miércoles, 27 de febrero de 2013

Cinco minutos de voluntad


UDISTAS
Región, 27-02-2013, p.14

Marlyn Cabrera*

       “El que no sabe poner su voluntad en las cosas, intenta darles algún sentido, lo cual le hace creer que hay una voluntad en ellas”, palabras sabias de Nietzsche. Con respeto y genuina curiosidad, pregunto: ¿cuál será la voluntad detrás de la decisión de reducir nuestras horas académicas de 50 a 45 minutos? Obviamente, no es la de mejorar nuestras condiciones académicas.
Esta decisión pudiera estar respondiendo a una necesidad de seguridad en el campus que lleva años desatendida. Lo cierto es que, insignificantes como puedan parecer a las mentes de los des-enterados, se trata de 5 minutos de astringente incertidumbre, ya que la voluntad detrás de ellos nos es opaca y muy probablemente también ajena.
    Muchos recibimos con sorpresa y desagrado la notificación de que se había decidido –sin someter a consulta, sin discutir (a pesar de haber mecanismos y el compromiso para ello)–  reducir nuestras horas académicas. Se puede explicar el sentido que tiene haber tomado tal decisión: la jornada laboral se reduce, la disponibilidad de salones aumenta, se puede salir más temprano en las tardes (cada vez más solitarias), en fin. Pero ¿cuál es la voluntad? Contar con el tiempo suficiente en aula para garantizar aprendizajes no es.
      Recuerdo cuando, ante la decisión –sin consulta, ni aviso– del presidente Chávez, todos debimos retrasar nuestros relojes media hora. Por la mañana tal decisión pintaba muy bien; con picardía le ganábamos 30 minutos completos al despertador. Muy bien. Pero en las tardes, veíamos a los niños de primaria esperando autobuses en las paradas oscuras donde los relojes decían que era de tarde, cuando obviamente era de noche. Llorar en la noche la alegría de la mañana por la pura intemperancia no es cosa sabia. Me recuerda a la fábula de Esopo donde al saltamontes le tocó pagar caro en invierno el verano soleado que pasó cantando. Quienes conocemos esa historia, sabemos cuál era la voluntad del saltamontes, cuál la de la hormiga y cuál la de Esopo.
            Hace poco se sugería en una reunión de profesores a la que tuve oportunidad de asistir que la solución a nuestras tardes y noches solitarias y de aprensión en la universidad era que nos asignaran la menor cantidad posible de cursos después de las cinco de la tarde. ¿El sentido? Que menos profesores estuviéramos en riesgo de ser víctimas de la delincuencia. Perfecto. Pero ¿la voluntad? Ciertamente, no que los pocos profesores y demás personas que quedáramos en el horario nocturno estuviésemos menos expuestos al crimen.
No sólo perdemos terreno por metro cuadrado entre la invasión y el deterioro. También de cinco en cinco minutos perdemos la universidad. ¿Será esa la voluntad?

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*Profa. Dpto. Idiomas Modernos UDO-Sucre

