domingo, 22 de agosto de 2010

SOLICITUD DE CONVOCATORIA DE ELECCIONES DE REPRESENTANTES PROFESORALES AL COGOBIERNO UNIVERSITARIO

Cumaná 08 de julio de 2010

Ciudadanos

Presidente y demás miembros de la Comisión Electoral

Universidad de Oriente

Su despacho

Quienes suscriben, profesores de la Universidad de Oriente, les manifestamos nuestra preocupación por la evidente y sostenida violación de la Ley de Universidades y el Reglamento Electoral de esta casa de estudios en lo relacionado con la elección de la Junta Superior Universitaria y de la representación profesoral ante el Consejo Universitario de la Universidad de Oriente. Estas violaciones ocurren mientras que ustedes hacen el llamado a la elección de las autoridades rectorales para el periodo 2010-2014.

A este respecto, les recordamos que en fecha 13 de junio de 2007 se efectuó el acto de votación que permitió elegir la representación profesoral ante la Junta Superior Universitaria (lapso 2007-2009). Hasta ahora no sabemos por qué la Comisión Electoral no expidió las credenciales respectivas y no procedió a proclamar en un tiempo perentorio a los profesores que resultaron electos en ese proceso, según lo establece elReglamento Electoral de la UDO en su artículo 11, numeral 20. La comunidad universitaria no recibió una oportuna aclaratoria, a pesar de que en comunicación enviada al Presidente de la Comisión Electoral UDO, con fecha 01 de octubre de 2007, se le solicitó “una explicación de las razones que privaron para que no se cumpliera con los estatutos electorales de la Universidad de Oriente”. Tampoco sabemos qué razones privaron para que no se observara el Reglamento, ya que es responsabilidad del Presidente de la Comisión Electoral “cumplir y hacer cumplir las disposiciones de este Reglamento, las emanadas de la Comisión Electoral y las que dicte el Consejo Universitario” (artículo 12, numeral 1).

Así mismo, es irregular la no convocatoria a la elección de los representantes profesorales al Consejo Universitario. El período de tres (3) años de los profesores que ocupan tal representación se venció en el segundo semestre del año 2008, según lo norma la Ley de Universidades vigente en su artículo 25; allí se establece que “El Consejo Universitario estará integrado por […] cinco representantes de los profesores”, y a continuación indica el parágrafo primero: “Los representantes de los profesores [...] durarán tres […] años respectivamente, en el ejercicio de sus funciones […]”. Las elecciones para renovar esta representación debieron ser convocadas por la Comisión Electoral en el segundo semestre del año 2007, pues así lo establece el artículo 168 de la misma ley, donde se señala que “La Comisión Electoral convocará a elecciones en el transcurso del segundo semestre del año lectivo anterior al vencimiento de los respectivos períodos electorales”. Este acto no ha sido ejecutado por ustedes, contraviniendo, una vez más, la Ley de Universidades, y sin explicaciones a la comunidad universitaria. En este período de duración indefinida de la representación profesoral en el Consejo Universitario se han tomado decisiones y se han promulgado resoluciones que coliden con la legalidad y la institucionalidad, y –lo más preocupante– se han arriesgado innecesariamente la estabilidad y fortaleza moral necesarias para navegar ante los problemas reales que nos aguardan, que son graves y numerosos.

A la fecha de esta comunicación están vencidas también (desde el 2009) la representación profesoral a los Consejos de Escuela, Consejo Científico del Instituto Oceanográfico de Venezuela y Consejos de Núcleos. Es necesario que se convoque a elecciones de representantes profesorales con perentoriedad. Es imperioso que todos los actos democráticos a celebrarse se ejerzan con todo el riguroso y pulcro respeto a nuestras leyes y estatutos, a la institucionalidad como máximo valor académico.

Hoy, nos dirigimos a ustedes para exhortarlos a retomar el camino democrático, el mismo que se ha pretendido subordinar a intereses particulares y grupales. Ha llegado la hora de reafirmar, ante la comunidad universitaria y ante el país, nuestro espíritu democrático, y de mostrar a la Universidad de Oriente como ejemplo a seguir.

Nuestra Universidad ha tenido tiempos difíciles, pero siempre ha seguido adelante, no sólo gracias a la visión de quienes otrora ocuparon los más altos cargos, sino porque profesores y estudiantes, han permanecido fieles a nuestros estatutos fundacionales y a los ideales democráticos y autonómicos.

Así ha sido, y así debe ser con esta generación udista.


Atentamente


120 Firmas suscriben este documento

Firmas Adjuntas


C.c./ Autoridades Rectorales, CU, APUDO (Anzoátegui, Bolívar, Monagas, Nueva Esparta, Sucre), Comunidad Universitaria, FAPUV, AVERU

martes, 10 de agosto de 2010

EL EDIFICIO DE CIENCIAS: 100 escalones de abandono






Comunidad / 11-08-2010 / Pág. 13

El viejo edificio de Ciencias no tiene dolientes; no los tuvo cuando lo declararon inhabitable, después de la noche de desvelo y pavor que tuvo el Director de Planta Física de la UDO, Prof. Akram Bouf, cuando vio caer el puente sobre el Río Mississippi (EEUU) el 1º de agosto de 2007. El Prof. Bouf imaginó que algo así podría ocurrir aquí. Después de declarar su inhabitabilidad, la suerte y lenta agonía del edificio fue decretada.

