viernes, 11 de mayo de 2012
Lo obvio y lo fácil
La opinión crítica como acción
Prestaciones sociales, exprópiense
Descalabro académico
sábado, 7 de abril de 2012
Derivas de la universidad
Prof. José A. Véliz
Dpto. Biología UDO-Sucre
udistasns@gmail.com
http://udistasns.blogspot.com
REGIÓN, miércoles 04 de abril de 2012 / p. 14
Existía la noción de que el núcleo del átomo era único e indivisible; esta premisa quedó obsoleta cuando se demostró que al romper el núcleo se podía liberar una gran cantidad de energía. Descubrimos así el arma más temida de todas: la bomba atómica, aquella que solo hubo que probar una vez para demostrar su poderío.
También pensábamos que el Núcleo de Sucre, como núcleo primigenio de la Universidad de Oriente, sería único e indivisible. En eso también nos equivocamos. La primera fractura vino con la creación de la extensión de Carúpano. Luego, dentro de Cerro Colorado, cada coordinación se convirtió en un núcleo, donde cada parte, en vez de funcionar como un solo organismo, asumió una autonomía inapropiada que devino en paralización del sistema. ¿Se entiende?: el Núcleo de Sucre inmovilizado, parado en el mismo punto, cual hormiga que, por muchos pasos que da, se ve devuelta por el viento a su punto de partida; su andar es un desandar eterno. En este Núcleo, una minoría de estudiantes, profesores, empleados y obreros se echa al hombro la Universidad y hace que ésta funcione, luchando con un lastre que los hunde y hunde…
No sé si es una mala percepción, pero a veces siento que nos juzgan idiotas. Por ejemplo, ¿alguien me puede explicar cuál es el propósito de que, en una suerte de juego a la redundancia informativa, la rectora, vicerrectores, decano y hasta los presidentes de sindicatos envíen mensajes donde dicen que tal o cual día entraron recursos, o cancelarán tal o cual deuda? No entiendo cómo puede ser materia de fiesta nacional que digan que van a pagar puntualmente tal quincena o el 20% del 50 % del bono vacacional del año cuál. Los destinatarios nos alegramos porque, en la miseria en que estamos sumergidos, pensamos que salimos a flote temporalmente, pero el salvavidas de plomo sigue ahí, hundiéndonos. ¡Eso es entendernos como idiotas!
Pienso que el envío de mensajes de texto, personalizados además, donde se nos avisa que ya están listos los recursos es una forma de promocionarse, a expensas de nuestras miserias, utilizando imaginarios y ridículos “logros”. Esta táctica desesperada es la muestra de la ineptitud del gobierno “revolucionario” y de la ineficiencia de unas autoridades que deberían exhibir los logros de su efectiva contundencia a la hora de reclamar ante el Gobierno central nuestras reivindicaciones. ¿Qué pasaría si las autoridades rectorales de todas las universidades se decidieran a no aceptar el bozal de arepa impuesto y se determinaran a no admitir recursos incompletos? Nuestras autoridades parecen pensar que no ocurriría nada y sus acciones indican que prefieren aceptar lo que envían. Así, una vez más, hacemos el idiota.
Estamos llenos de quejas y carencias: que si nuestras condiciones de trabajo, que si nuestras condiciones de vida y de subsistencia… Estas mareas ocupan nuestros pensamientos, y la preocupación por impulsar un cambio en la Universidad nos parece una tarea titánica.
Con todo, seguimos convenciéndonos de que cambiaremos las cosas (esta vez sí haciendo el idiota conscientemente). Recuperar las partes del todo y hacer que funcionen debe ser la tarea primordial de quien dirija nuestra Universidad, y los actos administrativos que en derecho corresponden no deben ser materia de “mensajitos” ni de la algarabía impropia de quienes se sienten más “vivos”, sino la prueba fehaciente de que el sistema puede funcionar.