miércoles, 20 de febrero de 2013

Elogio a la violencia y la impunidad


UDISTAS
Región, 20-02-2013, p.14

Ramón Ochoa*

El 4 de febrero pasado presenciamos un intento por glorificar el golpe de estado de febrero del 1992. Se elogió la violencia y la muerte y se justificó la impunidad. Quienes celebraban parecían no percatarse de que con tal acto nos invitaban a romper con la institucionalidad y el Estado de Derecho, cuando estos no nos gustan.
Nuestros jóvenes crecen recibiendo mensajes del “gobierno revolucionario” que dejan en claro que el fin justifica los medios y, por lo tanto, las leyes, las normas y los escrúpulos morales son totalmente prescindibles. Los psicólogos sabemos que el juicio moral no surge espontáneamente sino que se forma con la contención y la educación: la convivencia requiere acuerdos y respeto a ellos, más allá de los intereses y gustos individuales. La ausencia de contención deja puerta libre a la barbarie.
Las noticias sobre hechos violentos se repiten: “genocidio en Uribana,” “violan, decapitan y juegan con la cabeza de una indigente”, “asesinan de diez tiros a anciana secuestrada”... Los medios dan cuenta de un clima generalizado de violencia. Peor aún, violencia con ensañamiento. Mientras tanto el gobiernito permanece impasible. Pareciera que las autoridades son anuentes de este clima y que se sirven del terror que la violencia genera para desestimular la participación ciudadana y producir una apatía (que escasamente nos ocupemos de sobrevivir) que termine cohonestando este estado de cosas.
Cuando en 1992 quienes hoy gobiernan irrumpieron en la vida política nacional usaron como pretexto el mandato constitucional de “...asegurar la defensa nacional, la estabilidad de las instituciones democráticas y el respeto a la Constitución y a las Leyes, cuyo acatamiento estará siempre por encima de cualquier otra obligación. Las Fuerzas Armadas Nacionales estarán siempre al servicio de la República y en ningún caso al de una persona o parcialidad política...» Alegaban, para entonces, la obligación de “…marcar el sendero que debe seguir la institución armada en aquellas circunstancias excepcionales en que la subversión del orden constitucional y legal tiene lugar desde los poderes del Estado, a través de un Ejecutivo tiránico e ilegítimo, un Legislativo sin representación popular y un Poder Judicial corrupto y corruptor.” Decían insurgir ante “…un estado de cosas como el que hoy impera en Venezuela y la desgarra, en el que los representantes de los poderes del Estado violan de manera diaria y sistemática, la Constitución y las Leyes que juraron cumplir y hacer cumplir.”  (Citas extraídas del Comunicado del MBR-200 del 24 de junio de 1992).
Evidentemente los que antes escribieron, tan claramente, pervirtieron sus ideales, ahora en funciones de gobierno, y nos han colocado en esta especie de callejón sin salida donde la resistencia activa y la rebeldía son nuestras únicas opciones para enfrentar el caos reinante.

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*Prof. Dpto. Psicología e Investigac. Educativa UDO-Sucre

miércoles, 13 de febrero de 2013

¿Por cuatro lochas?


UDISTAS
Región, 13-02-2013, p. 14

Rafael Rasse*

Quienes nos hemos mantenido en la lucha social y gremial como un medio de ofrecer nuestros esfuerzos para lograr mejores condiciones de trabajo y calidad de vida, no podemos dejar pasar por alto lo que adelanta el gobierno nacional, algunas organizaciones sindicales y ciertos representantes gremiales de afinidad oficialista en lo que se ha conocido como la “Convención Colectiva de Trabajo del Sector Universitario”.
Difícilmente una discusión de una Contratación Colectiva de Trabajo, que se autopropone como única, válida para todos los trabajadores universitarios (obreros, empleados y profesores), puede emerger  sólo de los sindicatos afectos al gobierno de turno.  Cuando se insiste en actuar de esa forma hegemónica se está desconociendo al conjunto de federaciones y asociaciones que agrupan a la mayoría de los trabajadores del sector universitario, como ocurre con los que en el documento se denominan “trabajadores docentes”, es decir, los que seguimos reconociéndonos como “profesores universitarios”.
Por lo que se lee al respecto, la inclusión poco les importa. En el caso del Núcleo de Sucre podríamos decir que quienes han sido llamados a reuniones en los despachos ministeriales para redactar la “Convención Colectiva de Trabajo del Sector Universitario” no han promovido su discusión en los espacios de la comunidad universitaria. Prueba de que no les importan los trabajadores es que con ellos no se debaten las propuestas.
 Todo esto tiene un fin político que no es otro que el de intervenir las luchas sindicales y gremiales para ejercer control sobre los sectores de trabajadores universitarios, con la intención última de liquidar sindicatos y colegios profesionales que les demanden mejores condiciones de trabajo. Así pues, la fulana Convención Colectiva negaría las conquistas laborales adquiridas y constituiría una forma de desprenderse de las Normas de Homologación,
Seguramente la oferta puede sonar muy tentadora, muy al estilo de los ofrecimientos del gobierno a los trabajadores de SIDOR, cuando se comprometió a convertir los pasivos laborales en capital accionario y luego los echó en saco roto. Nos preguntamos por qué si el gobierno no ha podido honrar compromisos con otros sindicatos y gremios y no nos ha cancelado las obligaciones, vencidas desde hace varios años, por las Normas de Homologación a los universitarios, tenemos que creer que con este invento sí nos van a cumplir.
 Mirémonos en las experiencias ocurridas en otros casos donde se han eliminado los interlocutores sindicales o gremiales legítimos: ¿cuáles contratos colectivos se han firmado y respetado? Con estas reflexiones les invito a defender, a no vender por cuatro lochas, nuestros derechos y reivindicaciones, como debemos defender la universidad autónoma y democrática.