El edificio emblema del Núcleo primogénito de la Universidad de Oriente existe desde aproximadamente unos 43 años. En él, por mucho tiempo, se generó un gran porcentaje de la investigación que se hacía en la Universidad de Oriente. Sin ser un instituto de investigación, sus profesores y tesistas produjeron conocimiento y progreso en diversas ramas de las ciencias físicas, químicas y biológicas. Hoy es un homenaje a la desidia, a la poca importancia que para el gobierno nacional y las autoridades universitarias tiene la ciencia. Numerosos Decanos, Coordinadores Académicos de Núcleo, y hasta un Ministro de Educación Superior, salieron de sus departamentos.

Su anatomía está en tan mal estado que la mezcla de decepción y rabia dificultan su descripción. Por fuera, las fachadas norte y sur exhiben capas de pintura descolorida y desconchada que revelan eras de abandono dignas de un estudio paleontológico, y, además, reflejan la ignorancia en el mantenimiento de un edificio hecho en obra limpia. Parasoles desvencijados, grietas a granel, tuberías oxidadas, filtraciones, viejas cuerdas de pancartas y pegotes de afiches viejos, dan cuenta de las arrugas y el abandono que sufre. Por dentro, son 100 los escalones manchados y agrietados, que han permitido recorrer sus cinco pisos a estudiantes durante su paso por la Universidad y a profesores durante una gran parte de su vida productiva, los que muestran la ignominia. En las paredes y techos de cada piso rebotan los sueños, pensamientos y diatribas de miles de jóvenes que alguna vez soñaron, con hacer grandes descubrimientos y lograr quizás algo de reconocimiento. En cada piso, equipos desincorporados, como parte de las medidas paliativas para aligerar la carga del edificio, y que alguna vez fueron la última versión de todo lo nuevo (¿Por qué no están en un museo?), reposan desde hace dos años, quizás más, a las puertas de dos viejos ascensores que no funcionan hace más de diez años. El Edificio de Ciencias está en penumbras; después de las cinco y media de la tarde, es imposible hacer ninguna actividad. Por otra parte, las fallas de energía eléctrica, agua y gas refrendan el estado del país. Su última tragedia, el incendio de los depósitos de Química y Biología, como consecuencia del racionamiento eléctrico y el abandono, contribuyó más a su deterioro.

Lo peor es que no se vislumbran soluciones. Los planes de rescate y las recomendaciones de intervención y refuerzo de los ejes de la infraestructura, sellado y revestimiento de grietas, columnas, pantallas y parasoles no se han hecho. Ni siquiera se ha emprendido la reparación de las filtraciones de agua. Las reparaciones menores que podría realizar la institución que cuenta con personal para ello, léase, electricidad, plomería, refrigeración y mantenimiento, no se han realizado tampoco. Una vez más la falta de recursos que condena el éxito de cualquier gestión se hace presente. El entonces ministro de turno del MPPES, profesor adscrito al Dpto. de Física, se comprometió, en asambleas realizadas durante febrero 2008, a facilitar los recursos que ameritaba la reparación de la Escuela de Ciencias y hasta la fecha no se ha concretado nada. Las autoridades decanales y rectorales supuestamente han hecho su mejor esfuerzo en la consecución de estos recursos, pero hasta la fecha no se sabe si es cierto o si se trata de una leyenda urbana: los recursos están represados en alguna instancia y la eficiente gerencia universitaria no ha podido lograr su desembolso.

Mientras tanto, siguen siendo 100 los escalones que hay que recorrer para conocer la realidad y el abandono del edificio de Ciencias. Cómo creer que la entrega del Núcleo al oficialismo, como planean algunos colegas, sea la solución a nuestros problemas, cuando éste es corresponsable de lo que sucede.

Prof. José A. Véliz

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jueves, 5 de agosto de 2010

FRUSTRACIÓN Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA





Comunidad/ 05-08-2010 / Pág. 13

Este gobierno ha fracasado evidentemente. Entre los sentimientos que suscita este fracaso destaca la decepción. En 1998 un porcentaje muy alto de la población expresó su desilusión ante los gobiernos adecos y copeyanos y creyó en una alternativa y una esperanza buscando un país mejor donde los recursos fueran manejados honestamente para darle oportunidades democráticas a todos y, en particular, a los más desposeídos.

Después de 11 años de gestión un desencanto muy grande sustituyó a la esperanza ante las promesas incumplidas y la cantidad de desatinos cometidos.

La nueva constitución se convirtió en una de las primeras victimas de aniquilación institucional a raíz de una pasión desenfrenada por el poder que no respeta los valores históricos ni su sedimentación en las leyes.

Los índices de inseguridad personal han crecido exponencialmente convirtiéndose en el mayor problema para la población, que no entiende el desinterés y la ausencia de mecanismos para recuperar la tranquilidad ciudadana.

Enfermedades endémicas, que ya habían sido controladas, repuntan mientras las políticas oficiales sanitarias se muestran ineficientes para proseguir una labor institucional que se llevó efectivamente por décadas.

Barrio Adentro, política bandera del actual gobierno, languidece por falta de recursos, después de la efervescencia y la publicidad inicial, al igual que los centros que constituyen el sistema de salud pública, donde los familiares deben costear los gastos de medicamentos y otros artículos médicos.

La red de comercios e industrias nacionales se encuentra desmantelada con el consecuente aumento del desempleo y pérdida de capital nacional.

La promesa de soberanía alimentaría se convirtió en una gigantesca red de corrupción. Hoy dependemos más que nunca de los puertos para obtener los alimentos de la dieta diaria.

Los venezolanos se encuentran empobrecidos por efecto de la inflación y el desabastecimiento.

El clientelismo, la discriminación y la persecución políticas se acentúan y magnifican sustituyendo la preparación profesional y los mecanismos cristalinos y democráticos.