Juego de villanos
Profa. Adriana Cabrera
Dpto. Filosofía y Letras UDO-Sucre
REGIÓN, miércoles 28 de marzo de 2012 / p. 10
Todos saben que es característico de los orientales inclinarnos por el filo verbal: nuestra lengua local está equipada para ser cuchillo, pero también canto por donde nos desplazamos peligrosamente, haciendo malabares lingüísticos, dobles sentidos, comprometidas estratagemas orales. Gran parte de este comportamiento proviene de una escuela antigua, de fino entrenamiento eufemístico que valoraba a partes iguales su gusto por la indecencia y la fascinación por el recato social. Mi abuela, mujer versada en estas artes, en las que debe reconocerse la maestría especial de ciertos sectores femeninos cumaneses, contaba –con una chispa de luz bailarina en sus ojos negrísimos– cómo su círculo de amistades, todas tabaqueras, se referían al empresario Fulano de Tal, respetadísimo miembro de la comunidad, cuyo cráneo lucía totalmente desprovisto de cabello, como el señor Cabeza de Grosería. Nunca en su presencia, claro, pero sí abiertamente, muy seguras de haber conservado –casi– todas las exigencias del decoro.
Mi infancia estuvo llena de ilustraciones veteranas de este arte. Con diversión escuchaba a mi abuelita exclamar “Miércoles”, cuando se pisaba un dedo; y sabía, sin dudas, que el pisotón había sido muy fuerte cuando a “Miércoles” le seguía “Jueves” y “Viernes”. Sobra decir que jamás escuché a esa amada anciana decir ni una palabra soez, pero sabía que tenía una colección prodigiosa de fórmulas, expresiones y pequeñas piezas de ironía, jocosidad, burlas e imprecaciones.
Mucho después, en mis años iniciales de universidad, leí con gran regocijo e innegable sabor familiar las piezas satíricas de Francisco de Quevedo, joyas de impertinencia social; también esa pieza de orfebrería de la vulgaridad que es Gargantúa y Pantagruel, de Rabelais, en el cual, entre muchas otras proezas, enumera cien formas de limpiarse el culo.
Recuerdos. Lecturas. Experiencias. Todo ello para apuntalar mi pretensión de entendida en la materia; para acallar cualquier duda de mis lectores y asegurarles, sin margen de duda, que sé reconocer una buena pieza cuando la tengo en frente. Reconozco las formas en que el trabajo del lenguaje puede obrar la magia de elevar a arte las retóricas bajas y las piezas de conducta verbal impropia. Todo ello para asegurar que mi actitud frente a estos ejemplares no puede ser sino de abierto gozo. Lo que no implica que deje de reconocer los peligros de este juego cuando se desboca; cuando se manipula nuestra herencia de desparpajo verbal para confundirla con la imposición de un estado de violencia discursiva y de degradación del otro; o cuando se acusa al interlocutor de “comeflorismo” por usar un lenguaje apropiado, formal y no insultante.
Mi amigo Ricardo Ramírez Requena, profesor universitario, hizo esta advertencia-petición en una de sus actualizaciones de Facebook: “Si me saludas, no me llames m… cada 30 segundos. Si me cuentas algo importante, no me digas g… a cada rato. Si te estás despidiendo, no me digas c…m… Hay que desmontar el lenguaje de la violencia. Comencemos por tratarnos bien. No es ser pacato: es bajarle, no dos, sino más de tres, a la agresividad en nuestro país”. Y pensé en las veces, desgraciadamente cada vez más frecuentes, en las que he tenido que hacer un alto en mis clases para discutir con mis alumnos por qué es no sólo impropio sino también insano el tratamiento verbal degradante, aun cuando se cubra del velo inocente de la jocosidad, tratar de comprender junto a ellos la línea delgada que separa el chiste del insulto, el comentario inocentemente desfachatado de la ofensa, la exaltación de la violencia.
Es cierto que esa línea es cada vez más borrosa para nuestros muchachos, pero frente a ese hecho nuestro deber como educadores es también cada vez más claro: desmontar la violencia que comienza por el lenguaje, como apuntaba Ramírez Requena. No se trata de ser timorato. No se trata de ser pusilánime. No se trata de desconocer nuestra idiosincrasia. Se trata de rechazar con buen ejercicio de la lengua, con gozo en sus providencias, en todos los ámbitos, el lenguaje podrido de la violencia, la pluma servil de los insultadores de oficio, el magro espíritu de los empobrecedores de lenguaje y academia.