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*Prof. Dpto. Psicología e Investigac. Educativa UDO-Sucre


miércoles, 30 de enero de 2013

¡Hay una universidad posible!


UDISTAS
Región, 30-01-2013, p.14


Prof. Reinaldo Cardoza Figueroa*

Por avatares del destino, el año pasado terminé siendo profesor a dedicación exclusiva en la UDO-Sucre/Carúpano. Después –claro está– de la ardua experiencia que significa un Concurso por Oposición. Muchos de mis cercanos me insistieron en que era una locura, pues la UDO-Carúpano no era más que una “escuelita”, un “liceo”. Yo les respondía, medio en broma, arguyendo que la idea no me desagradaba del todo, pues ya llevaba cuatro años dando traspiés en los liceos de Cumaná, Araya y Cumanacoa como supervisor de Práctica Docente; aunque entendía perfectamente el sentido peyorativo de los epítetos con los que se calificaba a esta sede de nuestra Universidad. Así que dispuesto a cambiar de dirección de habitación y de trabajo, di otro rumbo a mi vida.
La primera impresión que tuve fue que, en efecto, se trataba de una escuela o un liceo en sentido literal. Me explico: la sede de Carúpano funciona en una estructura construida para un liceo o una escuela, y con el transcurrir de los años la infraestructura ha ido creciendo. Gracias a mi formación como artesano de la madera suelo ser un observador detallista y, así, de significativos detalles, poco a poco, se fueron poblando mis días en la UDO-Carúpano; estaba ante un verdadero hallazgo, al menos para este udista demasiado (mal) acostumbrado –por experiencia y padecimiento– a la desidia institucional. Estaban, por ejemplo, los pasillos y jardines limpios, las aseadoras que trabajaban todos los mediodías dejando impecables los baños y salones, las clases hasta las ocho de la noche, el transporte que funciona y los aires acondicionados que son reparados en menos de veinticuatro horas, los superiores que te tratan con respeto, los compañeros de trabajo amables y receptivos… Y así otras tantas cosas que he ido percibiendo cada vez que acudo a la sede, que me hacen pensar que no estoy en la Universidad de Oriente, que ésta no es la misma institución enferma en la que llevo trabajando más de cuatro años. O, por el contrario, que la Universidad posible existe, no en otra región o en el exterior: la tenemos en Carúpano. Una que no se ha contaminado y que ha logrado mantenerse alejada de ciertos vicios que se han normalizado en otras sedes y núcleos. Sin embargo, aún nos falta reflexión profunda sobre lo que somos como cuerpo; no tenemos conciencia de su organicidad.
Son detalles, es verdad, y quizá exagero. Pero cada día mi convicción es mayor; al menos esos detalles fortalecen mi percepción, me hacen recobrar la fe en una Universidad real, nada utópica. Eso es reconfortante.

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* Prof. Licenciatura en Educación Integral UDO-Sucre / Carúpano

