BOLETÍN 27: Año 7 - Cumaná, Noviembre de 2010

VIOLENCIA, PARTERA DE LA HISTORIA….

Una vez más, la violencia, en sus formas más irracionales, altera la precaria normalidad del Núcleo de Sucre: interrupción del tráfico en la Av. Universidad, secuestro de vehículos, expropiación de bienes privados y, otra vez, destrucción de bienes universitarios y agresiones contra empleados, obreros y personal docente. Nada nuevo sobre el escenario de esta perniciosa y estrafalaria revolución.
 El imaginario revolucionario rinde culto a la “gran partera de la humanidad”, en el mismo altar de la lucha de clases como “motor de la historia”. Una revolución sin violencia es como espagueti sin salsa de tomate y queso parmesano. Eso explica cómo, durante todos estos años que dura “el proceso”, la impunidad ha sido acto conclusivo de los episodios violentos generados por los activistas revolucionarios en el Núcleo de Sucre y otros espacios.
Los organismos de seguridad del Estado Revolucionario tienen plenamente identificados a todos estos sujetos, saben dónde viven, dónde se reúnen, de quiénes reciben apoyo y cobijo, es decir, manejan los elementos incriminatorios suficientes para encarcelarlos. Pero nada. Cuando se requiere guardar un poco las formas, la justicia revolucionaria procede a la detención de algún hijo díscolo, quien rápidamente se gana el premio de una “medida cautelar” que le permite volver a las andanzas.
 Estos grupos violentos son uno de los recursos extrainstitucionales que maneja la revolución para tejer la bóveda del miedo; son el complemento de la dominación política institucional, ejercida por medio del aparato jurídico legal del Estado Revolucionario. Son necesarios para el “proceso” y por ello estarán siempre poblando el paisaje de la revolución. Como lo fueron en la marcha del 11 de abril, cuando centenares de revolucionarios armados, plenamente identificados en fotografías y videos, dispararon contra civiles; tan necesarios como Lina Ron y Valentín Quintana, como los grupos armados del 23 de Enero y las FBL en Barinas y Táchira; tan libres de acción e impunes como los miembros del “colectivo” que pusieron la bomba en el edificio de Fedecámaras, identificados en los videos de las cámaras de seguridad; como los “Mano Negra” del Núcleo de Anzoátegui, amparados por los cuerpos policiales del Gobernador de ese estado; tan necesarios como los grupos violentos de la UCV y de las Residencias Estudiantiles “Domingo Salazar” de la ULA.
 Ellos, junto con la Milicia, son los guardianes armados de la revolución, de su virginal pureza. La devoción revolucionaria por la violencia es tan enfermiza que puede convertir en héroe revolucionario a quien en el pasado hizo uso de la violencia para cometer delitos contra los derechos humanos: hoy es flamante diputado revolucionario a la Asamblea Nacional uno de los pilotos de los aviones bombarderos que actuaron en la Masacre de Cantaura.
La red que se ha tejido a consecuencia de la aceptación de la violencia como mecanismo para dirimir opiniones es de tal magnitud que  resulta admirable que una asamblea de profesores, armados sólo con el uso de la razón, el amor a la universidad y la necesaria indignación, se atreva a pedir sanciones en contra los grupos violentos que se han constituido en enemigos de todos. Pero no hay otra salida. En este caso son ellos o la vida académica.

EL 26 DE SEPTIEMBRE: LO QUE PASÓ Y LO QUE VIENE…

Cambiaron la ley, modificaron los circuitos, adelantaron las elecciones y con ello impidieron una derrota mayor. El voto de cerca del 67 % de la población indica que cada vez más personas vencen sus temores y apuestan a la participación.
Por supuesto que la “Asamblea moribunda”, que  varias veces ha delegado la función de legislar en el Ejecutivo, es decir, en el Presidente, ni piensa en ejercer su función contralora. El nombramiento anticipado de los nuevos miembros del Tribunal Supremo constituye otro gran reconocimiento de las tendencias electorales que se prefiguran. Saben de la incapacidad de gestión de sus gobernadores, alcaldes y más cercanos colaboradores y están buscando un salvavidas jurídico-legal que retarde sus juicios por las innumerables violaciones a la Constitución y las leyes.
Es probable que muchos diputados oficialistas sigan legislando de espaldas al país. Pero ahora que ese otro medio país tiene representación y voz en la Asamblea; no es descartable que algunos comiencen a analizar que el periodo presidencial se vencerá antes que el de ellos y esta percepción los lleve a actuar más “democráticamente.”
La oposición en la Asamblea no podrá impedir todas las marramuncias y trampas que intenten hacer los gobierneros, pero al menos podrán denunciar e ir acumulando el expediente que, como un memorial de agravios, algún día, más próximo que lejano, se abrirá para el establecimiento de responsabilidades y sanciones por tantas actuaciones delictuales.
Tienen el inmenso reto los diputados de oposición de mantener la unidad y la coherencia, orquestando propuestas parlamentarias que mejoren (si fuera el caso) las propuestas del PSUV, al mismo tiempo que se opongan racional y firmemente a los que promueven el caos y la desinstitucionalización del país.
Deben vencer el vedetismo y las ambiciones por ser presidenciables en 2012: si demuestran eficacia y eficiencia en la gestión parlamentaria, se abona el camino en contra de la reelección presidencial y en pro de la recuperación de la democracia.