SaUDOso
Willians Barreto A.
Profesor Jubilado
Centro de Física Fundamental-ULA
wbarreto@ula.ve
REGIÓN, miércoles 21 de marzo de 2012 / p. 10
Fue leyendo el “Cien” de Silvio Orta cuando decidí escribir este artículo para celebrar, recordar y sufrir. Uno ve la película pasar en segundos, tantas imágenes en el vientre de la madre para luego alejarnos de ella, que todo nos dio sin recibir casi nada a cambio. Pero fue leyendo la “Modorra” de Reinaldo Cardoza cuando recibí la picada final. Esa imagen detenida, como en los cuentos de Rubi Guerra, de un pueblo polvoriento y sediento, indolente. Recordé, sí, releí y sufrí.
Así como Silvio recuerda a Jorge Vivas, a sus estudiantes, recuerdo a Singh, Aveledo, Beauperthuy, Lockwood, Luiggi, Acuña, Serra, Serrano, Castañeda, Castillo, Rosales, Rodríguez, Da Silva, Peralta, Maqueira, Hernández, Betancourt, Ruiz, Mendoza, y a muchos otros profesores, estudiantes, amigos todos, que añoro para conversar con ellos a diario allá en Ciencias, frente al mar. Puede ser el efecto de una jubilación prematura. No lo sé, digo, la nostalgia de unos tiempos que no volverán, aunque podrían ser mejores, lo sé. Cardoza está en lo cierto.
Celebro la constancia, el empeño, de esas que resultan como raras aves de mar por Cerro Colorado, cuando deberían ser las especies predominantes en ese hábitat. Celebro la rebeldía de no aceptar la realidad, que nos abruma y desconcierta, escribiendo. Haciendo pública la inconformidad que sirve a la vez para denunciar la barbarie que arrasa con todo y promete dejar sólo cenizas, recuerdos.
Siento nostalgia por mi Universidad, por mi UDO, por mi Núcleo, que dejé atrás para ganar sosiego, altura, solaz. Y he ganado todo eso pero sufro cada vez que llegan noticias de la Universidad que amo. Imagino, sueño, a mi UDO como a una madre que vela en silencio esperando el regreso de un hijo, de todos sus hijos, que están de viaje y la quieren, admiran y respetan como sólo se admira, quiere y respeta a una madre. Por más que aquí la ULA ande mal por el asedio de los imbéciles resentidos, allá pareciera estar mucho peor.
Hace mucho tiempo vi en el cine club de la UDO, en el auditorium, después del comedor, una película titulada “Eleni”. Quedó en mi memoria la imagen de una madre que se despedía a lo lejos de sus hijos para irse a la guerra civil en Grecia. Y nunca más volvió. Normalmente son los hijos los que salen a buscar la gloria y muchas veces mueren en el intento. “La decisión de Sofía” fue otra película que vi en el cine club... y sigue la madre tomando decisiones y enseñándonos lecciones más allá de la física y sus números, la literatura y sus letras.
Curiosamente no tengo memoria nostálgica de la ULA, aunque sí de la UCV. Confieso que casi todos mis buenos recuerdos universitarios son de la UDO.
Fotogramas que vienen... y van. Un diafragma que abre y cierra a una velocidad muy lenta.
Jornada de pintura en el Departamento de Física con mi hija de un año y sus moñitos –click.
Hormigas informáticas instalando (improvisando) un techo raso para crear las condiciones de la primera red académica de la UDO (1992) –click.
Secuestro por el actual Alcalde de Cumaná y un grupo de estudiantes armados en mi despacho de la Coordinación Académica asegurándome protección.... Y un escrito en la pequeña cartelera acrílica que dictaba en medio del secuestro: hasta que la zanahoria hierva.... Sospecho que lo escribió Álida, entonces Jefe de las ingeniosas Letras Caribeñas. Era el anuncio tal vez de lo que vendría... El éxodo a Mérida, justo y casualmente el 11 de abril del 2002 –click.
No todo está perdido... Ni todo es pasado, porque también hay futuro. Vamos contracorriente hacia un tiempo incierto, previsiblemente mejor.