miércoles, 23 de enero de 2013

Cerebros perdidos



UDISTAS
Región, 23-01-2013, p. 14

Willians Barreto*

En julio del 2011, en la soledad de una habitación de hotel en Bogotá, preparando los detalles finales de un curso, llamaron a la puerta, era mi hija, médico residente –estudiante de posgrado- del servicio de pediatría en el HUAPA de Cumaná. Ella, de vacaciones, se fue en llanto al verme en el umbral. Al pacientico -como le gusta decir- mostrándolo en el  avatar de su smartphone, recién le habían extraído la mitad de la materia gris, sobreviviendo a la operación. Hoy es todo un campeón recuperando funciones. La medicina en nuestro país no es la mejor del mundo, pero para la madre de este niño es lo máximo.
Los posgrados del país, y los de medicina no son la excepción, están quedando desiertos. Es una consecuencia del desprecio al talento nacional como política de Estado. La pérdida de materia gris tiene muchas expresiones. Hay quienes no resisten la descomposición social, los que no logran conectar con un puesto de trabajo, los que son víctimas de la delincuencia, del azar y de sí mismos. Y los que viven un exilio en su país.
En enero del 2013, el Gobernador, Director de Puertos, Director de Salud, Físico de profesión, Político de oficio, ofrece audiencias a diario, sentado en un banco de la plaza Bolívar. Mucha gente puede estar feliz con esta ominosa excentricidad, pero otra gente  puede sentir una vergonzosa humillación.
Y el caso es que el servicio pediátrico del HUAPA de Cumaná está quedando sin residentes. Tres médicos, que están por cumplir con el Artículo 8 de la Ley del Ejercicio de la Medicina, referente al servicio rural, han solicitado permiso para el ingreso al Posgrado en Pediatría de la UDO, operativo en el HUAPA. La autorización puede estar en manos del Director de Salud. Por iniciativa propia, una comisión del servicio de residentes fue a la plaza Bolívar y, aunque en cumplimiento de sus funciones y de guardia, la obligaron a hacer una larga cola como parte de un pueblo postrado y sumiso. Cuando llegó el turno la comisión explicó el caso de los tres médicos rurales y el caso fue negado sin anestesia, con un argumento insólito. El Director de Salud no quiere ser copartícipe de la posible mala praxis de esos tres médicos rurales. ¿Será que el Director de Salud duerme tranquilo con la praxis de los médicos comunitarios venezolanos y de los médicos cubanos que sin hacer reválida ejercen en nuestro país, en flagrante violación de la Ley del Ejercicio de la Medicina?
Hay cerebros sumidos en la cotidianidad, aceptando la absurda realidad, dejándose arrastrar por ella.
Hay un cerebro desconfiado, solo, con la sonrisa sombría que depara a veces la soberbia del poder, seco, perdido para siempre.

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*Prof. Centro de Física Fundamental-ULA

miércoles, 16 de enero de 2013

Silencio sobrevenido


UDISTAS
Región, 16-01-2013, p. 14

José Marcano Carpintero*

“Decir cuando conviene decir, callar cuando sea necesario callar”: un apotegma digno de ser analizado a la luz de algunos acontecimientos que han devenido en la inquietante situación política del país. Durante los últimos treinta y tantos días hemos sido testigos de un espeluznante bombardeo de opiniones, manifestaciones de solidaridad, interpretaciones jurídicas y silencios oficiales, pero lo peor en el clima político es la incertidumbre que se ha ido adueñando del país en razón de una circunstancia sobrevenida, de la que se dice poco y se calla mucho.
En este punto la causa sobrevenida toma ribetes abstractos, misteriosos, aun cuando pareciera estar muy clara. “Sobrevenido” es todo acontecimiento que no haya sido contemplado en un cronograma o plan; “sobrevenido” es aquello que surge imprevisto y, por tanto, obsta el desarrollo de los planes que se establecen siguiendo pautas estandarizadas. Lo sobrevenido tiene que ver con una situación desconocida a la hora de asumir un compromiso, un rol o simplemente una posición u opinión que a la postre puede interferir de manera abrupta sobre las acciones de una persona o grupo de personas.
También, en el mismo contexto, aparecen dos nociones excluyentes: “falta temporal” y “falta absoluta”. La pregunta que surge es: ¿qué implica una falta? Tomemos dos términos elementales para definirla: ausencia, carencia. Sin medias tintas. Una falta nunca podría ser relativa porque asumiríamos como válido un término lógicamente imposible, “semipresencia”. En este sentido, la lógica me dice que “estoy” (presencia) o que “no estoy” (ausencia); los dos términos me obligan a pensar rigurosamente en un sentido temporal o permanente. En este punto debo resumir: el no darse en el tiempo previsto la juramentación del Primer Mandatario Nacional, por una causa sobrevenida, es decir, un imprevisto, demandaría obligatoriamente una declaración de falta temporal o de falta absoluta; sin dejar espacio para una interpretación/declaración tan indefinida como la que atizan los más altos funcionarios gubernamentales, que genera por sí sola una suerte de limbo constitucional: El Presidente está pero no está.
Si se hubiese hablado cuando era necesario hablar, aun saltando por encima de las conveniencias políticas y de poder, hoy otro gallo cantaría: no sería necesario callar cuando menos se debe callar. El silencio deja abiertas las compuertas del dique incontenible que es el rumor, lo que desencadena medidas de censura y autocensura y el despliegue de estrategias de interpretación jurídica que resultan capciosas al ojo de los analistas,  que abundan en circunstancias tan confusas. Lo más preocupante son las fisuras jurídicas que aparecen en el blindaje del aparato de Estado, el mismo que hasta hace poco parecía sólido e inquebrantable, sólo por no asumir a tiempo lo que hoy se pretende “sobrevenido”.
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* Prof. Dpto. Currículo y Admón. Educativa UDO-Sucre