La corrupción es inocultable pero se le permite y apaña mientras avanza el deterioro del nivel de vida de la generalidad.

En el ámbito universitario se suceden episodios que configuran un plan de apoderamiento político, exponiéndonos al retraso científico y académico.

Llama la atención que los oficialistas y quienes no adversan a este gobierno se comporten políticamente como si no vieran este fracaso, resulta claro que los filtros perceptuales y actitudinales distorsionan la realidad al punto de oscurecerla, al punto de posponer la imposición de la realidad. Pero más tarde o más temprano la realidad acaba por penetrar nuestros sentidos y, lo más importante, nuestra conciencia. No tomar en cuenta los elementos del fracaso del actual gobierno resultaría una acción suicida porque terminará haciéndonos victimas propiciatorias de nuestra propia destrucción. Errar es de humanos persistir en el error es de necios.

El ciclo natural de la decepción es la insatisfacción cuando no vemos realizadas nuestras expectativas. La insatisfacción reúne sorpresa y dolor. Si las condiciones de decepción perduran se llega, fácilmente, a la frustración y a la desesperanza. En los casos en los cuales se supera la frustración, el ciclo se reinicia con la elaboración del duelo y la creación de nuevas expectativas.

En el presente, observamos como la desesperanza y el temor se han apoderado de grupos de venezolanos quienes, renunciando a la participación política, meten la cabeza en la tierra como el avestruz.

A los desesperanzados les decimos que, aunque imaginemos que estamos tocando fondo, la situación aún puede empeorar. No será cerrando los ojos como lo evitaremos. Si el poder reside en las personas, en la gente, en el pueblo, debemos retirárselo a los incapaces, debemos impedir que sigan haciendo daño, desmantelando el país.

A los que confiaron en los incompetentes que gobiernan les decimos que peor que errar es renunciar a la posibilidad de aprender de nuestros errores y peor aún es desistir de la posibilidad de rectificar.

A quienes añoran y a quienes temen volver al pasado, les decimos por igual que tal cosa no es posible, ni deseable. Es necesario convertir la decepción en crítica, en expresión y en acción política. Debemos actuar hoy si queremos un futuro mejor.

Profesor Ramón Oswaldo Ochoa Guerra

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jueves, 29 de julio de 2010

NO HAY QUE MORDER EL ANZUELO…





Comunidad - Jueves 29/07/ 2010- pág.12

Voté en contra de la Constitución Bolivariana. Lo hice por diversos motivos pero los más importantes fueron mi repudio a la vileza de forzar al pueblo a aprobar la Constitución entre gallos y media noche, la contradicción creada por la existencia de una República Federal Unicameral, la declaración de una democracia participativa sin definir los mecanismos claramente, y por último, la inmunidad que se le otorgaba a los militares de alto rango. Si hubiera sido obrero o empleado universitario hubiera votado en contra porque “La Bicha”, como afectuosamente la llamaron, me excluía como miembro de la comunidad universitaria (Titulo VI Art.109).

¿Quién tiene la culpa de que la Constitución de 1999 excluya a obreros y empleados de la comunidad universitaria? ¿Por qué los obreros y empleados universitarios no leyeron cuidadosamente la propuesta constitucional? ¿Por qué no le reclaman a quien compete, léase, el Presidente y quienes le acompañan en el Gobierno? Creo firmemente que los obreros y los empleados tienen derecho a solicitar su inclusión como miembros de la comunidad universitaria. En lo que no estoy de acuerdo es en que los universitarios nos hagamos cómplices de una nueva violación de la Constitución. Lo legal es que obreros y empleados universitarios soliciten formalmente una reforma constitucional para resolver el asunto. Con esta reflexión quiero llamar la atención sobre lo que subyace ante esta nueva violación a “La Bicha”.

La historia de la humanidad, y la de Venezuela, está llena de ejemplos de cómo los atajos ilegales que se tomaron para resolver entuertos se convirtieron luego en armas eficaces, contra quienes los solicitaron, cuchillo pa` su propio pescuezo. Entre los ahora promotores de la inclusión de los obreros y empleados en la elección de las autoridades universitarias hay personas que los ignoraron cuando se escribió la Constitución Bolivariana. ¿Por qué tienen tanto apuro? ¿Por qué están dispuestos a violar nuestras leyes nuevamente? ¿Será que detrás de esa insistencia está el caballo de Troya que finalmente le permitirá al chavismo apoderarse de las universidades públicas para acabar con su autonomía?

En este aspecto y en el siguiente hay que ser muy cuidadoso y desconfiado. Recientemente se han producido movimientos en el núcleo y visitas a la Asamblea Nacional y al MPPEU resucitando la idea de separar el Núcleo de Sucre del resto de la Universidad de Oriente. Las razones esgrimidas son las mismas de siempre: la arbitrariedad de las autoridades rectorales quienes no demuestran interés por este núcleo y, al eliminar el Rectorado, el uso más eficiente del dinero público.

Para quien no hace vida en el Núcleo de Sucre y no conoce la trayectoria de las personas que propugnan la idea, la propuesta luce adecuada. El asunto está en que entre los proponentes de esta solución mágica hay quienes son, o fueron, autoridad en el núcleo y se han comportado de la misma manera como dicen que lo han hecho las autoridades rectorales. Lo que parece es que el chavismo quiere anular la resistencia de las universidades autónomas a como dé lugar. En resumen, tras la brillante propuesta se oculta un vulgar “quítate tu pa´ ponerme yo”. No hay que presumir de mucha inteligencia para reconocer que luego de ocho (sí. ¡Ocho!) gestiones decanales, este grupo de colegas no ha sabido conducir nuestro núcleo.