Una primera resistencia de las actividades culturales y luego el resurgimiento con más brío, evidencia la necesidad de no depender tanto del estado. La Universidad autonomista siempre fue saeta en vuelo, a veces trasegando la noche. Ahora representa un oscuro papel. Deprimida, acezante, cansada.... Resurgirá, como la Literatura, que se nos adelantó por leer mejor la realidad. Y es que la Universidad es mucho más compleja como subsistema. Y es que la Universidad nos hace sentir saudade.
jueves, 15 de marzo de 2012
La modorra udista y la posibilidad de despertar
Prof. Reinaldo Cardoza Figueroa
Dpto. Currículo y Admón. Educativa UDO-Sucre
reycard@gmail.com
http://udistasns.blogspot.com
REGIÓN, miércoles 14 de marzo de 2012 / p. 10
Cada vez con mayor frecuencia me siento como ciertos personajes de las narraciones de Rubi Guerra, y no porque tenga rasgos heroicos o dignos de ser retratados en una obra literaria. No se trata de eso. Algunos sujetos de las ficciones de este escritor cumanés se presentan atrapados en realidades opresivas, asfixiantes y decadentes, ante las que no reaccionan ni tratan de cambiar, como si estuviesen sumidos en un estado de somnolencia, en un sopor paralizante que anula su voluntad y sus deseos. Esta actitud es lo que Orángel Morey-Lezama ha llamado, muy acertadamente, «modorra».
La mía no es una sensación aislada o casual, sino que se presenta cuando debo acudir a mi rutina diaria de actividades en la UDO, cuando recuerdo que soy parte de esa institución enferma y convaleciente. Modorra infinita al pensar en los espacios y paisajes ruinosos («tierra de nadie» y sin ley), en la cada vez más menguada presencia estudiantil en los pasillos y en las aulas, en las condiciones laborales propias de una esclavitud, en la pereza contagiosa de los estudiantes ocupados solo de cumplir con las exigencias mínimas para aprobar y obtener «como sea» un título, en la falta de docentes comprometidos que quieran formar a sus sucesores; modorra de pensar en tantas cosas y me provoca correr y olvidarme de todo.
No me avergüenza decirlo. La modorra me invade también y me parece que amenaza con apoderarse de todo como si se tratase de un padecimiento contagioso y canceroso que socava las entrañas de quienes compartimos el mismo espacio de la UDO. No me da vergüenza porque prefiero mirar la viga en mi ojo que la viruta en el del prójimo; eso, pienso, ya es un paso adelante. Sin sorpresa he descubierto en los demás –mis compañeros de trabajo, estudiantes y practicantes de Educación, obreros, secretarias, superiores y subalternos– el mismo estado de somnolencia permanente que hace de nuestra vida académica un pequeño purgatorio al que acudimos cada día anestesiados: ciegos, sordos y mudos ante lo que pasa a nuestro alrededor. Esta actitud –tan contradictoriamente humana y más común de lo tolerable– nos asemeja más a un rebaño de borregos que a miembros de una Universidad.
Desde luego, quisiera que este texto tuviese un tono menos sombrío, tal vez más optimista, pero eso sería mentir sobre nuestra realidad, sobre lo que vivimos –y padecemos– como comunidad, tomar la cómoda vía de la evasión, ponernos unos lentes que se ajusten más a aquello que queremos ver o dejar de ver. Después de todo, pienso que solo la verdadera conciencia de nuestras propias miserias nos permitirá mirar e ir más allá, es el primer paso para re-construir una Universidad posible y menos hostil con todos. Ya lo ha dicho Silvio Orta en este mismo espacio, el reconocimiento de que nos hallamos en un barranco es condición fundamental para salir del abismo, y eso solo es posible con trabajo y esfuerzo sostenido.