La Universidad y las semillas del odio


Región 09-01-2013, p.14


Adriana Cabrera*
Al momento de escribir este artículo ya fue electa la “nueva” directiva de la Asamblea Nacional. Ha sido particularmente difícil escribir con tanto ruido de fondo, y con el añadido de que, al momento de su publicación, será la víspera de la juramentación presidencial. En medio de todo, pues, la pregunta central es obvia, pero muy difícil de responder: ¿cuál es el papel que le toca cumplir a la Universidad en esta hora triste, pervertida por aves de rapiña desde los podios del poder?
En el hemiciclo se instaló una arena para la diseminación del odio, para el comercio del poder, la inflamación del resentimiento. Esta vez no hay gobiernos pasados que culpar. La muerte hace su primer trabajo: mostrarnos como somos, materia efímera, y en muchos casos, de naturaleza cobarde y soberbia. Y para ello, la verdad, no es necesario que haya ocurrido ninguna muerte. Sin dejarnos tentar por especulaciones (es imperativo exigir información seria y no este tinglado de contradicciones montado por voceros oficiales), hay una realidad que no ofrece dudas: quien debería ejercer el poder no lo está ejerciendo y permanece mudo en una isla extranjera con la anuencia de quienes tienen el deber de cuidar con celo y dignidad nuestra soberanía —empezando por el mismo paciente. La herencia que ha dejado es un fruto envenenado.
En esta hora vacilante, ¿qué puede la Universidad? ¿Puede algo la fe en el pensamiento, en la consolidación de la racionalidad? La universidad es, en esencia, trascendente. No puede realizar su labor sino sobre la base del pensamiento abierto y democrático, a través del ánimo libre de la investigación, a través del cultivo de las cosas que crecen, que son rectas y construyen la belleza. La Universidad es contraria a la violencia, al espíritu del odio y, fiel a su papel necesario, debe oponerse al florecimiento de todo mal.
El ratificado presidente de la Asamblea expresó que la oposición no tendría representación en la directiva, interpretando a su modo torcido la voluntad expresada por el electorado el pasado 7 de octubre. Interpretó como él bien sabe hacer, quebrando, manipulando, convirtiendo preferencia en discriminación, exclusión y aniquilamiento. En su juramentación usó el calificativo de hermosa para referirse a la revolución, con la mano derecha sobre la Constitución que juraba respetar mientras con la izquierda le torcía el cuello. Vociferó que el permiso del candidato electo se extendería hasta que su salud se restableciera, pisoteando cualquier plazo constitucional (y “chito, a callar todos”). Escupió su juramento y ejecutó la pretendida hermosura de la revolución con un salivazo certero de odio. Amenazando. Sonriendo por lo bajo. Es la hora sórdida que se cierne sobre la nación entera. La Universidad debe poner lo mejor de sí para que las semillas del odio no prosperen.
Que nos sea leve.
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* Profa. Dpto. Filosofía y Letras UDO-Sucre