SOLIDARIDAD, uN acto de JUSTICIA

Cuando Juan Pablo II expresara que “el ejercicio de la solidaridad dentro de cada sociedad es válido sólo cuando sus miembros se reconocen unos a otros como personas” llamó la atención de todos, pues desde esta concepción la solidaridad sólo es atribuible al ser humano y sólo tiene lugar entre los hombres.
Así, pues, el desarrollo de la solidaridad estará particularmente asociado al desempeño del hombre en sociedad, y de allí su radical relación con la justicia.
Surge una pregunta: ¿Qué sucede cuando las organizaciones no son solidarias, y por tanto no actúan con justicia ante los miembros de la sociedad?  Este es el caso de nuestra organización (Asociación de Profesores de la UDO)  respecto de los siete profesores que interpusieron ante el Consejo Nacional de Universidades (CNU) un recurso jerárquico contra la Resolución CU Nº 024/2009, que permitiría la reelección de las autoridades rectorales. Por esta acción el Consejo Universitario decidió “censurar enérgicamente” a quienes cuestionaron su decisión ante una instancia superior.
Con relativa frecuencia se suele atribuir a los venezolanos, una corta memoria, pero cuando de injusticias se trata, es mejor no olvidar, pues no sabemos cuando ésta pueda tocar a nuestra puerta. Cuando el profesor Luis Acuña Cedeño, otrora Decano del Núcleo de Sucre, fue expulsado por abrir aulas del Núcleo de Sucre en Carúpano, no se hizo esperar la acción solidaria del gremio de profesores.  
Tampoco se hicieron esperar las manifestaciones individuales de los miembros de la comunidad udista en el Núcleo de Sucre. Tal como ayer, el trasfondo también es político, sólo que en aquel entonces la consulta era promovida por las propias autoridades de la UDO ante el CNU, y ahora lo es por unos profesores. En el caso de la destitución del decano Acuña, fue el CNU el órgano administrativo escogido para debatir los asuntos de la vida académica interna, y no por ello se “puso en peligro la estabilidad institucional de la Universidad de Oriente” (http://www.udo.edu.ve), como se nos ha querido hacer ver; lo que corrobora que estas decisiones están siempre mediadas por lo político.
Desde UDISTAS rechazamos el abuso de poder  del Consejo Universitario quien pretende intimidar, censurar y sancionar a quienes ejercen sus derechos. Aunque no suscribimos la solicitud formulada ante el CNU, entendemos que esta es una acción legítima de un grupo de profesores, que antes que nada son ciudadanos. No perdemos de vista que el telón electoral que sirve de fondo a todas estas actuaciones puede alterar la percepción de lo que es correcto; aun así, la justicia debe prevalecer.

LA MALA MEMORIA

Los peces bailarinas machos, luego de 30 segundos, no recuerdan la acción que iniciaron. Los venezolanos nos parecemos a ellos. Vivimos inventando el agua tibia o experimentando por primera vez, como si fueran nuevas, cosas que han ocurrido muchas veces. Por eso nuestro avance como nación, comunidad e individuos es lento y azaroso. La mala memoria genuina o conveniente nos impide rechazar o emular hechos pasados claramente negativos.
Por eso para muchos en el Núcleo de Sucre los actos vandálicos del miércoles 27 pasado son algo inédito y repudiable. Compartimos lo último, pero no que esto sea algo nuevo. Hay que tener muy poca memoria o mucho caradurismo para presentarse como adalides del respeto y la tolerancia cuando se ha propiciado, aplaudido o incluso protagonizado actos de violencia y amedrentamiento. Veamos por qué.
Desde el 2002 al 2004, los profesores que manifestamos descontento por las penurias a las que el gobierno de entonces, el mismo de ahora, nos tenía sometidos, fuimos perseguidos, vejados y hasta golpeados por un grupo de estudiantes afectos al oficialismo. Estos vándalos intentaron quemar la sede de APUDONS y destruyeron material electoral. Repudiables cosas pasaron ante la mirada indiferente de muchos y la complaciente o satisfecha del resto. Era la forma de acallar el disenso y por lo tanto nunca se actuó contra ellos. Hoy esos vándalos forman parte del gobierno local y regional.
No podemos olvidar que, en esos años, el profesor Luis Aristimuño fue golpeado; los profesores Ireys Gómez y Rafael Díaz fueron vilipendiados públicamente; los profesores Ramón Ochoa y Carlos Estanga casi fueron linchados por una masa estudiantil enloquecida. Algunos deberían recordarlo ya que no sólo estuvieron presentes, sino que también aplaudieron lo que ocurría. Cómo olvidar cuando el bachiller Reyes y otros estudiantes fueron arrastrados y entregados a la policía estadal por estudiantes y profesores afectos al oficialismo. Cómo olvidar la quema de la sede del sindicato de obreros en Cerro del Medio o los tiroteos para dirimir el poder entre estudiantes chavistas. No se puede ignorar que las autoridades de turno no hicieron nada.
Ratificamos nuestra mejor disposición a trabajar con todos por la superación de los errores cometidos en el tratamiento de situaciones como las señaladas. Aunque algunas cosas aquí indicadas puedan sonar a acusaciones y señalamientos, las recordamos para hacer ver que nada de lo que ocurre es nuevo. Lo nuevo es que “los hunos” están más fuera de control que en otras oportunidades. Llegamos a la selva profunda, al sálvese quien pueda.
UDISTAS desde sus inicios ha rechazado todo tipo de violencia. Estamos dispuestos a acompañar todos los esfuerzos sinceros y decididos orientados a resolver, de una vez por todas, esta grave y triste realidad. Sin embargo, exigimos de las autoridades decanales y rectorales que ejerzan la autoridad que les hemos otorgado, y, de ese modo, eliminen todo tipo de inmunidad e impunidad que favorezca a individuos o grupos transgresores de la normas institucionales y desconocedores de los derechos de los demás.
Este problema nos afecta a todos y todos debemos contribuir a su solución. Asumamos responsablemente el esfuerzo sostenido, continuo, necesario para que a la vuelta de unos años podamos convivir en un ambiente universitario armonioso y digno.