Si una cosa he aprendido en mi corta experiencia docente es que un profesor ha de ser un apasionado y un seductor en igual medida; muy bien lo sabemos quienes trabajamos en la formación de docentes y con enseñanza de la literatura. Hemos dejado, sin embargo, que la pasión y la seducción se diluyan con el peso de lo rutinario y las obligaciones, hasta desaparecer y convertir en un profundo letargo nuestra existencia universitaria. La pasión por lo que hacemos y la capacidad de seducir a otros con nuestro trabajo, con lo que somos, son dos posibles vías para despertar de la modorra udista –ese sueño patológico que parece hundirnos poco a poco–, para abrir los ojos y comenzar a ver la Universidad que queremos, la que tal vez nunca hemos tenido.
Con este van los primeros cien
Silvio Orta Cabrera
Profesor Jubilado UDO-Sucre
http://udistasns.blogspot.com
REGIÓN, miércoles 07 de marzo de 2012 / p. 11
Las hojas de los calendarios de treinta y dos años han caído en el lapso entre aquel bisiesto de 1980 y este de 2012. El alumno Malavé pasó a profesor y hace siete años obtuvo su Maestría en la Universidad de Carabobo. De aquella misma época de anuales jornadas de limpieza encabezadas por el grandulón Vivas en el inolvidable P-5 con el criterio de que a la Universidad a la que se servía o de la que se recibía formación debía respetársela y cuidarla con amoroso celo, es Adriana Cabrera, también integrada a UdistasNS. Ella forma parte del profesorado y hace poco alcanzó su Maestría en la Simón Bolívar. De los demás conozco personalmente a Ramón, Graciela, Mario, Aminta, Rassse, Salmerón, Morey Lezama y Cardoza; al resto, Francys Peretti, José Marcano Carpintero, José Véliz y Rafael Díaz, solo a través de sus artículos. Magnífico modo. Pertenecen ellos al tipo de universitarios en quienes anima la propensión a fortalecer una concepción académica y ciudadana que se corresponda con lo valores atinentes al logro del Saber que no es meta en sí, sino paso y meta… pero sin dejar de ser un paso -como alguien atinadamente dijo y no me canso de repetir-. Son gentes que al persistir en su afán han ido adelante por voluntad y esfuerzo propio que llevan al seno de los colectivos en que se integran y donde suman otros méritos, entre los cuales no es el menor su contribución a que el artículo semanal de UdistasNS alcance ya una centena de ediciones.
Han ido adelante, como otros profesores, investigadores y estudiantes, así como empleados y obreros que tienen en alta estima su condición de contribuyentes a que la Universidad cumpla con su deber ser. Todos ellos van adelante o mantienen su dignidad estudiantil, profesional o laboral, pero el Núcleo de Sucre no. El Núcleo se halla en creciente retraso. Digo “se halla” porque no creo que vaya “pa’ un barranco”. Desbarrancado está hace rato y es del barranco de donde hay que sacarlo. ¿Acaso esfuerzos diversos de diversos humanos no logran sacar seres y cosas caídos en barrancos? El querido Núcleo saldrá del barranco. Leyendo en estos días unos cuantos de los noventa y nueve artículos publicados, advertí en muchos de ellos razones que me permiten expresar tal afirmación con voz mesurada pero segura, sin caer en falsas ilusiones.
El primer artículo de UdistasNS se publicó el 7 de abril de 2010. Fue descrito como la apertura de “una experiencia en la que el grupo UDISTAS abre una ventana para que la comunidad oriental conozca de la realidad en la Universidad de Oriente”. En ello han insistido los noventa y nueve que le han seguido. Su aparición tuvo que ver con un suceso muy lamentable y muy significativo que se resume en su título: “El incendio de los depósitos de Química y Biología o la crisis del Núcleo de Sucre”. Invito a releerlo yendo al blog de UdistasNS.
En fin, al final llegamos. Gracias, queridos colegas. Escribir el “Cien” me da nuevos ánimos para contribuir a alcanzar un país donde sumemos para solucionar y no multipliquemos odios estériles. Ese afán creo que delimita ajustadamente, tal como ustedes hacen y seguirán haciéndolo con más bríos y crecientes claridades, el núcleo del cómo hacer para des-desbarrancar al querido Núcleo.
jueves, 1 de marzo de 2012
¿Adónde miran nuestros estudiantes?