viernes, 4 de enero de 2013

Esperanza Cumanagoto



Región, 03-01-2013, p.14

Willians Barreto*

Gracias a la generosidad de José Mendoza y Diego Subero, fuimos a Mochima en peñero. En navidades, desde el barrio Cumanagoto fuimos al mercado por bastimento, remontando fácil el Manzanares. Ya de vuelta, a estribor, Cheché me dijo cuando divisamos el Núcleo, a sotavento y mar adentro -allá está tu UDO. Entre la brisa, el agua, el sol y la sal, veía al Cerro, Coloreado.
En efecto, detrás de la montaña estaba el mar. Sólo hacía falta un pensamiento fuerte. Hacen falta más de veinticuatro horas para llegar por tierra desde Mérida a la alcabala, en el límite con Sucre. Y la primera impresión es que alguien se ríe a sus anchas  para no parecerse más a una Mona Lisa. La imaginación hace ver ahora a una vieja zalamera, desdentada, burlándose. Uno entiende kilómetros más arriba por qué. Vota por el corazón (enfermo) de la patria para continuar la obra (de autodestrucción). Una carretera hundiéndose. Y la gente vota (y la gente no vota). Vota para seguir desangrando al Estado y a la Universidad, ahora desde la gobernación y a punta de hojillas. Y la gente vota (y la gente no vota). Y la gente vota (y la gente no vota). Pasándose la mano por la frente en actitud de cansancio, expresando con cinismo que ahora le han dejado “este” caramelito entre manos. Más abyección, imposible.
Mucha basura a la orilla del río, a la orilla de la playa y a la orilla del poder.
También percibo esperanza universitaria cuando veo el esfuerzo a largo plazo de Cheché y Diego. Esperanza Cumanagoto, nobleza también. Sangre azul de mar profundo. Que sólo admiten la superación personal mediante el trabajo y el conocimiento. Veo a Cheché patentando dispositivos electrónicos, a Diego haciendo un doctorado en nanotecnología, allende los mares. Ellos no se han doblegado, como Udistas de pura cepa y estirpe.
En un nuevo año, con esperanzas renovadas, tenemos que seguir resistiendo los embates de un poder troglo-retro-abusivo. Antiuniversitario y antiautonomista. Tenemos que resistir lo que al final denominan revolución militar. Sin callar, reflexionando, criticando, haciendo.
Más temprano que tarde, en esto se basa una esperanza bien fundada, veo a Udistas tomando el timón del Núcleo. Cheché y Diego vienen del pueblo y a éste ellos han de ir. Ahora más que nunca.
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Prof. Centro de Física Fundamental-ULA
@wobarreto

jueves, 27 de diciembre de 2012

La esperanza y la universidad

Región, 27-12-2012, p.14


Graciela Acevedo*
La universidad mantiene vivo el germen del conocimiento humano. Su papel es acercar la esperanza de un mundo mejor, de un mundo más humano; alejado de la fuerza de las armas, de la fuerza abusiva del poder político y del miedo que provocan las guerras, calamidades que han sido tan constantes en toda la historia de la humanidad. El papel de la universidad es convertir el producto de la inventiva humana, la herencia cultural, en una fuerza poderosísima para construir el camino de regreso de esa riqueza a sus creadores. Lo dice muy bien el lema de la Universidad de Oriente, por ejemplo.
Por ello es necesario conocer los ideales universitarios, sus principios universalistas, tener una idea de las potencialidades inmensas que contienen y es imprescindible pensar y defender  la universidad. En este sentido, los profesores universitarios que hacemos vida en el grupo Udistas nos hemos mantenido empeñados en reflexionarla para reencontrar las funciones de actualización de las ciencias en general, de investigación social, de bienestar familiar, de modelaje ambiental, interpersonal, intelectual, ético, de tolerancia, de inventiva,  de progreso… que una vez nuestra alma mater cumplió.
Cuando no tengamos que luchar contra el cansancio, la decepción; cuando las luchas no sean tan desiguales, con certeza podríamos pensar en concretar planes, sueños para nuestras ciudades y pueblos. Abordaríamos tareas no menos importantes, como aquellas de lograr que los políticos de turno nos escuchen para viabilizar planes que puedan convertir, por ejemplo, esta amada ciudad en un emblema del turismo, en un rincón del romanticismo,  para convivir en el recuerdo de Salmerón, de Andrés Eloy, de Ramos Sucre… de Luis Mariano, y para proyectar una forma de vivir, de vivir bien, con las riquezas con las que la naturaleza nos privilegió.
En el conocimiento, en el lugar privilegiado del conocimiento las actitudes  cotidianas: los miedos de la madre, la angustia de los jóvenes, la imposibilidad de los más pobres, la impotencia frente a la violencia, la delincuencia… -y las consecuencias que estas desatan- se convierten en actitudes teóricas, recibiendo de la realidad las claves de su interpretación para iniciar, así, la solución de conflictos.
Desde ese lugar privilegiado, el lugar de la universidad, es posible y es necesario, alargar la mirada hacia el futuro, reconociendo el presente en toda su complejidad, para no dejarnos llevar por la inmediatez y mantener el norte.
El papel de la universidad en situaciones como la que vivimos podría resumirse, sólo, a impedir que el cansancio se instale.
Custodiar las perspectivas de largo plazo por encima de las angustias naturales que sufrimos como personas de carne y hueso, sería la manera en la que la universidad sirva al cambio que hoy necesitamos y buscamos.
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* Profa. Dpto. Sociología UDO-Sucre