Arriesgarnos a servir el Núcleo de Sucre en bandeja de plata al gobierno es una acción irresponsable y peligrosa que podría terminar volviéndose en contra de los ofertantes. ¿Es que acaso somos tan ingenuos para pensar que el actual Ministro designará a alguno de los proponentes como nuevo Rector o que mantendrá la seguridad de nuestros puestos de trabajo? Si no lo creen, miren la actuación de nuestro ex decano, ex ministro y hoy aspirante de nuevo a la asamblea. ¿A quien designó como Rector a raíz de la intervención de la Universidad Simón Rodríguez? ¿A un profesor de esa casa de estudios? No, el nombramiento recayó sobre un extraño, casualmente el también ex decano Mario Cavani.

Prof. José Rafael Díaz

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jueves, 22 de julio de 2010

EL SEXO DE LOS ÁNGELES






Existen expresiones afortunadas. Algunas frases se apoderan del tiempo y nos obligan a vivir con ellas. No importa si algunos grupos o personas las reprochan o las reniegan. Existe un algo, indefinible, que alimenta las expresiones y obliga a su uso, so pena de romper los canales de comunicación. Parecen un dictamen del tiempo. Esas frases aparecen, en boca de la generalidad social, no importando la actividad humana específica e inclinando el comportamiento.
Pasa eso con la expresión “romper paradigmas”, una expresión, de origen académico, que permea la visión pragmática del mundo social y que se ha convertido en un lugar común en infinidad de eventos sociales. Quien más y quien menos quiere, llegada su oportunidad, “romper paradigmas”. El asunto no sería trascendente si se tratara, en la práctica social, sólo de una frase de moda o de una expresión de esnobismo, al estilo de “taxi, siga ese auto” o “hasta la vista, baby”, pero cuando esta “necesidad” de romper paradigmas se aplica a aspectos de la vida social donde su ejecución implica aspectos neurálgicos, como los currículos universitarios, debe sopesarse con total seriedad la aplicación de este mandato del tiempo.
Dentro de lo que se ha llamado rompimiento paradigmático en las universidades aparecen algunas ideas que, consideradas detenidamente, pueden resultar nocivas para la principal labor universitaria: la formación de los profesionales del país. Obviamente no podemos tratarlas en profundidad, ni negamos, con su sola enumeración, los vestigios de verdad o de genuino interés que pudieron originarlas, pero invitamos a su consideración.
Asistimos, por ejemplo, a una generalización de ideas y prácticas donde se minimiza la función del docente universitario. Una muestra de ello lo encontramos claramente expresado en el discurso donde se produce la sustitución de la figura del profesor por la imagen de facilitador, negándose con ello la experticia necesaria al carácter del docente universitario, una de cuyas labores consiste en mantener actualizado el arte de su ciencia. Otra expresión de lo mismo es la desafortunada costumbre de dejar en manos de los estudiantes la exposición de los contenidos, sin la guía y el ajuste teórico que sólo puede brindar quien lo ha estudiado a profundidad. Igualmente, consideramos la presencia de los llamados “talleres”, tan solicitados por los estudiantes, donde la responsabilidad del acto académico (enseñanza -aprendizaje) se difumina en una suerte de compromiso colectivo, a mi criterio de muy difícil evaluación.
Esta “moda” académica obedece a una serie de representaciones de muy buen sonar, pero de difícil sustento teórico. Una de ellas es que los aprendices son capaces de aprender por su cuenta, reforzándose una noción de autonomía que sostiene que cada persona puede aprender de una manera particular. Con esta visión se niega la presencia en lo individual de los elementos culturales y del inmenso trabajo de la pedagogía como ciencia.
Un aspecto realmente alarmante es la sustitución de contenidos considerados tradicionales. Dentro de esta idea de lo tradicional se supone la noción de viejo, desactualizado, vencido o inadecuado a los tiempos, lo cual no es necesariamente verdadero. Por una visión así desaparecieron de los currículos de la educación secundaria los programas de historia universal, de historia del arte, la enseñanza del latín y otros programas que ayudaban al estudiante a colocarse, en el mundo y en el tiempo, como producto histórico y cultural. Los docentes universitarios sufrimos por ello la presencia de estudiantes que tienen una noción limitadísima del mundo que habitan.
Tan alarmante como lo anterior es la existencia de una pedagogía vacía de contenidos, que está centrada en las formas de enseñar sin importar lo que se enseña. A estas actividades se dedican innumerables horas de docencia, de recursos y de discusiones curriculares, sin otro producto apreciable que el entusiasmo de los estudiantes que se conforman con clases como las descritas, como si estuvieran observando un performance mediático. Otros reflexionan sobre la sensación de vacío, en términos del aprendizaje, con la que salen de esos salones de clase.
No es una realidad sencilla la que comentamos. No se trata de asumir irreflexivamente el mandato del tiempo de romper paradigmas, con discusiones infinitas de modificaciones curriculares. Se trata de observar la realidad de la docencia universitaria y de referirla a su función social.
Si no lo hacemos corremos el riesgo de que pase en la universidad lo que pasó en la civilización grecorromana cuando, dormida en los laureles de un modelo social que duró más de dos mil años, se negó a ver cómo se resquebrajaba el imperio bizantino, con peleas intestinas, disputas entre el estado y la iglesia y la presencia de los turcos musulmanes en las puertas de Constantinopla.
Se cuenta que cuando el imperio cayó en poder de los turcos, los políticos regentes de Bizancio estaban en el interior de sus palacios discutiendo cuántos demonios cabían en la cabeza de un alfiler y tratando de dilucidar el sexo de los ángeles.
Profa. Graciela Acevedo
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miércoles, 14 de julio de 2010

LA DISCRIMINACIÓN COMO POLÍTICA DE EMPLEO EN EDUCACIÓN






COMUNIDAD / 14-07-2010/ Pag. 13

Son muchos los egresados en las recientes promociones de la Licenciatura en Educación mención Castellano y Literatura de la UDO que nos comentan del impedimento práctico para acceder a un puesto de trabajo con la llamada Zona Educativa del estado Sucre. Suponemos que algo semejante debe estar ocurriendo con los titulados en otras menciones.

