir a un segundo plano, como ocurre en nuestro sistema educativo en todas sus etapas, estaremos incidiendo negativamente en la formación de nuestros estudiantes; de allí su falta de curiosidad e interés por lo que sucede a su alrededor, su proclividad a consumir con facilidad el bombardeo de mensajes publicitarios, retóricas políticas, discursos ideológicos de todo tipo, mensajes audiovisuales a los que son sometidos diariamente sin la formación suficiente para discernir, enfrentarlos y digerirlos de acuerdo a sus intereses.

De allí también que su atención haya pasado de lo importante a lo menos interesante, y a enfocarse solo en lo que sea más fácil, en la actividad que implique el menor esfuerzo mental posible, desconociendo todos los riesgos que ello supone.

Es por estas razones (tan similares a nuestra realidad educativa en la UDO) que Camilo Jiménez ha renunciado a su cátedra, por no entender estos nuevos intereses de los jóvenes y por no encontrar la manera de enseñarles a diferenciar lo esencial de lo banal, actividad harto difícil en nuestros contextos.

Pareciera que las distintas generaciones comienzan a diferenciarse de modo abismal y que los docentes debemos entonces descubrir adónde miran nuestros estudiantes para tratar de encontrar los puentes que nos unen y, de este modo, atraerlos nuevamente al maravilloso ejercicio de pensar.