Mucha alharaca y poca acción


Región, 19-12-2012, p.14
                                                                                                            Orángel Morey Lezama*
Para sopesar la actual situación de las universidades venezolanas es importante considerar, como parte del análisis, las características de su infraestructura. En el caso del Núcleo de Sucre de la UDO para nadie es inocultable la triste y desconsoladora situación de su infraestructura; caracterizada por el abandono, descuido e inercia, quienes convivimos en este recinto universitario somos testigos de sus ruinas y de la indolencia de las autoridades y del gobierno que lo que más han producido en los últimos años como obra nueva son unas retardadas “petroaulas” que, además de afear el paisaje y no armonizar con su arquitectura, son inhabitables, según ciertos rumores, por ser nocivas a la salud.
Al hilo de este razonamiento, es bueno contrastar, aunque sea con pequeños detalles, a fin de demostrar la ineficacia e ineptitud del gobierno a la hora de resolver los aspectos fundamentales del país y de las universidades venezolanas. Como ejemplo para comparar con el “aporte” de las petroaulas, y sobre todo ahora que a través del discurso oficial se ha tratado de estigmatizar los gobiernos anteriores al presente como malos e improductivos, podemos citar la construcción del edificio Oceanográfico de Venezuela en los años sesenta, que, por ejemplo, incluía ascensores y otras particularidades en un momento en que en la ciudad aún no contaba con edificios de esas características. Si a ello sumamos las condiciones laborales de sus trabajadores, destaca el significado de Universidad anteriormente.
Además, habría que considerar la importancia de la renta petrolera de estos tiempos que, curiosamente, ha dado hasta para construir hospitales en universidades extranjeras con inversiones sorprendentes. Mientras, de este lado, en los últimos diez años hemos esperado en la UDO-Sucre el cumplimiento de algunas promesas que nos hiciera el actual gobierno, como la culminación de la biblioteca y la construcción de un nuevo comedor, que hasta piedra fundacional ha tenido. Por lo que sin dudar uno sostiene que han sido, hasta ahora, mucha alharaca y poca acción.
Por cierto, y ya para concluir, recientemente en el estado Sucre ha sido electo como gobernador un profesor de esta casa de estudio, fracasado ministro de educación superior que no supo aportar nada a nuestra universidad. Hoy tiene retos mayores pues se espera de él que corrija los entuertos que ellos mismos han ocasionado. Si, como se ve, mantiene el mismo equipo no hay ninguna esperanza; su gobierno será como su paso por el ministerio o la Asamblea Nacional, de mucha alharaca y poca acción. Han ganado nuevamente; por el bien de todos deseamos mucho éxito en su gestión, de lo contrario ¿cuáles serán las excusas?
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*Prof. Dpto. Filosofía y Letras UDO-Sucre