Según lo que hemos logrado saber por diferentes fuentes, se ha puesto en ejercicio una política oficial que privilegia la contratación de los egresados de la Misión Sucre para los cargos de docentes en educación básica, media y diversificada. Al parecer, se sigue un mandato del propio Presidente, quien ordenó incluir las promociones de las misiones en la nómina estatal (ver El Nacional 13/06/2010, Siete días, p. 2).

De esta manera, se viene obstaculizado la posibilidad de que egresados de instituciones universitarias como la UDO ocupen puestos donde desempeñen la profesión para la cual han sido formados durante varios años. El argumento verdadero del manejo referido no es simplemente el de la necesidad de la inserción de los egresados de dicha Misión en el campo laboral. En boca de directivos de la dependencia estadal administradora de la política gubernamental, en reuniones y talleres, se expresa que el personal docente debe ser el “formado” en la orientación socialista, egresados afines al “proceso revolucionario”, condiciones que instituciones universitarias como la nuestra no garantizan.

Lo primero que debe apuntarse es que estamos en presencia de una descarada conducta discriminatoria que, como tal, niega principios constitucionales básicos que consagran el pluralismo y el derecho al trabajo, así como el rechazo a la discriminación en todo ámbito social, particularmente el educativo, principios establecidos primordialmente en los artículos 2, 21 (numeral 1), 57, 87, 88, 89 (numeral 5), 102, 103 y 104. Esta política nacional del gobierno ha sido denunciada por varias instituciones; una muy destacada es la Asociación de Profesores de la Universidad Experimental Libertador (APROUPEL), que en un pronunciamiento público demanda “Igualdad de condiciones y oportunidades de trabajo para todos nuestros egresados, por cuanto su incumplimiento es violatorio de sus derechos civiles, humanos y profesionales contemplados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en los tratados internacionales” (El Nacional, 19/06/2010). La UPEL, como sabemos, al igual que la UDO, se ha encargado por años de la formación y perfeccionamiento docente; de allí que exija, a través de su gremio, “respeto a la profesión y ejercicio de la carrera docente” (ídem). Cabría preguntarse si autoridades universitarias (rectorales, decanales, de la Escuela y sus departamentos) y representantes del gremio profesoral de la UDO han advertido esta injusta realidad en nuestro medio, ante la cual debe haber alguna respuesta.

A propósito de esto, habría que señalar un segundo aspecto de inocultable gravedad: ¿cómo queda en toda esta situación la labor formadora de educadores de instituciones universitarias como la nuestra? En la práctica es desconocida y relegada. Después de más 40 años de existencia de nuestra Escuela de Educación formando docentes en el espíritu plural y amplio que debe caracterizar todo quehacer educativo en una sociedad democrática, sus egresados pasan a ocupar un segundo lugar (cuando menos) por no estar identificados como instrumentos reproductores de un pensamiento único (léase “revolucionario” o “socialista”). En nombre de una ideología y praxis fracasadas históricamente, y de una estrategia populista, se ignora e irrespeta la labor y atribución académica de una institución universitaria con larga tradición en la formación docente.

Y finalmente, derivado de lo anterior, un tercer aspecto: la calidad académica de los egresados en educación de la Misión Sucre. Si el mismo Luis Fuenmayor Toro, quien estaba en la OPSU cuando esta misión fue implantada, ha dicho: “[…] no sabemos quiénes son los docentes que les dan clases […]” (ver El Nacional 13/06/2010, Siete días, p. 1), ¿qué podemos pensar? Incluso, en este reportaje citado el presidente de la Subcomisión de Misiones Educativas de la AN, Eddy Gómez, declara: “Hay que ver los alcances de las carreras que se imparten”. En investigaciones sobre las misiones educativas, realizadas por la UCV, se revelan, entre otros rasgos problemáticos, la carencia de criterios para ejecutar los programas y la poca participación de personal especializado (ver El Nacional01/09/2009, Nación-5). Desde diferentes perspectivas e instancias, pues, está en observación la calidad de la formación que en esa misión se “facilita”.

Atendiendo a nuestra función de formar a formadores, misión de muchos de los profesores de la Universidad de Oriente, y, por supuesto, haciendo valer las atribuciones de sus autoridades en los diferentes niveles jerárquicos, debemos afrontar esta realidad que menoscaba la labor que realizamos y atenta contra las expectativas de gran parte de nuestra población estudiantil.