Prof. Orángel Morey Lezama
Dpto. Filosofía y Letras UDO-Sucre
udistasns@gmail.com
REGIÓN, miércoles 29 de febrero de 2012 / p. 11
El profesor Camilo Jiménez, de la Universidad Javeriana de Colombia, ha renunciado a su cátedra por la incapacidad de sus estudiantes para realizar un resumen de un párrafo (ver: http://elojoenlapaja.blogspot.com/2011/12/por-que-dejo-mi-catedra-en-la.html). Ha expuesto en una carta las razones que lo llevaron a tomar la decisión de renunciar y, en mi opinión, por las consideraciones que manifiesta en su escrito, tan comunes a nuestro contexto hoy en día, creo conveniente repasar algunos puntos tocados por Jiménez que nos permiten reflexionar acerca de nuestra realidad educativa.
En principio, los estudiantes de Jiménez no solo fueron incapaces de hacer el resumen de un párrafo, también fueron incapaces de atender los aspectos más elementales de la escritura (ortografía y sintaxis) y de cumplir con las mínimas normas de cortesía que debe tener un escritor con su lector, como claridad, economía y pertinencia.
Y algo más señala Jiménez en la actitud de sus estudiantes: “absoluta ausencia de curiosidad y de crítica”, dos aspectos determinantes en quien desea aprender algo y, se supone, cualidades naturales de los jóvenes. Por el contrario, sus estudiantes más bien se caracterizaban por “más apatía y menos curiosidad”. Sostiene el profesor que la atención de sus estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante, pues ahora interesa mucho más el estado del Facebook, el mensaje en el Blackberry, entre otras cosas. Quizá, supone Jiménez, la curiosidad comenzó a desaparecer de los estudiantes cuando “el doctor Google” empezó a contestarlo todo.
Algo sucede en la educación básica, inquiere el profesor Jiménez, algo pasa en las casas de quienes ahora tienen veinte años o menos, “nativos digitales” los llama, pues cada vez más estos jóvenes pierden “la capacidad de concentración, de introspección y de silencio”. Su manera de leer, reducida a la necesidad de descifrar gráficos en internet, es hiperactiva, de una página web a otra, de una ventana a otra, del chat a un video en Youtube; entonces la actividad de leer, en palabras de Jiménez, se ha convertido en “salir al mar de internet a pescar fragmentos, citas y vínculos”, y por tanto, lo que refleja su escritura son “frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores”.
Con este modo de leer y de escribir también se pierden otras habilidades, mucho más valiosas en la interacción y relaciones sociales y ciudadanas, como escuchar con atención, elaborar razones y argumentos sostenibles, y ser capaz de oírse a sí mismo y al otro en una conversación.
Como lo han demostrado diversos estudios sobre el tema, la escritura, al servir de mediadora en los procesos psicológicos, activa y posibilita el desarrollo de otras funciones como percepción, atención, memoria y pensamiento; lo que significa que si relegamos la actividad de leer y de escribir a un segundo plano, como ocurre en nuestro sistema educativo en todas sus etapas, estaremos incidiendo negativamente en la formación de nuestros estudiantes; de allí su falta de curiosidad e interés por lo que sucede a su alrededor, su proclividad a consumir con facilidad el bombardeo de mensajes publicitarios, retóricas políticas, discursos ideológicos de todo tipo, mensajes audiovisuales a los que son sometidos diariamente sin la formación suficiente para discernir, enfrentarlos y digerirlos de acuerdo a sus intereses.
De allí también que su atención haya pasado de lo importante a lo menos interesante, y a enfocarse solo en lo que sea más fácil, en la actividad que implique el menor esfuerzo mental posible, desconociendo todos los riesgos que ello supone.
Es por estas razones (tan similares a nuestra realidad educativa en la UDO) que Camilo Jiménez ha renunciado a su cátedra, por no entender estos nuevos intereses de los jóvenes y por no encontrar la manera de enseñarles a diferenciar lo esencial de lo banal, actividad harto difícil en nuestros contextos.
Pareciera que las distintas generaciones comienzan a diferenciarse de modo abismal y que los docentes debemos entonces descubrir adónde miran nuestros estudiantes para tratar de encontrar los puentes que nos unen y, de este modo, atraerlos nuevamente al maravilloso ejercicio de pensar.