Prof. José Malavé M

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miércoles, 7 de julio de 2010

INGRESO A LA EDUCACIÓN SUPERIOR: EL LADO OCULTO DE LA EXCLUSIÓN






COMUNIDAD/Cumaná 07 de julio de 2010/ Pag. 8

El ingreso a la Universidad, y en general a la Educación Superior, ha sido tema del debate académico permanente, y más recientemente lo ha sido también del debate político. Por esta razón se hace necesario hacer algunas aproximaciones que permitan ubicar el concepto de exclusión social en su contexto, en función de los cambios en los ámbitos económico, político y social. Se parte, entonces, de entender aquella como el “proceso mediante el cual los individuos o grupos son total o parcialmente excluidos de una participación plena en la sociedad en la que viven” (European Foundation for the Improvement of Living and Working Conditions. Public Welfare Services and Social Exclusion 1995:4).
Durante la década de los 70 e inicios de los 80 las instituciones educativas del nivel superior comenzaron a confrontar un problema que tuvo sus orígenes en la masificación de la educación en todos sus niveles. Este proceso produjo una alta demanda de cupos en todas las universidades que no pudo ser satisfecha por las limitaciones de espacio físico, presupuesto, número de docentes, entre otras condiciones.
El problema de accesibilidad a las instituciones universitarias aún persiste A la realidad anteriormente puntualizada se unen otros factores que profundizan la imposibilidad de estudio de una gran parte de la población estudiantil que egresa de los niveles medio y diversificado, tales como la pertinencia social de la educación superior, la equidad en los métodos utilizados para asignar cupos y calidad de la educación, entre otros.
La conformación de movimientos sin cupos, que pugnaban por el derecho a la educación, obligó a que los entes oficiales en 1978 pusieran en práctica una prueba que permitiera unificar criterios para el ingreso al nivel de educación superior. La Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU), la Oficina de Orientación y Admisión a la Educación Superior (OCOADES) y el Consejo Nacional de Universidades (CNU) aprueban, el 09 de marzo de 1984, la obligatoriedad de la presentación de una prueba escrita denominada Prueba de Aptitud Académica (PAA), la cual se constituyó en requisito único e indispensable para acceder al nivel de educación superior. Es a través de ella como se obtiene el Índice Académico definido como “la capacidad o potencialidad de los individuos que aspiran ser seleccionados para cursar estudios universitarios.” (Boletín Informativo CNU, 1996); convirtiendo así los problemas de demanda en una cuestión de conocimiento y aptitudes, capacidades y características de los alumnos. Por otro lado, las instituciones educativas del nivel superior promovieron la aplicación de pruebas internas, cursos propedéuticos, programas especiales (Samuel Robinson-UCV, Proyecto Macuro-Opsu, Alto Rendimiento, Promedios UDO, etc.) y admisión por actas convenios, como métodos de ingreso que garantizarían la accesibilidad en el subsistema de educación superior.
Investigaciones realizadas por el Centro de Investigaciones Culturales y Educativas (CICE) en planteles demostraron un bajo rendimiento académico de los alumnos, relacionado con el escaso dominio de las competencias, capacidades o habilidades incluidas en los programas oficiales de educación. (Herrera, M., 1998. El Nacional / C-4). Con la eliminación de la Prueba de Actitud Académica (PAA), anuncio hecho por el presidente (24/05/2007), no desapareció la exclusión, sino que se anula un referente importante para calibrar la calidad de la educación media y diversificada, cuando no ocultarla, y por lo tanto no asumirse como un problema de Estado. Esto a pesar de que en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) se proclama a la educación como un derecho humano y como un deber constitutivo de la raíz más esencial de la democracia, de carácter gratuita y obligatoria, y que el Estado asume como una función indeclinable y de servicio público.
Las consideraciones acerca de los procesos, proyectos y otras formas establecidas para ingresar al Sistema Educativo de Educación Superior pasan, necesariamente, por las limitaciones de orden económico de los estratos sociales más bajos y las que surgen como producto de la falta de inversión en el sistema educativo, condiciones limitantes de la calidad en todos sus niveles. Adicionalmente, existen problemas relacionados con la formación docente que agravan la situación: profesores improvisados, escasa supervisión, muy mala remuneración, dificultades para realizar estudios de postgrado, entre los más destacados.
Se ha pretendido hacer ver que el problema de la exclusión en la educación superior estaba en la Prueba de Aptitud Académica o en las políticas de admisión de las universidades, y no en el deterioro de la realidad educativa, incluyendo la universitaria. Ahora que el gobierno se abroga la distribución de los cupos en el subsistema de educación superior, se hace evidente la gravedad de la crisis, por cuanto no es suficiente con garantizar el ingreso; es necesario crear las condiciones para que los estudiantes prosigan y culminen exitosamente sus carreras. Para ello se requiere más y mejor inversión en educación: en servicios estudiantiles (comedor, transporte, bibliotecas, becas, ayudantías, etc.), en formación docente, en mejora de la calidad académica de los alumnos y progreso profesional y salarial de los decentes en los niveles preuniversitarios, en mantenimiento de la planta física existente y en la creación de nuevas infraestructuras e instituciones.
En las condiciones actuales la exclusión se acentúa. Este es el lado oculto de la exclusión que no se quiere mostrar.

Prof. Rafael Rasse
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martes, 29 de junio de 2010

LA CRISIS DE LIDERAZGO… Y NUESTRA UNIVERSIDAD




COMUNIDAD / Mièrcoles, 19/06/2010 – Pág. 13
El hijo de 11 años observa a su padre, sentado en el porche de su casa, fumando y con la mirada perdida. Ha escuchado muchas veces en la tele que fumar es nocivo para la salud, pero no lo parece en este momento. En este momento, tiene frente a sus ojos a la persona que admira, al que desde hace ya un tiempo lo toma de la mano y lo guía; a la escuela, al parque, al súper, a la playa…¡y qué importa si hace algo que es malo: el es su líder!
Y es que quien nos lidera no es siempre el mejor guía. La historia de nuestro país así lo ha retratado: definimos a nuestros líderes con base en valores y pensamientos desvirtuados y carentes de ética. La actitud del hijo de 11 años es inocente; la nuestra, irresponsable. Y cabe preguntarse: ¿En qué momento tantos de nosotros perdimos la noción de “lo que debe ser” por la de “lo que me conviene”? ¿En qué momento tantos de nosotros antepusimos la palabra politiquería ante la palabra política? ¿En qué momento permitimos que nuestra UDO, Núcleo de Sucre, se contaminara de tanta palabrería engañosa y barata? Un liderazgo desvirtuado que le ha salido caro a nuestra academia.
La mayoría de los líderes de la UDO presenta un historial de elegibilidad basado en el amiguismo, las prebendas, la trampa y el “ponme ahí que yo te arreglo”. La lucha por las cuotas de poder son cada día más fanáticas: es la ambición de agarrar el “coroto” para controlar la institución para conducirla a intereses partidistas, y no académicos. Ningún gremio se salva en esta comparsa electorera: estudiantes, obreros, personal administrativo y, nosotros mismos, profesores.
Las consecuencias de todo este liderazgo errado ha sido el deterioro de nuestra institución. Los líderes sirven para controlar unos votos, llegar al poder y luego consumirse en un caos de enfrentamientos y trancas; los gremios se mueven con intereses exclusivos, desvirtúan lo que debe ser y terminan todos haciendo cada uno lo que les da la gana. La desidia se ha apoderado de nuestro recinto. Veámoslo en la planta física: falla la supervisión y mantenimiento a nuestros edificios, la limpieza es inestable y el servicio de seguridad no tiene orden. En lo administrativo, los canales son lentos. En lo académico, no existe la supervisión docente y las actualizaciones o reformas curriculares no alcanzan su fin. En el sector estudiantil, permitimos muchas veces que grupillos de desadaptados hagan ver a la universidad como un recinto corrupto y sin ley.
Mientras, nuestra universidad sigue en espera de los líderes que retomen el rumbo de “la casa más alta”, en donde la unión de todas las fuerzas ayuden a recuperar la ética y la moral perdidas, el mejoramiento de la planta física y el restablecimiento de nuestra identidad de universitarios udistas.
Estos nuevos líderes deben entender que la decisión de hacerse elegibles tiene un principio básico: el deber ser de la Universidad. Dedicar su tiempo a trabajar para que tengamos una casa digna en la que queramos convivir. Una casa en donde cada líder de gremio propicie en sus agremiados la responsabilidad que cada uno tiene y el amor por su trabajo. Una casa que facilite la actividad para la que fue creada: la educación de calidad y la convivencia académica. Una casa en donde se guarde el respeto y la tolerancia por los demás. Una casa en donde cada líder sea el modelo de persona a seguir para un futuro próspero y feliz. Eso es lo que debemos entregarle a las generaciones que están en nuestros salones y campus en ese viaje de aprendizaje y formación.
Y a pesar de todos los inconvenientes por los que hemos atravesado, y de toda la crisis de liderazgo por la que hemos pasado y estamos pasando, es importante saber que aún hay esperanza y que todavía podemos hacernos responsables del rumbo que tome nuestro Núcleo de Sucre. Que sí hay en cada gremio personas que luchan por una universidad mejor, que están allí haciendo un trabajo de hormiguitas para que no todo se pierda. Pero debemos multiplicar a estas hormiguitas y hacerlas partícipes de los cambios que necesitamos, de las luchas justas que todos juntos debemos dar por nuestras reivindicaciones, de la visión de mundo que debemos ofrecerle a nuestros estudiantes.

Profa. Francis Peretti
udistasns@gmail.com
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viernes, 25 de junio de 2010

DE REVOLUCIONARIOS A MILITARISTAS






COMUNIDAD / Mièrcoles, 19/06/2010 – Pág. 13

El cambio en las cosas es registrado desde la antigüedad en los textos de Heráclito. En la historia, la literatura, la biología son comunes las metamorfosis. Uno de los casos más emblemáticos es el de Gregorio Samsa, personaje de la novela de Franz Kafka: La Metamorfosis, quien un buen día amaneció convertido en un intimidante escarabajo. La historia evolutiva ilustra las distintas transformaciones del ser humano: el Australopitecus, Homo habilis, Homo erectus, Homo sapiens neoandertalensis hasta el Homo sapiens sapiens; de esa cadena evolutiva se concluye que el ser humano desarrolló un cerebro cada vez más grande y modificó el esqueleto para caminar erguido.
Como se puede observar, los cambios operados se traducen en degeneración o en evolución. En el plano ideológico, el individuo, a veces, sufre puntos de inflexión dependiendo del contexto histórico-político y social que lo condiciona, y es arrastrado –consciente o inconscientemente– por el torrente de los acontecimientos.
Con asombro se ha asistido a la intempestiva metamorfosis “kafkiana” de quienes se autoproclamaban de “izquierda”, “progresistas”, “revolucionarios”, más aún, “guerrilleros”, calificativos que ilustrarían máxima jerarquía del lustre político. Enarbolaban con orgullo sus banderas ideológicas. Militaban en partidos o grupos, en cuyas siglas no faltaban las letras R, C o S (revolucionario, comunista, socialista), que aludían a sus esencias de paladines de las luchas populares. Se desvivían porque se les reconocieran sus dones de “seres distintos”. No perdían oportunidad para asomar sus lugares comunes: “status quo”, “explotación de la clase obrera”, “proletariado”, “plusvalía”, “lucha de clases”, “antimilitarismo”, pues eran palabras mágicas del abracadabra para convertirlos en seres superiores, dotados de la más conspicua intelectualidad.
Estos revolucionarios de oficio abundaban con extrema virulencia en las universidades públicas. Se consideraban seres empoderados, miraban con desdén a los demás que no compartían sus madrigueras políticas. En los auditorios, con fogosidad, hasta el paroxismo, estos revolucionarios progresistas denunciaban los actos de corrupción de la administración pública, la persecución política, el atropello a la libertad de expresión, la agresión e inutilidad de los grupos castrenses, a los cuales se les etiquetaba de “gorilas” y causantes de todos los males de la República.
En este ambiente impregnado de ideologías izquierdistas universitarias nos curtimos los ayunos del “materialismo histórico”. Nos enseñaron a rechazar, de plano, cualquier asomo de régimen totalitario, castrador de las libertades individuales y colectivas; a repudiar a los antidemocráticos “gorilas”.
Ahora, con estupor, observamos la transmutación de las élites revolucionarias universitarias. Se despojaron de la vestimenta ideológica progresista, sin incubar ni siquiera un estado larvario, para asumir un atuendo signado por el autoritarismo. Intempestiva e incondicionalmente, se han suscrito al camuflado “proceso revolucionario”, dicho “Socialismo del Siglo XXI”. Cual hermanitas de la caridad, son firmes creyentes de este proceso, que es la antítesis de los discursos otrora pronunciados a viva voz y sin empacho, en diversos espacios públicos y académicos. Hoy se nos convoca a amar a “Yo, el Supremo”. Según ellos, los de hoy son militares “buenos”; al parecer tardíamente descubrieron esta categoría.
Los males del pasado: el despilfarro, la corrupción, el empobrecimiento de la población, el desempleo, la encarcelación y condena de los disidentes, el secuestro de los poderes públicos, el cierre de medios de comunicación, los atropellos a las universidades públicas y privadas, ¡y pare usted de contar! son hoy vistos con beneplácito. ¡No ose criticarlos!
La metamorfosis de ablandamiento ideológico de los manidos líderes revolucionarios los conduce a rendir pleitesía a una mascarada de proceso revolucionario minado de discursos vacíos y carentes de propósitos. Se convirtieron en segundones del régimen para usufructuar un micro poder. ¡Qué triste papel!

Profa. Aminta Pérez
udistasns@gmail.com
http://udistasns.blogspot.com/

martes, 15 de junio de 2010

COMO UNA MUJER DE SONRISA ROTA



COMUNIDAD/ Titulares Nacionales
16/06/2010 – Pág. 8

Alguna vez imaginé que la Universidad de Oriente era la hermosa mujer recostada a la orilla de la playa, rodeada de una serie de riquezas, que aparece en un afiche invitando a unas ferias estudiantiles. Las riquezas de esta mujer representaban el conocimiento como fruto de las tareas que por mandato tiene la institución: docencia, investigación y extensión, tareas cónsonas con el lema: “del pueblo venimos, hacia el pueblo vamos”.
¿Qué se hace hoy en la Universidad? Se imparten clases cada semestre, absorbiendo nuevos estudiantes (“el pueblo”) que abultan la matrícula sin importar si hay espacio físico (salones, talleres y laboratorios), servicios (comedor, transporte, biblioteca) y el personal adecuado (profesores, empleados, obreros). La mayoría de los docentes universitarios nos dedicamos exclusivamente a dictar clases. Hay un desgano generalizado que percola hacia los estudiantes. El exceso de estudiantes y los presupuestos deficitarios impiden que hagamos estimulantes las actividades inherentes al quehacer docente. Las precarias condiciones de trabajo, los bajos sueldos, la imposibilidad de adquirir los libros y revistas especializadas necesarias para la actualización y la sorda incomprensión burocrática asfixian hasta a los más optimistas. Nuestros estudiantes, por su parte, son afectados por la crítica situación extramuros y el evidente desgano de los docentes. No saben a dónde van, ni de qué servirá la formación que reciben, deficiente, por demás, producto de las carencias en laboratorios, salidas de campo, salones y talleres. En fin, por la falta de recursos. Sólo el ingenio y la pasión de unos pocos pueden vencer un panorama tan negativo.
La investigación y la extensión son las hijas huérfanas de la institución. De nuevo la carencia de recursos, la excesiva burocracia y la desidia de autoridades rectorales y decanales hacen que la encomiable tarea de buscar la verdad, resolver problemas, dar soluciones o generar algún conocimiento (“al pueblo vamos”) sea ardua e ingrata.
Constantemente, en épocas de elecciones, escuchamos a los candidatos a autoridades rectorales y a decanos proclamar su amor y dedicación por la institución, sentimientos estos que no se traducen en resultados tangibles. Por ejemplo, a tres años de su inhabilitación, el edificio de Ciencias sigue igual, la biblioteca del Núcleo de Sucre aún no se inaugura, el nuevo comedor universitario es sólo un buen deseo y las “petroaulas” prometidas hace casi tres años aún están por armarse.
A final de cuentas, pareciera que para las autoridades sólo es importante que se impartan clases, que se entreguen las notas y que un semestre pase –aunque sea de forma gris– después de otro. Pareciera que todo es una fachada para ejercitar el poder, un poder vacío que antes del inicio condena al fracaso a cualquier gestión. La lucha necesaria para mantener una institución autónoma, digna y con presupuesto acorde a la labor que se realiza les es ajena. Lo único importante es el poder en sí mismo.
Hace mucho tiempo ya que la Universidad de Oriente no puede presentarse como esa mujer bonita de aquel afiche; es más bien como la mujer vestida de vivos colores que, con su sonrisa rota, mueve un pote de jugo, mendigando en los semáforos de nuestras ciudades, como hace mas de 20 años.

Prof. José Véliz
udistasns@gmail.com
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